Opinión Nacional

Inmoralidades personalísimas

Chávez está dando cátedra de cómo se ejerce una tiranía en el siglo XXI. No ha contado con resistencia alguna en ninguno de los hombres y mujeres que integran los poderes públicos a excepción de Rondón Haaz en el TSJ y Vicente Díaz en el CNE. Todos y cada uno de los funcionarios que puso allí, han respondido obedientemente a la agenda del golpista en un grado de degradación que no deja de ser sorprendente.

Tiene unos buenos alumnos por los lados de Ecuador y de Bolivia, a los que les ha recetado su fórmula, pero en esas naciones, con menos tradición democrática que la nuestra, las resistencias se han manifestado y en algunos personajes han significado una meritoria inflexión de dignidad que reivindica allí la lucha por la democracia.

Alberto Acosta, de la coalición de gobierno, presidente de xml:namespace prefix = st1 ns = «urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags» / la Asamblea Constituyente de Ecuador, renunció a presidir ese cuerpo en oposición a la exigencia de Rafael Correa de matear la discusión de la nueva Constitución. Correa llegó a afirmar que Acosta era «demasiado democrático», aludiendo a la necesidad de acortar los debates y aplicar las mayorías automáticas.

En Bolivia las divergencias deben su origen en los autonomistas opositores del proyecto Chávez-Morales pertenecientes a las regiones de la «media luna», insumisos a que se los degluta el absolutismo centralista antidemocrático.

Pero insisto, son altamente sorprendentes, y no pueden ser satisfactorias, razones que sean sólo por sus altos sueldos o por afinidades ideológicas, las obscenidades que se aprestan a cometer los figurines colocados por Chávez para refrendar el juego de éste hacia la dictadura.

Uno se pregunta: ¿Cómo no ha salido del TSJ, de la CGR o del CNE y de la Defensoría un Alejandro Armas o un Ismael García, una Isa Dobles o una Pastora Medina? Es asombroso cómo a estas alturas de pertinaz ejercicio autocrático y de violación sistemática de la Constitución y de la voluntad popular por el Presidente, que no haya aún un solo funcionario de alto rango en la burocracia por él dispuesta, que no haya sido capaz de ponerse un límite al estupro del que es cómplice y tratar así de redimirse ante atropellos inocultables.

Este tipo de serviles y acríticos personajes los ha habido siempre, pero no creo que haya en Venezuela antecedentes tan abominables.

Se equivocan los que atribuyen a la Fuerza Armada el sostenimiento del gobierno. Es la impudicia de esta banda facinerosa por la que Chávez persiste en su agresión sobre el país.

Hay un ejemplo de dignidad y rebeldía que hace más vergonzante, al recordarla, la conducta de estos albañiles de la tiranía en construcción.

En las elecciones para la Asamblea Constituyente de 1952, creyó Pérez Jiménez que los funcionarios electorales le harían el trabajo de consumar su planeada felonía, pero ocurrió, no estando en sus cálculos, la renuncia de diez de los quince miembros de «su» Consejo Supremo Electoral, entre ellos su presidente, Dr. Vicente Grisanti, que se resistieron al escandaloso fraude.

El gobierno tuvo que reestructurar el CSE y designó para dirigirlo a dos mujiquitas, igualitos a los que Ud. está harto de ver y que Chávez puso ahí a frisar cemento.

La vía electoral, por ahora, será la mandarria que acabará la chambonada. El destino de los secuaces y su capo safio, no es alentador, finalmente terminará por alcanzarlos.

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