Opinión Nacional

Hasta la democracia siempre

Los resultados del pasado domingo son prueba de que los venezolanos no se rinden frente alautoritarismo que se estructuró durante estos 14 años a base de popularidad, presiones y ventajismos. No hay dudas de que el proyecto chavista se aprovechó de la tradición democrática y, electo por los votos en 1998, el gobierno fue desarrollando un astuto sistema autoritario como no había conocido el país desde 1958.

De las recordadas vivezas de los partidos en otros tiempos se pasó a lo que podemos considerar el malandraje electoral. La maquinaria del Estado a la orden de un partido. Lo fueron haciendo bajo el poder del carismático líder y los venezolanos, no sin una cuota de irresponsabilidad, lo fuimos dejando crecer. Así con el tiempo, se oficializó un sistema de ventajas tan denigrante que en esta última ocasión permitió, entre muchas otras cosas, que en Venezolana de Televisión el balance de la presencia de los dos candidatos fuese de 23 minutos contra 70 horas, en una medición realizada durante los 11 días de campaña. Esta desmesura no se permite en ningún país democrático del mundo. Lo que obliga a la ciudadanía a no comportarse en el futuro como lo ha venido haciendo.

Hay que enfocarse en desmontar el andamiaje de abusos y lo lógico y realista es comenzar por espacios emblemáticos. Acaso los diputados de oposición de la Asamblea Nacional no son los primeros estafados, cuando ellos mismos no tienen oportunidad para opinar libremente en la programación del canal ANTV durante la transmisión regular del canal.

En qué normativa televisiva se explicita que 60 y tantos diputados, que representan la mitad del país, no puedan tener participación en el canal. Estos diputados, tan diputados como los oficialistas, sólo aparecen en pantalla durante los debates de la Asamblea, y eso cuando al director de la trasmisión le venga en gana. Los diputados de oposición están vetados en su propia casa. Quizás este es uno de los ejemplos más explícitos y descarados del autoritarismo que gobierna. Pero también es uno de los ejemplos de que las fuerzas democráticas, comenzando por los mismos diputados, deberán aplicarse a revertir.

No hay duda, este fue un juego mal arbitrado, muy mal arbitrado, al que tuvimos que concurrir aun a sabiendas del riesgo que corríamos. Porque las condiciones electorales en las autocracias las impone el gobierno, y asumirlas no significa convalidarlas sino enfrentarlas con el arma que tenemos, nuestra convicción democrática y nuestro voto. Pero no hay que esperar nuevas elecciones para pronunciarnos en contra de los abusos, la manipulación y el ventajismo.

Desde hoy, como lo hizo el candidato Capriles este domingo, tenemos que activarnos en contra de estosdesafueros que se han hecho regulares para que cuando lleguen las próximas elecciones esto haya cambiado. El liderazgo comprometido es la primera señal de que vienen nuevos y mejores tiempos. Vendrán cambios. Siete millones y medio de venezolanos no se han rendido.

Hasta la democracia siempre.

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