Opinión Nacional

Independencia y soberanía no es tiranía

La Declaración de Independencia estadounidense contiene una filosofía política general de la Revolución Americana y las causas específicas de la resistencia a Gran Bretaña. Y es interesante recordar que la resolución de separación de Inglaterra ya se había pasado cuando la Declaración se adoptó; y es sólo una sucinta declaración para el mundo de las razones que llevaron a buscar la independencia, cuestión siempre útil cuando los sátrapas buscan hacer a su antojo.

Pese a que el Congreso norteamericano había nombrado un comité para escribir la Declaración, Thomas Jefferson fue casi totalmente responsable por su composición. El documento fue escrito, considerado por el comité y aprobado por unanimidad en el Congreso el 4 de julio de 1776, no sin que antes se corrigiera e insertara la acusación feroz contra los ingleses por proteger el comercio de esclavos.

La calidad literaria, incuestionablemente, pertenece a Jefferson. La Declaración está compuesta de cuatro partes: un preámbulo, dos secciones en el cuerpo del documento y una conclusión. El preámbulo dice que la Declaración establece las razones para la separación de Gran Bretaña.

«Cuando, en el curso de los eventos humanos, se hace necesario que un pueblo disuelva la unión política, que las ha conectado con otro, y asuma entre los poderes de la tierra, la separada e igual estación a que las leyes de la Naturaleza y el Dios de la Naturaleza los autoriza, un decente respeto a las opiniones de la humanidad requiere que ellos declaren las causas que los impelen a la separación.»

La primera sección del cuerpo asevera el derecho del pueblo para establecer y derrocar a su gobierno. Dice:

«Sostenemos estas verdades como autoevidentes, que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para asegurar estos derechos los gobiernos son instituidos entre los hombres, derivando sus poderes justos del consentimiento de los gobernados; que cuando cualquier forma de gobierno se vuelve destructiva hacia estos fines, es derecho del pueblo alterarlo o abolirlo, e instituir un nuevo gobierno, colocando su fundación en tales principios y organizando sus poderes de forma tal que para ellos parezca la más posible para efectos de su seguridad y felicidad.»

La segunda sección procede de una afirmación de que los gobiernos «por mucho tiempo establecido no debe cambiarse por causas ligeras y transitorias» hacia una lista de «repetidos daños y usurpaciones» del «presente rey de Gran Bretaña.» Esta lista de daños fue presentada como prueba de la tiránica indiferencia del Rey Jorge hacia los derechos inalienables del hombre.

La conclusión afirma que las colonias son libres e independientes y que tienen el poder para efectuar la guerra, concluir la paz, hacer alianzas con otras naciones, establecer el comercio, y ejecutar las funciones ordinarias del Estado. «Y para soporte de esta declaración, con una firme confianza en la protección de la divina providencia, mutuamente nos juramos a cada uno nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro sagrado honor.» Con esta frase, memorable por su sentimiento y expresión, cierra la Declaración de Independencia estadounidense.

En cuanto a las ideas de la Declaración, John Adams, conocido por su temperamento inquieto y lengua mordaz, habló de su falta de originalidad; no hay ninguna idea en ella, declaró, que no haya sido «trillada desde hace dos años en el Congreso.» Jefferson admitió libremente la verdad de la crítica, diciendo que no era parte de su iniciativa escribir el documento «para inventar nuevas ideas y ofrecer algún sentimiento que no se hubiera expresado antes.» Su trabajo era «colocar ante la humanidad el sentido común del tema, en términos tan llanos y firmes como para comandar su asentimiento.» No perseguía ninguna originalidad de principios o sentimientos, sino que tomó todas las ideas a medida en que las encontró, «expresadas en conversaciones, en cartas, ensayos impresos o en los libros elementales de derecho público, como Aristóteles, Cicerón, Locke, Sidney, etc.»

Al hacer su explicación Jefferson demostró que la Declaración estaba compuesta con la idea de masificar la evidencia de la tiranía y ubicar la decisión del Congreso de separarse de Inglaterra sobre premisas generalmente aceptadas. Si Jefferson hubiera adelantado cualquier argumento nuevo hubiera derrotado a su fin, porque deseaba tan solo recoger los argumentos ya en circulación. Así sucede en casi cualquier papel de Estado que anhela una respuesta popular. La esencia de un gran atractivo popular no es decir algo nuevo, sino decir en forma memorable lo que todos están pensando.

Más coherente es la crítica de que Jefferson tomó ideas del tratado de gobierno de John Locke. El espíritu de Locke y hasta su fraseología son claramente aparentes en la justificación general de la revolución democrática: la creación de hombres como iguales, la dotación con vida y libertad, la visión de que el gobierno es instituido para asegurar estos derechos y el derecho inalienable del pueblo para abolir la tiranía, la teoría compacta de gobierno y la justificación de la rebelión. Jefferson sólo resumió brillantemente la visión de los derechos naturales del filósofo inglés.

No es crítica hacia Jefferson decir que siguió cercanamente a Locke sin referirse a ningún libro o panfleto, pero es prueba de su relación íntima con el tratado de gobierno. Durante un tiempo se dijo que Jefferson sacó sus ideas de Rousseau, el filósofo francés. Hoy sabemos que no fue así. Los franceses y los americanos sonsacaron sus ideas fundamentales de la misma fuente, y esa fuente fue John Locke.

Hay un punto donde Jefferson se desvía agudamente de la visión de Locke, y eso es en la afirmación de los derechos inalienables, «vida, libertad y la búsqueda de felicidad.» Los dos primeros son de Locke, quien hubiese completado la trilogía con «la posesión de propiedad.» La sustitución por la búsqueda de la felicidad ofrece un mejor tono humanitario e idealista que apela tanto a los sin propiedad como a las clases adineradas. No se sabe dónde encontró Jefferson este derecho a la búsqueda de felicidad, pero tiene un fuerte sabor a pensamiento humanitario francés.

Que la Declaración sea cierta o falsa, de tal o cual pedigrí, no preocupa a los historiadores del presente, ya que es suficiente que fuese generalmente considerada verdadera en el siglo 18. Mejor que cualquier otro documento epitomiza el pensamiento político y las quejas particulares que dieron pie a la revolución democrática estadounidense. Las generaciones posteriores han sido entrenadas en escuelas de pensamiento diferentes a la que condujo Locke. Jefferson citó a Locke simplemente porque el inglés puso en filosofía política lo que exactamente quería creer cada americano en 1776. Y eso es que, sencillamente hablando hoy, independencia y soberanía no se conjugan con tiranía.

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