Opinión Nacional

Holocausto constitucional

El reciente escrito de Luis Ugalde s.j. en que equipara, a los efectos
de evaluar el resultado del referéndum para el cambio constitucional, al
voto NO con la abstención del voto como vectores de opinión que suman
por igual al rechazo de ese cambio, pone en evidencia la oportunidad
crucial de la Venezuela pro-democracia en sus afanes por detener al
tanque totalitarista del régimen chavista.

Si el asunto se reduce a que es igual votar NO que abstenerse a los
fines de manifestar el rechazo, el sentido que tiene su esfuerzo para
quienes se afanan en movilizar a la gente a votar y trabajar para
intentar cuidar los votos en las mesas de votación queda muy limitado y
pierde proyección. Más sencillo y económico sería irse directamente a la
abstención y reservar recursos para emprender acciones después.

Ugalde no se pronuncia por el voto o la abstención. Su planteamiento
apunta al «día después», evocando por el título aquel film de los
ochenta que abordaba en forma por demás conmovedora el drama que le toca
a la gente común de los «states» para sobrevivir si acaso
civilizadamente después del holocausto nuclear, que se perpetra enfrente
del espectador y en el lugar de los protagonistas, sin que nadie pueda
hacer nada al respecto.

En cierta forma esta evocación despierta agudamente el significado del
próximo cambio constitucional chavista como un holocausto nuclear para
la democracia venezolana y para quienes aspiran reinstalar un régimen de
libertades.

El planteamiento de Ugalde es muy poderoso. En la superficie parece sólo
decir que es igual que la gente vote o se abstenga para cuantificar un
rechazo mayoritario al proyecto de constitución, y que a los dirigentes
que lo adversan les toca desde ya prepararse para lo viene «después» de
que el régimen gane «gracias a la abstención».

En realidad, según lo veo, el mensaje implícito, subliminal si se
quiere, es más fuerte y terrible. Está diciendo que habrá que encararse
con las cenizas de una forma de vida arrasada por la voluntad de un tipo
y su camarilla que fueron permisados en anteriores momentos, que no
sirve detallar ahora, para cometer los desafueros que hemos padecido y
los nuevos que vienen.

Realmente ignoro si esto lo quiso también decir Ugalde. Por un lado,
porque puede colegirse que su intención es manifestarle a las cúpulas de
oposición, organizada y no organizada ? como las ha cateogrizado Freddy
Muñoz en su metodología de análisis ? que si ya no hay nada que hacer
para que se unan en una sola dirección y propósito antes del referéndum,
deben, están obligadas, forzadas, determinadas a hacerlo, después.

Por el otro, porque también puede deducirse, que el llamado implícito es
a evitar la ocurrencia del holocausto, lo cual seguramente es menos
costoso que recuperarse del mismo después de consumado. Es decir,
prepararse a impedir que se realice el dicho referéndum, porque después
de que se aprietan los botones rojos de «launch» (disparar), los misiles
no pueden ser detenidos y la destrucción posterior se hace inevitable.

En cierta forma esto forma parte de lo que ha planteado Hermann
Escarrá, a pesar de que gente tan calificada como Carlos Raúl Hernández
le endilgue epítetos bastante ofensivos para descalificar su postura.

Porque sabiendo de antemano las consecuencias de la destrucción
«nuclear» y viendo que la misma se aproxima por decisiones impuestas
desde el poder, no es descabellado ni gafedad, ni siquiera puede ser
considerado infantil o intrascendente, tratar de detener, hacer el
esfuerzo, poner lo máximo y lo mejor, para impedir que se aprieten los
botones rojos del lanzamiento.

Todo lo contrario. Luce racional y justificado, imprescindible y
necesario, esencial y urgente, detener la marcha al holocausto. Por la
simple razón de que nada mejor vendrá después.

¿Es posible esto? Quizá no y quizá sí. Si se logra detener, se habrá
salvado mucho, muchísimo. Lo cual no significa que la lucha se termine
allí; continúa sobre bases políticas y arguméntales en mi opinión más
fuertes. Si no, los costos humanos, sociales y materiales, serán
inmensos, inconmensurables por anticipado. Y habrá que seguir la lucha
de todas formas, aunque los votantes habrán debilitado, por la
aceptación tácita del mecanismo de consulta, un argumento sustancial, de
fondo y permanente, que es el rechazo de plano al «procedimiento»
inconstitucional elegido.

Debo reconocer y agradecer al padre Ugalde por poner en blanco y negro
algunos de sus pensamientos sobre el tema. Me ha motivado a reescribir
muchos borradores previos que carecían, a mi juicio, de otra utilidad
que seguir dándole vueltas al mismo círculo de razonamientos estériles
en que con facilidad caemos quienes rechazamos esta pesadilla política y
social. Su escrito ha echado nueva luz sobre un tema antes muy
obscurecido a los ojos míos y de muchos.

En este sentido creo que puede contribuirse a la solidez intelectual y
política de las argumentaciones sobre las cuestiones que están en juego.

El tema medular es el rechazo al referéndum, no la abstención y menos
aún la votación. Con el argumento de la inconstitucionalidad del
procedimiento aplicado, respaldado por lo mejor del cacumen
constitucional del país y por amplios sectores políticos que incluyen a
chavistas y no, lo que haga el régimen después que lo celebre, si lo
hace, tendrá que encararse con su propia trampa e irremediablemente
quedará continuamente a la defensiva. Como ha escrito Diego Urbaneja, de
allí en adelante la Constitución vale cero.

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