Opinión Nacional

Igual dignidad humana

Este es el concepto clave para el futuro que anhelamos y procuramos. La igual dignidad, como establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el principal objetivo para el cambio radical que ya es impostergable y puede alcanzarse mediante un conjunto de medidas educativas, de género, desarrollo, libertad de expresión… que permitan transitar de la fuerza y la imposición a la palabra y la conciliación.

Es preciso promover los principios y prácticas democráticas en todas las áreas de la sociedad; erradicar la pobreza con un gran despliegue de ayuda al desarrollo endógeno; colaborar estrechamente con los jóvenes para forjar actitudes de solidaridad, tolerancia y generosidad, rehusando cualquier forma de opresión y violencia y favoreciendo tenazmente la justa distribución de la riqueza.

Al final de la Guerra Fría nunca llegaron los repetidamente prometidos “dividendos” de la paz ni el reforzamiento de las Naciones Unidas. Bien al contrario, el multilateralismo se debilitó por la aparición de los grupos plutocráticos (G-7, G-8, G-20) desde los que los países más prósperos de la Tierra pretendían asumir el control del conjunto del planeta. La cooperación se sustituyó por explotación; las ayudas por préstamos; la justicia social por las leyes del mercado.

El resultado ha sido un estrepitoso fracaso: la pobreza se ha incrementado; el medio ambiente se está degradando a pasos agigantados; los desgarros sociales se han ampliado y han producido los medios de cultivo de los que emergen grandes flujos emigratorios de desesperados así como la tentación del uso de la violencia; los tráficos a escala supranacional (armas, drogas, ¡personas!) y los paraísos fiscales siguen actuando en la impunidad más absoluta; y no me canso de repetirlo, la vergüenza colectiva de miles de personas muriendo cada día de hambre cuando se invierten sumas astronómicas en gastos militares. Sigue prevaleciendo la aplicación del perverso refrán de “si quieres la paz, prepara la guerra”.

El “rescate” de las instituciones financieras con centenares de miles de millones de dólares, cuando no había dinero para los Objetivos del Milenio, para enfrentar los desafíos del hambre y la exclusión o del Sida… ha colmado el vaso. La solución está en la reacción popular que, consciente de la situación que afecta a miles de millones de seres humanos, decida actuar e implicarse a través de los mecanismos ya disponibles de participación no presencial (SMS, Internet), de tal forma que se consolide el funcionamiento democrático tanto a escala local como mundial (Naciones Unidas).

Es necesario “afinar” los resortes de “los pueblos” para que tenga lugar una movilización progresivamente ampliada hasta que se logre, pacífica pero firmemente, el cambio de rumbo. Y de cultura. Que se abandone la fuerza, la coacción, el dominio, la violencia y se establezca la conversación, la conciliación, la resolución pacífica de los conflictos.

Presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex Director General de la UNESCO

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