Opinión Nacional

Idas y venidas revolucionarias

La permanencia en el tiempo de la revolución bolivariana despierta dudas. Por una parte, está el cáncer que padece el caudillo único y, por ende, insustituible, de dicha revolución y, por la otra, el panorama electoral que no es realmente el más propicio para que Chávez continúe en el poder.

Ambos factores son de importancia capital. Se presentan simultáneamente, lo que hace más difícil la coyuntura.

Siempre he sostenido que la fortaleza de la revolución es, al mismo tiempo, su mayor debilidad: el papel fundamental de su inspirador, mentor y conductor Hugo Chávez. Su liderazgo omnipresente lo hace insustituible.

Chávez nunca se ha ocupado de construir un partido sólido, organizado, coherente, disciplinado, con cuadros formados en una doctrina política (el llamado socialismo del siglo XXI ¿es una doctrina política?, no creo) que lo sustentara y le sirviera de plataforma para la acción, como sí lo hicieron los chinos y los cubanos. Por el contrario, los que ha formado han sido, de alguna manera, coyunturales y electoreros, dirigidos sobre todo a ganar, a cualquier costo, las elecciones que se han hecho en el país.

Su gestión de gobierno ha tenido la impronta del voluntarismo, el asalto ­entre gallos y media noche­ de la Constitución de 1999, para imponer, a rajatabla, su dominio en aras de un presunto comunismo desfasado, centralista y estatal que sólo apunta a su permanencia eterna en la Presidencia de la República. Es decir: convierte su «revolución» en un instrumento personal, en un fin en sí mismo.

Por eso dije al principio que su enfermedad y la candidatura de Capriles le aguaron la fiesta hasta el punto de hacerle anunciar aparentes incoherencias como la propagación de rumores para mantener una vigencia artificial.

Si nos atenemos a las reiteradas declaraciones del propio Chávez y de los jerarcas de la cuestionada cúpula militar, en el sentido de que la Fuerza Armada (a diferencia de lo que pauta la Constitución) es chavista, entonces no habría que temerle sino a sus propias sombras. Si alguien sabe de golpismo e insurrecciones castrenses es Chávez, aun cuando haya fracasado en el intento.

¿Civiles dando golpes de Estado sin apoyo de los depositarios de las armas? ¡Muy difícil! De manera que achacarle a la oposición actividades subversivas, puede tener tres lecturas, a mi entender.

Una: que el caudillo revolucionario no se siente muy seguro con ese cuento de que los militares son todos leales a su comandante en jefe; otra: que habida cuenta del agravamiento de su dolencia y constantes viajes a Cuba, el cotarro militar tiende a alborotarse por una potencial separación definitiva o inhabilitación prolongada del inquilino de Miraflores y, la tercera, muy relacionada con la anterior: que con un Chávez incapacitado para hacer campaña electoral, se intente enrarecer y desestabilizar el clima político-electoral mediante acusaciones contra los sectores democráticos de estar preparando un golpe con apoyo del imperio y, así, suspender las elecciones.

De tal manera que, vistas las cosas, cualquier eventualidad puede ocurrir, sobre todo cuando el nerviosismo y el pánico invaden a las camarillas civiles y militares (capaces de cualquier intentona antidemocrática) del chavismo que se aferran al poder ante las ausencias reiteradas de su líder fundamental. Se han acostumbrado durante estos 13 años a disfrutar de canonjías y prebendes impensables en un régimen democrático…

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