Opinión Nacional

Inhabilitados, tanques y encuestas

Venezuela se ha vuelto loca y al parecer nadie está en disposición de llamar al psiquiatra. Peor aún: ante la evidente insania de su presidente, que poco le falta para atravesarse un tricornio en la cabeza, meter la mano izquierda en la botonadura de su abultada barriga y jurar ante los oficiales de la ONIDEX que es Napoleón en persona, algunos de sus chiflados subalternos de una imaginaria división de psiquiatría del virtual ministerio de sanidad han prohibido mencionar la soga en casa del ahorcado. Adelantar serios diagnóstico sobre su estropeada personalidad podría acarrear severas penas que nadie se atreve a cuantificar. Escuchando a Chávez hablar maravillas de Uribe e Ingrid Betancourt me provoca recordar el chiste del loco que arrastra un cepillo de dientes y todo juicioso le reclama al psiquiatra que pretende acariciar a Bobby, su imaginario perrito. «No es un perro, es un cepillo de dientes» le reclama airado el loquito. Se alejan loco y cepillo ante el asombro del psiquiatra que no alcanza a escuchar cuando el loquito se vuelve al cepillo y le murmura muerto de la risa: «lo engañamos, Bobby».

Con el encuentro de este viernes, el loco Chávez pretende convencernos de que su cepillo de dientes es Bobby y que él ama a quien más odia: Álvaro Uribe. De peón del imperio, ladrón, capo di mafia, narcotraficante y paramilitar se convierte como por arte de encantamiento en «mi hermano del alma». Tanto descaro sólo es posible en embaucadores contumaces, locos de perinola o estafadores profesionales. Todo en uno es lo que mejor caracteriza al Napoleón de Miraflores, al Santa Helena del Guaviare, al desterrado de Villavicencio.

Y mientras le soba el lomo a su mortal enemigo prepara su viaje a la ex Unión Soviética para hacerse de una impresionante batería de tanques de última generación. ¿Estará alimentando la esquizofrenia de Caín y preparando la celada que lleve a la tumba a su hermano del alma? Típica ilusión de alienado: Venezuela, para librar una guerra con Colombia, no necesita tanques. Necesita cohesión, ideales, sentido patriótico y objetivos supremos. Y esos no se compran en las ferreterías de los perros de la guerra. Incluso Lusinchi los tuvo y fue capaz de darle un soberano parao a nuestros hermanos neogranadinos cuando el incidente del Caldas. Ahora, con Rangel Briceño a cargo de la FAN y Rodríguez Chacín en Interior y justicia no tenemos aliento para librarle una guerra a Haití.

¿Librar una guerra el ejército de un gobierno que para ganar elecciones tiene que seguir las huellas de Mugabe? ¿Ganarle a Uribe un presidente que en lugar de liberar a sus contrincantes los secuestra con el siniestro expediente de las inhabilitaciones. Que me cuente una de vaqueros.

Mientras Napoleón de Sabaneta se pasea a medianoche por los pasillos de Miraflores, la oposición se entrega en brazos de las encuestas. La propia loquetera. ¿Cómo podría ganar seriamente unas elecciones quienes no tienen ni la capacidad ni los apéndices como para encontrar y escoger a los mejores? ¿O me van a decir que D’lsa Solórzano es mejor que la gordita Nascimento y Pablo Pérez mejor que Saadi Bijany?

No hay caso: Venezuela está al borde de convertirse en el Charenton del Caribe. La propia locura.

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