Opinión Nacional

Imparcialidad

En estos días y desde que arribó al poder el Presidente Chávez, repite con fastidiosa periodicidad su reclamo a los medios alrededor de la imparcialidad. En eso, nos hace recordar la tintinela que formó el gobierno del doctor Caldera cuando la Cumbre de Presidentes de Hispanoamérica en Margarita y que repitieron los constituyentistas del sector oficial mientras redactaban, lo expresado en la Constitución, alrededor de la verdad.

Creemos, que ni la verdad ni la imparcialidad existen o son de muy difícil consecución o arribo. La verdad, entre las muchas versiones, dice el sentir popular, que depende del color del cristal con que se mire. La imparcialidad es un don tan escaso que todavía en el siglo XXI seguimos ejemplarizando con la figura de Salomón, y pensamos que ello obedece más a la concepción de la justicia que a la de imparcialidad.

Estas dos características del ser humano que son tan deseadas, son impensablemente escasas. Pocos son quienes pueden recibir el reconocimiento colectivo por imparciales y la mayoría de quienes se proclaman imparciales son mas bien imbéciles.

Todos los hombres y mucho más las mujeres, son racionalmente parciales. Todos tenemos nuestras preferencias y nuestros ideales y estas características determinan nuestro comportamiento.

Si pensamos en la prensa escrita y virtual y muy especialmente en las revistas de renombre, tenemos que llegar a la conclusión de que en el mundo existen numerosas muestras de periodismo conservador, liberal, socialista, demócrata, republicano, pornográfico, amarillista y así ad infinitum y con la seguridad de que en el ámbito político, en el social y muy especialmente en el económico encontraremos posiciones encontradas igualmente respetuosas y respetables.

La democracia, quien la ejerce es el lector cuando se acerca al puesto de periódicos y revistas y extrae de su bolsillo una cantidad de dinero y la cambia por la publicación de su preferencia y que le brinda la visión a través de la ventana que él considera mejor.

Lo mismo pasa con los medios de trasmisión radioeléctrica, radios y televisoras.

La democracia la ejerce el radioescucha o el televidente cuando sintoniza la estación que le es más atractiva o la que le brinda la interpretación de los sucesos con la visión que él quiere tener.

Íntimamente ligados a los conceptos de verdad e imparcialidad encontramos los de honestidad y ética. Desdichadamente nuestra sociedad tiene bastante rezagados estos conceptos, pero sentimos que no es en el ámbito de los medios de comunicación donde están mas vapuleados, por el contrario, admiramos la honestidad, el arrojo y el desprendimiento que demuestran nuestros reporteros y periodistas a la hora de perseguir a las noticias.

Si a alguien se le puede señalar de abusador de la imparcialidad o de confiscador de la libertad de elegir, es al presidente, pues sus continuas trasmisiones en cadena nacional para tratar temas que no tienen la jerarquía necesaria llegó al límite el pasado martes cuando se contaron mas de diecisiete cadenas en menos de quince horas.

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