Opinión Nacional

Ignorancia, imbecilidad mala fe?

Si un alguien por primera vez nos visita y tiene un dominio alto de la lengua castellana, sus modismos, a diario escuchará al presidente comandante y comandante presidente y a los amantes, amamantados, favoritos fervorosos del chavismo alabar el proceso revolucionario que, bajo el slogan, Patria Socialismo o Muerte, conduce a Venezuela al Socialismo del SXXI. Uso el sustantivo chavismo, solo como mera ubicación a quienes ven en Chávez el Líder supremo, el superior comandante, el Gran Predicador, el Infalible, el epónimo, el Moisés, que en medio del desierto, conduce a su pueblo por él protegido, escogido, para llevarlo al paraíso único, en donde se vivirá feliz, solidario, libre, ajeno a todas las explotaciones que son propias del capitalismo salvaje, y de allí en adelante, Venezuela será una potencia mundial de primer orden que, en medio de las trampas más satánicas, saboteos, guarimbas, conspiraciones mediáticas, calumnias internacionales, difamaciones, ponen el imperialismo y sus lacayos criollos, la burguesía, la oligarquía, la iglesia, ya se evidencia con el Vergatario y el satélite Simón Bolívar que, como ayer Bolívar independizó a buena parte de América, hoy el satélite independiza la totalidad con el acceso libre, democrático y participativo al sistema de comunicaciones, golpeando mortalmente al imperialismo telecomunicacional y a su hegemonía científico técnica e ideológica. Le parecerán muy originales las cadenas presidenciales y creerá, sin duda, que está en otro planeta o en una dimensión aún no conocida con horario propio, “originario” y por incredulidad calificará como ficción que el presidente haya creado un nuevo mandamiento, el Undécimo, nadie es propietario de la tierra, solo el Estado es dueño, y el presidente su amo y señor absoluto, “no hay tierra privada, ¡yo así lo digo!”. Palabra de Dios, quiero decir del Presidente.

Escuchará en la TV. Radio, y podrá leer en los grandes periódicos a quienes niegan o adversan esas posturas presidenciales con argumentos tales como que Chávez nos impone el Comunismo, que ya probó sus fracasos en el mundo, que Fidel manda en Venezuela y que el presidente es el muñeco del ventrílocuo que con destreza lo maneja desde la Habana. Verá que siempre son los mismos, como si fueran muchos cloncitos con el discurso idéntico y quienes, además de esa formal, bien argüida postura contra Chávez, censuran el fracaso de la oposición; fracaso que tiene su causa, entre otras la más definitiva, en no seguirles sus sesudos consejos. Podrá ver, con muy menos frecuencia, a los verdugos de la economía de mercado, sabios que concluyen en que el capitalismo y su forma política, la democracia, son el fin de la historia. Verá a obispos, monseñores, curas, señalando lo mismo que los dos grupos anteriores, lo cual los hace mejores, desde luego. Con menos frecuencia, oirá la apagada voz de los partidos políticos, que por no tener principios en qué sustentarse se refugian en las argucias de los sabios y curas referidos o se encubren en sus nombres, Primero Justicia, la justicia primero y eso es todo. Un Nuevo Tiempo, el tiempo nuevo que es, sencillamente, tiempo distinto a este. No podrá ver ni oír ni sentir a las universidades autónomas porque desde hace tiempo rumian su silencio en silencio y su único bramido se deja sentir para pedir más pienso, el único alimento de quien no piensa. Si paciencia tiene, me leerá, y encontrará que, en medio de tan compleja teología, filosofía, economía, sociología, politología, sabiduría, en fin, de los chavistas y de los contra, sencillamente sobre mí pesa la duda y, con ella a cuestas intento hallar alguna respuesta de la cual sospecho, pero, podrá, para el aumento de sus posibilidades de asombro, oír, ver, a excepcionales humoristas y a algunos medios críticos que, con excelente ironía, se encargan de mostrar el oculto universo de quienes, salvando las distancias, si hubiere, ven al mundo desde la sima de su ombligo y la sabiduría de su trasero tabular. Y si se arriesga a andar por estas calles, si puede y queda vivo, encontrará a alguno alcaldes y gobernadores que luchan por resolver problemas y lo logran, que son un tanto Prometeos con miligramos de éxitos y son otro tanto Sísifo que, por dignidad y amor al prójimo, soportan esta carga que tanto pesa y cada día más pesa.

Si salir de esta charca queremos, es imprescindible señalar que la característica dominante de los discursos de ambos bandos, es su fundamentalismo (Chávez es hegemonía fundamentalista con todo el poder mas las aberraciones de las cadenas, mientras por otros medios los otros buscan las cadenas para su hegemonía) y su ausencia de la realidad, su desconocimiento, su vacío de fundamentos, de elemental ética. El socialismo de Chávez es el discurso de la más alta estupidez que jamás se haya visto. No es asible, no puede formalizarse una mediana teoría, una hipótesis que soporte la critica. Indoamericano, originario, bolivariano, robinsoniano, zamorano, humanista, cristiano, postmoderno, y cualquier otro adjetivo que el Supremo quiera o los rumiantes del poder añaden cada día. Todas y cada una de estas adjetivaciones carece de significado y de sentido en términos históricos, lingüísticos, filosóficos, de cuanto pudiera inferirse de cada una de ellas y menos posible es hacer semejante mescolanza con ellas para elaborar un discurso medianamente coherente. ¡Aquí está le revolución! grita en chavista bien pagado, es el socialismo postmoderno. Es el atraso, es el comunismo, rugen los señores de enfrente arriba “identificados”. Pero, si semejante idiotez es sencillamente eso, tal vez menos, la mitad de lo idiota, la cosa se complica y es más grave cuando se recurre a Marx para justificar la estatización y para fundamentar la pobreza, la miseria, como condición necesaria para la construcción del socialismo. Pobre Marx, qué semejante vaina le han echado encima, tan peor, pero no menos putrefacta que la que se ha vaciado en gigantes cargas de miasma sobre Bolívar. Para éste, a pesar de la Constitución de Bolivia, lo central de la política es la civilidad, vale decir que sean los civiles ciudadanos quienes ejerzan el poder político y que sea la sociedad, el ser social, quienes ejerzan el control sobre el poder. Para Marx la miseria como condición necesaria para la construcción del socialismo es una estupidez mafiosa. Giordani, asesor “gramsciano” de Chávez, sabe que hace trampa. Que Marx suponía el paso al socialismo como una conquista de la sociedad a partir del capitalismo mas desarrollado, que por sus propias contradicciones y la nueva consciencia social, el proletariado en función vital, podía dar un paso mas, mucho mas, si se quiere, pero a partir de allí, de los inmensos logros de la burguesía, clase que Marx reconoce como la mas avanzada y revolucionaria de la historia occidental hasta su momento y por ello mismo, capaz de “generar” su propia contrario separador, el proletariado. La tesis del sabio Giordani, pudiera pensarse que se parecerse en algo a Lenin; pero, tampoco. Para Lenin los problemas de la consciencia son la clave, mucho mas que el principio de que la soga revienta por lo más delgado, lo cual, dado el justo valor, permitía que el socialismo se iniciase en un solo país y éste atrasado respecto a sus homólogos de punta. La visión de Giordani es simplemente mafiosa. Sustituye la lucha consciente del proletariado por el odio irracional del miserable.

Si semejante visión mafiosa de la miseria como fuente de la revolución es macabra mala fe, la deformación del pensamiento marxista para justificar la estatización es una monstruosidad científica y perversidad imponderable, solo explicable por exagerada ignorancia o mórbida estupidez…Ningún teórico, ningún político, ningún filósofo ha llegado a los extremos de Marx, cuyo proyecto definitivo, la construcción del comunismo, reclamaba, como condición necesaria de su devenir, la absoluta desaparición del Estado. Y ello es así, porque como bien Marx concibe al hombre en su existencia plena, ésta debe estar libre, totalmente libre de toda forma de alienación. El proyecto de Marx es lograr superar la contradicción entre lo político, en sentido estricto, y lo social, en amplio sentido. Por tanto el deber del revolucionario para superar este peso, en la transición está “en transformar el Estado, órgano que se ha colocado por encima de la sociedad, en un órgano estrictamente subordinado a ella” y se empeña Marx en ser muy claro, como para prevenirse y salvarse de demagogos, de pseudo-revolucionaros: “ Uniendo de mil maneras la palabra Pueblo con la palabra Estado no se hará avanzar un ápice el problema” que en definitiva es la destrucción, DESTRUCCION del Estado lo cual es parte esencial del camino hacia la conquista de la libertad. Y, en un reconocimiento a los avances del Estado burgués, sentencia:
“Incluso hoy, las formas del Estado son mas o menos libres en la medida en que limitan la libertad del Estado”. Señor Chávez, su postura es la del gendarme necesario, la misma que se usó para justificar la dictadura de Gómez y es la misma maldición que sobre Bush pesa por asumirse como el gendarme del mundo para librar a la humanidad del terrorismo, por ahí anda, comandante, pero con menos ideas, Giordani no le da por las patas a Laureano Vallenilla L. y su obra, comandante, ni por las pezuñas a Gómez, salvo la identidad de condenar la Libertad como herejía y a usar gas del bueno para amedrentar a estudiantes, al pueblo llano que clama justicia, mientras usted, por ahora perfecciona La Planta, para convertirla en La Rotunda de su era.

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