Opinión Nacional

Homilía en el funeral Carlos Andrés Pérez

SALUDO INICIAL

Buenos días y bienvenidos. La muerte y la despedida de los amigos nos llevan al agradecimiento por lo que han sido y siguen siendo para nosotros y a profundizar en el misterio de nuestra vida y su sentido.

Aquí nos encontramos muchos y muy diversos hombres y mujeres, unidos en oración de acción de gracias para despedir al ex presidente Carlos Andrés Pérez y acompañar a sus familiares. Expresamos nuestra gratitud y vida en la Eucaristía católica que es entrega de la vida de Jesús por amor y su triunfo sobre la muerte.

Es un momento de CONCIENCIA, DE REFLEXIÓN ESPIRITUAL Y DE ORACIÓN.

Los invito a que cada uno, desde su identidad, conciencia y creencias propias, nos dispongamos espiritualmente a recibir las luces y la fortaleza espiritual para nuestras vidas y para el compromiso público por una Venezuela donde hombres y mujeres sueñan, sufren y luchan para hacer realidad entre nosotros la vida digna y la democracia en libertad.

Entremos en nuestra conciencia, pidamos perdón a Dios por nuestras faltas y omisiones, y sobre todo pidamos que renueve nuestra voluntad de bien y nuestra esperanza.

II LECTURAS BÍBLICAS:

-1ª carta de Juan 3, 14-18

-Salmo 22, El Señor es mi pastor, nada me falta

-Evangelio, Mateo 25, 31-40

III HOMILÍA

Queridos hermanos. Todos queremos ganar la vida, acertar en ella y no gastarla inútilmente. Por eso alguna vez nos hacemos la pregunta. ¿Cómo sabemos que acertamos, que hemos pasado de la muerte a la vida, a esa vida que no perece, a esa vida que es más fuerte que la muerte y que hoy en esta despedida celebramos?

En la carta que acabamos de leer, el anciano Juan y sus discípulos nos dicen con claridad: El amor es la vida y dar la vida por otro es la mayor manifestación de amor. No amor de palabra, sino de obra y de verdad.

Esto es también válido para la vida del político. La política es sacrificada e ingrata, sin embargo vemos a muchos que se han jugado su vida para que otros la tengan. Hoy estamos despidiendo a un político, que desde muchacho entregó toda su vida a la política, desempeñó los más altos cargos públicos e hizo grandes servicios al país.

En esta preciosa carta de Juan descubrimos que hay proclamaciones religiosas vacías, ritualismos sin contenido, y también el sentido divino de vidas religiosas, seculares, laicas e incluso agnósticas. A Dios nunca lo ha visto nadie, dice la carta más adelante, pero «si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros» (1 Juan 4,12)

Entremos en la hondura de la sorprendente parábola de Jesús llamada del Juicio Final que acabamos de leer, inventada por el Maestro para decirnos qué es lo que de verdad vale en la vida. La inmortalizó Miguel Angel, pero tal vez en el mural se resalta a Cristo airado contra los réprobos y queda en segundo plano su mensaje central «Vengan benditos de mi Padre».

En Venezuela hemos perdido muchas cosas tradicionales, pero seguramente no hay país en el mundo que haya conservado y valore tanto como entre nosotros la bendición que pedimos diariamente y la respuesta que damos: «Que Dios te bendiga». En este evangelio Jesús, mejor que Miguel Angel, nos pinta un cuadro cuya luz se centra en bendición de Dios: «Vengan benditos de mi Padre».

¿Por qué benditos? Porque tuve hambre y me diste de comer, estuve en la cárcel y me visitaste, enfermo y me curaste… Con frecuencia al oír esto pensamos en las pequeñas obras de misericordia individuales, pero no lo relacionamos con las políticas de transformación de un país para que no haya hambre, ni sed, ni perseguidos, ni desterrados, ni desempleados, ni sin escuela… Políticas que dan vida a millones.

No eran uno ni dos los que padecían hambre, ignorancia, enfermedad, cárcel o destierro… en los días de la muerte del dictador Gómez. Carlos Andrés apenas tenía 14 años y ya empezaba a brotar su vocación política. Había demasiada miseria y negación humana en Venezuela y esa realidad reclamaba a gritos cambiar el sistema político. Carlos Andrés apenas era un niño de 6 años el año 28, cuando irrumpieron los estudiantes universitarios y su protesta transformó el Carnaval en esperanza patria. Luego serán llamados Generación del 28. Esperanza que pronto pasaría por la cárcel, el exilio, la formación y organización, clandestinas, hasta empezar a cosechar frutos 18 años después.

Como en este Evangelio que acabamos de leer, muchos de aquella Generación preguntarían «¿Señor cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte?» (v.39) y dirían que eso no lo hacían por el Señor, que ni siquiera lo conocían, e incluso muchos pensaban que la religión católica era más bien un estorbo y una rémora para la transformación política que Venezuela necesitaba para responder al hambre, a la enfermedad, a la ignorancia, a la cárcel y al destierro. La respuesta del Señor es «Les aseguro que lo que hayan hecho a uno sólo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mi» (v.40).

Con razón algunos llaman a este Evangelio la parábola de los ateos y agnósticos que creen no haber visto nunca al Señor en sus vidas, pero que sin saberlo todos los días lo encontraron, lo recibieron y atendieron cuando se hicieron hermanos de los necesitados y gastaron sus vidas por ellos.

Carlos Andrés recuerda su infancia y primera juventud en una familia religiosa andina de padre colombiano conservador y su primera educación con los padres dominicos. En una conversación personal en su casa por cárcel me comentó Carlos Andrés su alta valoración de esa educación y sus valores, que sin duda sería muy estricta y con aspectos hoy superados. Es lógico que en su juventud no viera relación entre el cambio político necesario y esa religiosidad.

Nos cuenta cómo en esos años él se revolvía «contra la humillación y la injusticia» reinantes. «Entonces yo identificaba progresismo y justicia con las ideas liberales [colombianas]; luego al mejorar mis conocimientos, con el socialismo democrático, heredero del liberalismo. Yo era un anti conservador visceral, aunque mi padre era conservador y le tenía respeto» (p.9) El dice que el montañés es conservador y «ese sentimiento conservador se expresó con fuerza en la religión».

En esos tiempos muchos buscaron el cambio en movimientos más relacionados, con la socialdemocracia unos y el comunismo otros. Algo más tarde surgirían los movimientos de una inspiración cristiana más moderna, orientados por la Doctrina Social de la Iglesia.

Con aciertos, errores y muchos sacrificios esa generación hizo todo un trabajo exitoso de más de medio siglo para vencer los obstáculos e instaurar la democracia y la dignidad de todos los venezolanos, dentro de un marco democrático y social abierto a los excluidos, pobres, y descalzos, a los analfabetos y a las mujeres…

El Concilio Vaticano II concluyó a fines de 1965 y el sucesor de Juan XXIII, Pablo VI en su discurso de clausura consideró oportuno salir al encuentro de la acusación de que el Concilio en lugar de ocuparse de las cosas de Dios se dedicó a la comprensión del hombre. Pablo VI negó la desviación y afirmó que efectivamente la religión del Concilio es la religión del amor y, citando la parábola que hemos comentado, agrega: «Si recordamos… cómo en el rostro de cada hombre, especialmente si se ha hecho transparente por sus lágrimas y por sus dolores, podemos y debemos reconocer el rostro de Cristo( Mat. 25,40)… nuestro humanismo se hace cristianismo, nuestro cristianismo se hace teocentrismo, tanto que podemos afirmar también: para conocer a Dios es necesario conocer al hombre»(Discurso de clausura 17-XII-1965).

Entonces- se pregunta el Papa- el Concilio «¿no sería en definitiva, un simple, nuevo y solemne enseñar a amar al hombre para amar a Dios? Amar al hombre -decimos-, no como instrumento, sino como primer término hacia el supremo término trascendente, principio y razón de todo amor…» ((ib.)

La clave de la vida es afirmar al otro, haciendo nuestra su vida. Esto nos enseña Jesús con su vida y palabras. Pero es nuestra inteligencia la que tiene que buscar cómo se multiplican la producción de comida, el empleo digno, y el sistema de salud para todos, sin excluir a los más abandonados. ¿Cómo se va a la raíz de los problemas y se crea todo un sistema con nuevas estructuras económicas, sociales y políticas e instituciones cargadas de humanismo y de dignidad? Esa es la conquista de la democracia, a pesar de todas sus imperfecciones.

San Ignacio en las Constituciones de la Compañía de Jesús (Cap.VII n.622) dice que «el bien cuanto más universal es más divino». Lo que hace de la política una vocación muy digna y elevada por su capacidad de multiplicación y de hacer un bien más universal. También la corrupción de la política es más diabólica, por ser factor multiplicador del mal y de la desgracia de los pueblos.

La vocación política es tan ingrata y sacrificada, que sólo una profunda convicción de conciencia da fuerza interior para superar penurias, persecuciones, cárceles y destierros, como camino indispensable para hacer que amaneciera la democracia en Venezuela, luego de casi siglo y medio de guerras estériles, caudillismo y miseria de campesinos atrapados por el paludismo y la indigencia. En esos tiempos había que estar dispuesto a jugarse la vida para que saliera el sol de la democracia y hoy hay que seguir dándola, para que no nos caiga la noche…

Quiero citar a Carlos Andrés cuando recuerda una reunión en La Habana con compañeros de partido en el exilio en un momento de gran frustración y desaliento al ver la fortaleza de la dictadura de Pérez Jiménez. En la áspera discusión, él se sintió acusado por algunos de sus compañeros, pero dice que al fin se reconoció «la vida del hombre de acción, de quien se entrega con pasión y plena voluntad de servicio y logra culminar con éxito sus faenas».

«Fue compleja la reunión-añade. En momentos acalorada, pero terminó en acuerdo y cordialidad». «Me afectó muchísimo aquel cuestionamiento», agrega. «Me sentí muy deprimido. Había dejado estudios y familia. Estaba dedicado a la lucha sin pensar en nada, sin ambiciones. Mi único afán era servir». Y concluye: «Todas las etapas de mi vida han estado signadas por alguna dificultad. Soy summa cum laude en ‘trompicones'» (pp. 89 y 90).

Por otra parte, la política cuando se ha alcanzado el poder tiene el grave peligro del que advirtió Jesús a sus apóstoles cuando los sorprendió disputando quién de ellos iba a ocupar el primer lugar en los supuestos honores y poder del reino venidero. Jesús les reprende y dice que los gobernantes impíos dominan a los pueblos como si fuesen sus dueños y los poderosos se imponen (Marcos 10, 42). Entre ustedes no ha de ser así; más bien quien entre ustedes quiera llegar a ser grande que se haga servidor de los demás (v.43). Este es el corazón de la política humanizadora, el poder como servicio y no como dominación; servicio a conciencia frente a dominación y negocio; aquello trae vida a los pueblos y esto muerte y negación. Por eso la democracia con contenido social dignifica al hombre frente a las dictaduras y monarquías absolutas y su tarea no termina nunca.

«Vengan benditos de mi Padre»

La muerte nos pone ante el misterio de la vida y su sentido. Dostoievski dice «La hormiga conoce la fórmula de su hormiguero. La abeja conoce la fórmula de su colmena. No las conocen ciertamente al modo humano, sino al modo suyo. Pero no necesitan más. Sólo el hombre desconoce su fórmula». Pero la libertad humana no va a ciegas, hay una estrella en la noche, como nos subrayan las lecturas de hoy: «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte». Los humanos no tenemos la fórmula exacta y cerrada como los hormigueros y las colmenas, pero sí, la estrella del amor que ilumina nuestra libertad y creatividad, aun en las noches más oscuras. Quien animado por el amor lucha por la vida digna de los venezolanos y busca caminos políticos para hacerla realidad en estructuras democráticas y en instituciones, es bendito de Dios. Vengan benditos de mi Padre

La dignidad de los más pobres y su liberación para la responsabilidad será siempre la inspiración de toda renovación política. Nos parece muy oportuna para la actual realidad venezolana la reflexión que nos brinda el Concilio Vaticano II sobre la importancia de la vocación política:

«Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política. Quienes son o pueden llegar a ser capaces de ejercer este arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal. Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio de todos». (Constitución Pastoral Gaudium et Spes n. 75).

Que nuestro hermano Carlos Andrés y todos los aquí presentes tengamos la dicha de decir con verdad «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos» y de escuchar la invitación de Jesús «Vengan benditos de mi Padre porque tuve hambre y me dieron de comer… «Así sea».

PETICIONES

Les invito a que ahora juntos hagamos una oración por la vida eterna de Carlos Andrés, por su familia y también por nosotros para que logremos una Venezuela reconciliada, sin excluidos, uniendo esfuerzos de vida digna y mesa compartida entre todos.
Peticiones de la familia…

-Para que la Iglesia siempre sea servidora humilde y valiente con la verdad de Jesús y no amemos sólo de palabra sino con obras de vida.
Roguemos al Señor
-Para que esta parábola que acabamos de meditar ilumine nuestras vidas y el amor a los más pobres y necesitados renueve la política.
Roguemos al Señor
-Para que seamos esperanza y reencuentro de Venezuela en una sociedad sin excluidos sociales ni políticos y reconciliada, sin odios ni venganzas.
Roguemos al Señor
-Para que día a día escuchemos la invitación de Jesús «vengan benditos de mi Padre» y vayamos transformando las estructuras políticas y productivas y las instituciones a fin de que los más necesitados y excluidos dejen de serlo…
Roguemos al Señor
-Escucha señor estas oraciones y las que cada uno tiene en su corazón, te las presentamos con toda confianza por Jesucristo nuestro Señor.

AMEN

Iglesia de la Chiquinquirá
Caracas 6 de octubre de 2011
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