Opinión Nacional

Hambre de huelga

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del Cielo tiene su hora” (Eclesiastés, 3:1).

Cuando los líderes hacen lo correcto en el momento oportuno, el éxito es inevitable. Las personas, los principios y los procesos convergen para producir un impacto increíble. Los resultados tocan no sólo al líder sino también a los seguidores y a toda la población.

Ese es el principio que aplicaron nuestros líderes estudiantiles para levantar la huelga de hambre que se desarrollaba ante la sede de la OEA, en Caracas. Tras 155 horas de ayuno alcanzaron logros sin precedentes en estos casi once años de gobierno chavista: la liberación del estudiante Julio César Rivas; la declaración del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, instando a nuestro gobierno a permitir el ingreso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para una inspección; el compromiso institucional de ser recibidos por los integrantes de la mencionada comisión para escuchar sus denuncias sobre el creciente número de presos políticos y las graves y reiteradas violaciones de derechos humanos esenciales en Venezuela. Asimismo, destaca el abatimiento a la indiferencia y la apatía de los ciudadanos, que luego de este sacrificio estudiantil en favor de todos, hizo que volteáramos nuestra mirada hacia el huracán autoritario que nos acogota, para generar mayor sentido del compromiso y del esfuerzo de todos los venezolanos como salida a nuestra crisis.

Cuando el líder adecuado y el momento oportuno convergen, ocurren cosas increíbles. El célebre primer ministro inglés Winston Churchill, lo describe así: «Llega un momento especial en la vida de cada uno, momento para el cual la persona ha nacido. Esa oportunidad especial, cuando la aprovecha, cumplirá su misión (…) esa misión para la cual ha sido dotado en forma única. En ese momento halla la grandeza. Es su mejor hora…». Leer la situación y saber qué hacer no es suficiente para tener éxito como líder. Sólo la acción correcta en el momento oportuno traerá el éxito. Todo lo demás tiene un precio muy elevado.

Mantener la huelga de hambre estudiantil, extendida ya por todo el territorio nacional, era un despropósito pues los objetivos trazados inicialmente por los estudiantes ya se habían alcanzado. Todos los otros objetivos que fueron emergiendo en el fragor de la lucha son válidos y legítimos pero inalcanzables a corto plazo, lo que pone a riesgo la vida de nuestros jóvenes. Un riesgo innecesario pues los necesitamos a todos sanos y salvos.

No hay otra: levantar la huelga de hambre estudiantil. Esa es la acción correcta en el tiempo correcto, lo que implica un éxito. Esa sabia decisión muestra un nuevo liderazgo muy preciso, con un claro perfil: entendimiento, madurez, confianza, determinación, experiencia, intuición y preparación. ¡Enhorabuena!
A pesar de que el sentido común indicaba que la huelga de hambre de los estudiantes debía ser levantada porque ya había alcanzado con éxito las metas trazadas; algunos otros, pocos por cierto, clamaban que se mantuviera la huelga, aun a costa de la vida de los huelguistas, tan sólo para procurarse mayor exposición mediática y algún pírrico dividendo político. Esos otros no tenían ni el rumbo ni el norte claros. Sólo tenían hambre de huelga, en espera del Apocalipsis político final, secretamente revelado a algunos pocos. Por supuesto, se trata de la huelga de hambre de los otros. De suyo, nada.

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