Opinión Nacional

Introspección

La primera acepción que ofrece el DRAE del término introspección es:
“observación interna del alma y de sus actos”. Creo que este ejercicio nos
está haciendo falta a una buena parte de los venezolanos. No voy a referirme
por una vez al chavismo en todos sus niveles y sectores, sino a quienes
formamos la oposición convencida, sin posibilidades de que nadie ni nada nos
cambie el rumbo. La primera pregunta que deberíamos hacernos en un ejercicio
introspectivo, es: ¿cuántas de las malas mañas, vicios y desviaciones que le
achacamos a Chávez, han permeado nuestras formas de sentir y de pensar?
Chávez lleva seis años de populismo (y popularidad) mediante la siembra de
odio, división, exclusión, resentimiento, envidia, cinismo, vulgaridad e
hipocresía. ¿Nada de eso se nos ha contagiado a quienes no lo podemos ver ni
en pintura, precisamente por tales conductas?
No sé cuántos de ustedes, pero hace mucho tiempo empecé a sentir un rechazo
total (similar al que me provocan las apariciones radiales y televisadas de
Chávez) por aquellos comunicadores que utilizan sus espacios para decir que
el presidente está gordo; que cada vez se le agranda la verruga, que tiene
novia y es rubia, que se viste con ropas y accesorios de las mejores marcas,
etcétera. No solo me dan alergia las alusiones burlonas a los defectos
físicos de cualquier persona, sino también la banalidad de quienes insisten
en plantear temas que por lo visto, lejos de restarle alguna popularidad a
Chávez, se la incrementan.

¿Cuáles fueron en mi opinión los mensajes más graves de Chávez el día de su
reaparición, cuando ya se había producido una catástrofe en Vargas, en Los
Flores de Catia y en algunas ciudades del Interior? Ignorar deliberadamente
la solidaridad que estaban practicando dueños de aviones y de helicópteros,
y decenas de grupos voluntarios que se organizaron para recibir ayudas en
alimentos, ropas, medicinas y otros insumos, destinados a los damnificados.

El otro mensaje venenoso fue el llamado a los dueños de quintas y lujosos
apartamentos heredados (¿) para que fueran a ver cómo sufría el pueblo.

Claro que ese día las cosas no le salieron del todo bien porque recibió una
estruendosa pita, aunque cumplió exitosamente su tarea de sembrar otro
granito de resentimiento.

¿Pero cuáles fueron los mensajes del otro lado? Mi bandeja de correo
electrónico se vio invadida por decenas de escritos enviados por gente que
estimo y conozco como bondadosa y sensible, que instaban a no dar ni hacer
nada para ayudar a las víctimas que perdieron sus casas, ropas y enseres
domésticos, “porque eso era responsabilidad de este gobierno corrupto que le
regala el petróleo a Fidel” Algunos rebotaban correos escritos por otras
personas, cargados de insultos y obscenidades contra los grupos de acopio y
dueños de naves aéreas, que participaron en el salvamento de personas
aisladas y en grave peligro. “Que lo haga el gobierno -decían unos- que
bastante dinero regala en el extranjero mientras se lo regateó a las obras
que se requerían en Vargas”. “Pendejos los que están ayudando, para que las
glorias se las lleven Chávez y García Carneiro”, decían otros y -los peores-
también dirigidos a “pendejos” que colaboraban para que después todos esos
damnificados votaran por Chávez.

No sé si quienes escribieron y divulgaron ese tipo de mensajes hicieron
previamente un ejercicio introspectivo, es decir, observaron internamente
sus almas para verse por dentro. Para que la cosa no parezca muy complicada
vamos a explicarla así: usted tiene un helicóptero, sobrevuela un lugar
donde hay gente en peligro de perecer ahogada, o está aislada sin agua ni
alimentos ¿Hace primero una encuesta para saber quiénes son chavistas y
quiénes no? ¿Les pregunta cómo votaron en el referéndum revocatorio?
¿Sobrevuela la zona y les lanza unos volantes que dicen: “pídanle a Chávez o
a Fidel que los salve”? Seguramente que al concluir ese ejercicio -la gran
mayoría- aquellos que realmente tienen almas generosas y se dejaron
arrastrar por un arrebato de rabia, recapacitarán y se darán cuenta de lo
inhumano de sus mensajes. Los otros, los que no son capaces de realizar esa
introspección y de arrepentirse, se parecen tanto a Tascón, con su lista
negra de firmantes por el RR; a Iris Varela con su mirada y su verbo siempre
cargados de odio; a Omar Mora, Presidente del Tribunal Supremo, quien
confiesa que solo sentenciará a favor de la revolución, es decir del
gobierno y, por último, son igualitos a Chávez  y quizá hasta peores si
algún día llegaran al poder.

 

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