Opinión Nacional

Honrar honra Jacinto Convit, otro gran venezolano

Me siento honrado y profundamente emocionado como venezolano de tener un compatriota de la importancia y talante como el Dr. Jacinto Convit, mas en esta Venezuela de hoy, pendenciera y atrabiliaria, llena de déspotas y arbitrarios.

Convit un humilde Pastoreño  a sus setenta y dos años,  continua en su afanosa tarea de cumplir el juramento hipocrático y como médico derrocha sus esfuerzos y hálitos  de vida buscando cura a las mas terribles enfermedades o como prevenirlas y evitarlas.  Como el mismo se ha permitido destacarlo Venezuela con ello ha contribuido con el resto del mundo, exportando vacunas y ciencia para mejorar  la salud humana.

        Un humilde galeno, que sin penas ni glorias, con mas reconocimientos por su labor en el exterior  que en su país natal, ni contando con el apoyo público y menos el oficial  pertinente, que ni siquiera sería suficiente  para reconocer su tenaz y humanitaria labor por la vida, aun alegre y humildemente  dedica su acontecer diario a la investigación  para prevenir y evitar los males de terribles enfermedades.

        Hace poco la prensa local, en un aviso que poco dice para lo grande del acontecimiento nos informaba del reciente descubrimiento por parte del ilustre venezolano de las vacunas contra el cáncer de seno, estómago y colon.

Venezuela y sus hombres en eso son insólitos e increíbles, mientras el país permanece impávido ante las arremetidas de insensatos que lo conducen por los más hostiles  despeñaderos, distraídamente deja pasar noticias de tanta importancia como los recientes  descubrimientos del sabio venezolano en torno a las comentadas vacunas para prevenir  el cáncer  a través de terapias de inmunología.

Humilde y  pacientemente, con los pocos recursos que imaginamos puede contar para el desarrollo de sus investigaciones, desde el tradicional y respetado Hospital Vargas, calladamente viene desarrollando sus importantes investigaciones este médico.

Seguros estamos que con minúsculos recursos es que cumple sus labores de investigación,  mientras en el país botamos y derrochamos dinero, al extremo de tener que tirar a la basura e incinerar cuantiosos alimentos y medicinas.

Este ejemplo de vida humana y científica,  digno de emularse, no ha tenido siquiera un reconocimiento a la altura de su ingenio, tal cual ha ocurrido con  otros muchos grandes compatriotas.  El país vive ocupado de lo banal y lo profano, de lo que dice procaz e insensatamente quien debe conducirlo; de quienes alegremente se dicen  monopolistas del  dictado de infelices e ineficaces leyes y del corrompido y venido a menos  Poder Judicial con que contamos.

La verdad es que si no fuera por hombres como un Jacinto Convit  y algunos otros venezolanos de igual talante, poco o nada contentaría llevar el gentilicio de este nuestro pueblo.  Ver a hombres como Convit nos reconcilian con un país cuyo manejo y acontecer no lo merecen.

Yo espero que alguien dentro de este cúmulo de disparates y distorsiones de valores, haga, piense y reconozca la obra de este gran venezolano, no por él, que seguro estoy no lo aceptaría, sino por sus grandes descubrimientos que tanto bien han aportado a la humanidad.

 El país  en esto de reconocer a sus hijos, está como de mala costumbre, muy ocupado entre oír  el Aló Presidente” o una trasmisión de football mundial.

He querido, y seguro estoy  hasta contra la voluntad del científico, hacer este llamado de atención  sobre el personaje y su obra al que dedico estas líneas, para al menos en la forma mas disimulada agradecer, felicitar y emocionadamente compartir la alegría que me da tener un compatriota de ese talante.

        Quizá en mi caso exagere mi contento por el sabio y por sus increíbles inventos a favor de la humanidad, pues me ha tocado en lo personal y en lo familiar tener que soportar los rigores de ese terrible flagelo que es el cáncer.

Convit no solo nos ha brindado este inmenso  y benévolo descubrimiento, también en su acontecer como médico le ha correspondido investigar y dar a la luz otros de similar  importancia. El sabio no vive de éxitos pasajeros ni temporales, es un sabio en toda la extensión de la palabra.

Gracias maestro y doctor por todo lo que nos ha brindado  con su ciencia  y por el ejemplo que todo ello comporta para nuestro pueblo.

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