Opinión Nacional

Hugo Chávez El humanista

Quisiéramos dejar de mencionar a Hugo Chávez, pero ante su terca manía de amargarnos la vida tratando de desencajarnos de nuestros cabales, no nos queda más remedio que mantenerlo en la palestra, hasta que percibamos de manera propia o impropia, una demostración de raciocinio cabal, ya que no nos queda la menor duda de que no lo tiene, por lo que tenemos que resistir ante su patológica actitud exageradamente alienada. Hemos buscado un calificativo diferente a la cordura, que nos permita transitar por su incontrolable e intolerable conducta.

Esa amorfa deidad que él cree tener, con la que ha engolosinado a muchos seguidores que no queremos calificar para no herir susceptibilidades, por cuanto su heterogeneidad llega a extremos difíciles de valorar, ya que dentro del grupo encontramos serios personajes, que por conocerlos sabemos que tienen como verdad la hipocresía, que usan majestuosamente, afincada en la ignorancia de la mayoría que se les unen en el aplauso plañidero.

Nos ha parecido apto el calificativo de “humanista”, configurándolo en el entendido del concepto surgido en el Renacimiento, cuando se consideró a la burguesía como clase corruptora de la “armonía” teocéntrica de las clases y portadora de una ideología laica, aun cuando el personaje también la confunde con la religión, y trata también de  explicar el universo en función de lo divino, aunque también cree que los fenómenos de la naturaleza no ocurren por azar, sino por una regularidad natural orientada a un fin determinado que debe ser aclarado mediante la explicación científica. Sin embargo, cuando no encuentra explicación a los fenómenos, usa el humanismo apegado a la doctrina cristiana en cuanto expresaba que la existencia de leyes naturales rígidas suponía que los acontecimientos que se salían de la ley no podían tener otra causa que no fuera sobrenatural.

Con mayor certeza, su humanismo lo orientamos hacia la teoría marxista de la alienación, cuando refiere que el trabajador en el capitalismo no es considerado como persona, sino como cualquier cosa equivalente a una cierta cantidad de dinero y utilizable para la multiplicación del dinero mismo. Base que derivamos de su ya descalabrado “socialismo del siglo xxi”, que sigue siendo la base del discurso de sus seguidores, quienes tampoco entienden hacia donde van, confundiendo la democracia participativa con las explicaciones de Marx sobre la explotación del proletariado y las relaciones en la propiedad privada, que consideró como un proceso de alienación de las distorsiones que supuestamente causa la estructura de la sociedad capitalista en la naturaleza humana.

En realidad, más que humanista quisiéramos que fuera humano, cuya falsedad de ser lo hemos venido asentando por su comportamiento desacertado en su convivencia. Quisiéramos pensar que su actitud contra la adversidad, no fuera igual a la que toma contra “los escuálidos” o enemigos, manjares de su léxico político, que aunque parecieran increíbles, nos llenan de miedo por los desmadres que toma cuando las causas les son adversas. Ya lo hemos dicho, el ser humano tiene comportamientos semejantes, con también semejantes modus vivendi, con igualdad o semejanza de educación, de formación cívica, pero Chávez es excepcional, en un sentido de peligrosidad, tanto por el cargo que ostenta, como por el sentido de súper genio que le han endosado y que ha asumido. Desde el alegre “por ahora” con su derrota el 4F, como la huida pávida del 12 de abril del 2002, hemos quedado impávidos con sus reacciones iguales. Así como pensar que en reacciones iguales ante el frio y el calor o ante la alegría y la tristeza. En verdad, conductas anormales que debieran llamarnos a la reflexión por el peligro que ello implica ante cualquier acto de revancha, como pudiera ocurrir si pierde las elecciones.

Ya lo vimos y oímos en sus expresiones al perder el referendo el 2D, y lo hemos seguido en sus andanzas anticonstitucionales para “meternos” a la fuerza su “socialismo”, desgraciadamente apoyado por los pancistas del TSJ, sus adláteres de la AN y el “saco de gatos” PSUV. Pero de mayor gravedad es el teatro que ha hecho sobre su enfermedad, que siendo cierta o no, es un juego maligno que se le revertirá cualquiera sea su resultado, ya que nadie puede jugar con el sentimiento de sus semejantes valiéndose de la lástima. Nadie desea el mal ajeno, pero tampoco acepta que jueguen con sus sentimientos. El verdadero humano es quien practica el humanitarismo que se manifiesta con la preocupación por el prójimo, su caridad, su compasión, su solidaridad, su humildad, su modestia, su indulgencia. Lamentablemente, pedirle esto a Chávez es como pedirle peras al olmo.   

 

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