Opinión Nacional

Hannah Arendt y la reforma constitucional

Releyendo las explicaciones de la historia en estos momentos inusitados, encontramos que algunos ejemplos de la “dominación total” pudieran ser útiles referencias para entender los acontecimientos actuales, especialmente aquellos aspectos de la “reforma” que apuntan hacia un eventual totalitarismo.

Referimos así a una reflexión de Arendt (en “Los orígenes del totalitarismo”, 1951) cuando dice:

Allí donde se alzó el poder desarrolló instituciones políticas enteramente nuevas y destruyó todas las instituciones sociales, legales y políticas del país. Sea cual fuere la tradición específicamente nacional o la fuente espiritual especifica de su ideología, el Gobierno totalitario siempre transformó a las clases en masas, suplantó el sistema de partidos no por la dictadura de un partido, sino por el movimiento de masas, desplazó el centro del poder del Ejército a la Policía, y estableció una política exterior abiertamente encaminada a la dominación mundial…allí donde estos sistemas se volvieron totalmente totalitarios comenzaron a operar según un sistema de valores tan radicalmente diferente de todos los demás que ninguna de nuestras categorías tradicionales legales, morales o utilitarias conforme al sentido común pueden ya ayudarnos a entendernos con ellos, o juzgar o predecir el uso de sus acciones…”

No puede uno dejar de pensar en las algunas de las alteraciones institucionales que trata de imponer la llamada “reforma” – que aparecen listadas arriba, más las alteraciones en la geografía regional por el cambio en el ordenamiento territorial, las responsabilidades de las comunidades en los servicios públicos (¿quién fijará las tarifas, o serán gratis? – quién velará por la calidad del servicio?) y tantas otras que han sido señaladas, para no mencionar las más atrabilarias.

El problema con las instituciones “enteramente nuevas” es que al servir de conejillos de indias –a menos que estén orientadas por un Poder Divino— o alguien Ungido– corren el riesgo de ser completos fracasos por ponerse a inventar para controlar al “Poder Popular” por encima de toda sospecha y de toda lógica económica.

Y por olvidar que el gran y principal motor de la especie humana, la codicia, base de la supervivencia, es el mecanismo a canalizar para la generación del bienestar común, preferiblemente por intermedio de la empresa privada bien regulada, o de algunas empresas públicas bien administradas.

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