Opinión Nacional

Indígenas yanomami golpeados por mortal epidemia de malaria

Trabajadores de la salud afirman que una posible epidemia de malaria mató a decenas de personas, diezmando a tres aldeas Yanomami, una de las etnias indígenas con menos contacto con el mundo moderno, en una remota franja de la Amazonia.

Dos auxiliares médicos indígenas que visitaron la zona dijeron el viernes a The Associated Press que de acuerdo con los jefes de las aldeas, alrededor de 50 personas murieron recientemente, muchos de ellos niños.

Hay «mucha, mucha gente enferma todavía», dijo Andrés Blanco a la AP en una entrevista telefónica desde Puerto Ayacucho, en el estado Amazonas. Blanco, un yanomami que trabaja en un programa gubernamental de salud para las comunidades indígenas, alertó a los funcionarios regionales hace una semana y media después de caminar varios días para visitar tres aldeas remotas donde ocurrieron las muertes.

Relató que regresó el fin de semana a esas comunidades en helicóptero con una misión médica que incluyó médicos que administraron medicamentos y confirmaron que indígenas aún están infectadas de malaria.

El doctor Carlos Botto, funcionario regional, declaró que las pruebas iniciales muestran que hubo algún tipo de epidemia y evidencia de malaria. Indicó que son necesarias más pruebas y análisis para determinar si hay otras enfermedades.

«Lo cierto es que hubo una epidemia con muertes», dijo Botto en una entrevista telefónica. Agregó que el cálculo del número de muertes se basó en cuentas de las propias comunidades, pero no es un recuento preciso.

«El numero puede ser menor, pero de todas maneras es un numero importante, alarmante», dijo Botto, director de un programa de combate a la oncocercosis, enfermedad que puede producir disminución de la visión o ceguera, en el Centro Amazónico de Investigación y Control de Enfermedades Tropicales en Puerto Ayacucho.

Funcionarios del Ministerio de Salud no devolvieron repetidas llamadas de la AP en busca de comentarios. Tampoco la epidemióloga del gobierno en el estado Amazonas.

Blanco espera que se organice un mayor seguimiento de la operación. Otros 10 yanomamis que «están muy enfermos» fueron dejados en sus comunidades, dijo, por lo que le preocupa «mi gente en la comunidad».

Comentó que la primera vez que llegó a la aislada zona a mediados de octubre, los líderes de tres comunidades le dijeron que 51 personas habían muerto en los últimos meses, de las aproximadamente 200 personas que viven en la zona.

Manifestó que hubo al menos otras tres víctimas, entre ellos una niña de 3 años que tenía fiebre alta y murió al día siguiente que llegaron los médicos.

«Yo nunca he visto (algo) así», dijo Shatiwe Luis Ahiwei, trabajador yanomami de la salud, que ayudó en la misión médica y dijo que cerca de 100 casos más de malaria se han identificado, más de la mitad de ellos de la cepa del plasmodium falciparum, la forma más peligrosa de malaria.

Los yanomami son uno de los mayores grupos indígenas que viven aislados en la Amazonía, con una población estimada de unos 30.000, a ambos lados de la frontera entre Venezuela y Brasil. Mantienen su idioma y tradiciones, como el uso de ornamentos de madera en sus narices y ritos funerarios en que consumen las cenizas de sus difuntos.

El aislamiento ha dejado a los yanomami vulnerables a enfermedades como el sarampión, la fiebre amarilla y la hepatitis, que se han extendido después de contacto con forasteros.

La activista de los derechos indígenas Christina Haverkamp dijo que la respuesta de las autoridades ha sido lenta e insuficiente, y que es urgente que los médicos dispongan de acceso a helicópteros para llegar a otras áreas donde ocurren situaciones similares.

«Muchos yanomami están muriendo y necesitan ayuda», dijo Haverkamp, una alemana que dirige la organización indígena Yanomami-Hilfe y ha trabaja entre los yanomami desde hace dos décadas en Venezuela y Brasil.

La malaria es común en la región de los yanomami, y Haverkamp indicó que la ha padecido cuatro veces en los últimos años. Pero destacó que nunca había visto una epidemia tan grave.

«Es una catástrofe y un escándalo que todavía no lo tengan bajo control», señaló.

El gobierno del presidente Hugo Chávez insiste en que ha mejorado y ampliado la atención médica a través del programa «Plan de Salud Yanomami», la inversión en clínicas y entrenamiento algunos yanomami como auxiliares médicos.

Sin embargo, líderes yanomami han exigido por años al gobierno hacer más para llevarles servicios de salud y transporte.

Misioneros estadounidenses pertenecientes a la Misión Nuevas Tribus ayudaban a aldeanos enfermos, pero en el 2005 fueron expulsados por Chávez, acusándolos de espionaje.

«Con los misioneros, la atención de salud estaba bajo un mejor control», al menos en las zonas en las que ellos trabajaban, dijo Haverkamp.

A nivel nacional, el número de casos de malaria ha aumentado considerablemente. El último informe semanal del Ministerio de Salud dijo que se han registrado 39.658 casos reportados en lo que va de 2010, alrededor de 42% más que en el mismo período del año pasado. No se informa de muertes.

En las selvas del sur los mineros en busca de oro, desde hace mucho tiempo agobiados por la malaria, se aventuran en sectores donde los mosquitos portadores de enfermedades propagan la enfermedad a nuevas áreas.

Haverkamp voló desde Puerto Ayacucho a Caracas para buscar personalmente la ayuda de Chávez, y solicitar un helicóptero para transportar suministros y radios a más comunidades. La oficina de Chávez no respondió de inmediato su solicitud de una reunión.

La información sobre brotes de enfermedades son difíciles de confirmar entre los yanomami, en parte porque es su costumbre no hablar de los muertos y porque muchos pueblos sólo tienen contactos esporádicos con el mundo exterior.

El año pasado, las autoridades de salud reportaron seis muertes entre los yanomami, debido a enfermedades respiratorias que los funcionarios sospechaban podría haber incluido la gripe porcina, pero no se pudo hacer analisis de muestras a tiempo. Otras dos personas dieron positivo a la gripe porcina, pero se recuperaron después del tratamiento.

Los yanomami suelen incinerar a sus muertos. En los rituales funerarios, se mezclan las cenizas con puré de banano y agua, y la consumen en honor a sus difuntos.

Blanco dijo que debido a las numerosas muertes en las tres aldeas -Maiweteri, Pooshiteri y Awakau- algunos cuerpos fueron simplemente abandonados en el bosque. Añadió que vio unos pocos cadáveres.

«No les alcanzaron a quemar todo, como es la costumbre que tenemos», dijo Ahiwei.

el-nacional.com

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