Opinión Nacional

Humillados y ofendidos

Como ciudadano siento una ira interior que me consume y no logro disipar tan fácilmente. Siento invadida mi privacidad cotidiana de una forma atroz y desmedida. Ante la negligencia e irresponsabilidad de otros me veo privado junto a mi familia y vecinos de un servicio vital. Ya no sólo se trata de las penurias con el agua, el gas, el aseo y la inseguridad, ahora hay que agregar el llamado “racionamiento eléctrico”.

Lo que más molesta es la forma desconsiderada y abrupta en que éste plan de racionamiento ha sido impuesto, sin mediar ninguna campaña concientizadora, que bien pudiera haber explicado a la ciudadanía los alcances y las consecuencias del mismo. Este fue impuesto a la machimberra, sin tomar en cuenta si se afectaba a negocios, industrias, escuelas, hospitales, semáforos y otros esenciales servicios.

Una vez más la torpeza y la mediocridad de un alto gobierno empeñado en llevar hasta sus últimas consecuencias un plan de destrucción nacional bajo la divisa de nivelar desde abajo a todo el mundo. No hay respeto por la gente, no hay ningún espíritu auto/crítico, sólo soberbia, incompetencia y burla.

En el país hay liderazgos alternativos de sobra mucho más calificados y humanos que éste que se hace llamar socialista, que de paso, sólo tiene el nombre y desgastadas consignas. Y para ser justos, no todo en la IV República fue malo, que yo recuerde, rara vez se iba la luz.

Dicen los politólogos de tendencia liberal que el mejor gobierno es aquel que menos se nota, y que permite, una relación virtuosa entre las aspiraciones individuales y las responsabilidades sociales en lo público. Aquí, por el contrario, lo público ha sido profanado por la impericia de un Gobierno de naturaleza anacrónica que socava los más elementales fundamentos de la convivencia social.

Esa injerencia controladora desde la escasez, la manipulación y el engaño está despertando una indignación colectiva que muy pronto tendrá que pasarle factura a quienes han tenido el atrevimiento de jugar con el bienestar y la libertad de las personas, de los ciudadanos, de una forma por lo demás, irresponsable.

Hoy nos sentimos humillados y ofendidos en nuestro fuero interior al igual que los personajes de la célebre novela del escritor ruso Dostoyevski. Ninguna sociedad merece ser inmolada por las aspiraciones egoístas de un solo hombre. Ya es hora de recuperar la sindéresis y la gobernabilidad en el país.

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