Opinión Nacional

Investigando a Chávez

(AIPE)- Aunque el presidente Hugo Chávez no se da por enterado, en Venezuela se está repitiendo un proceso similar al que culminó con la salida de Richard Nixon. Los medios de comunicación venezolanos están empeñados en quitarle al gobierno la máscara de legalidad, para mostrar la cara auténtica de una autocracia que trabaja por instaurar una dictadura sobre bases supuestamente legales.

A raíz del escándalo de Watergate, la implicación del presidente se discutió con intensidad. Los fiscales que estudiaban el problema habían concluido que la Constitución no permitía el procesamiento de un presidente en funciones. Y si Nixon no podía ser encausado, no se le podía citar ante el gran jurado.

Nixon apeló a todos los recursos para desacreditar a la prensa. Los espías del régimen vigilaban día y noche a los reporteros. Todo lo que los periodistas decían era tildado de “calumnioso y fruto de una gran conspiración contra el presidente”.

Carl Bernstein y Bob Woodward, los dos reporteros que se hicieron famosos en el caso Watergate, en momentos de desaliento y ante la ofensiva oficial llegaron a preguntarse si la Casa Blanca los estaba usando para acabar con el diario Washington Post, abonando el terreno sobre algo que después se demostraría como falso. Así el gobierno lograría destruir la credibilidad de la prensa en general.

Ron Ziegler, secretario de prensa de Nixon, al desmentir las acusaciones, mantenía: “No estoy atacando a la prensa… Jamás lo he hecho desde mi cargo, pero sí estoy haciendo observaciones muy directas sobre el Washington Post y sugiriendo que todo es una maniobra política… Digo que se trata de un esfuerzo político del Washington Post, muy bien concebido y coordinado para desacreditar a la administración y a algunos de sus miembros en particular”.

Lo mismo dice Chávez y procede a insultar a la prensa venezolana, asegurando que diarios como El Nacional y El Universal y las televisoras Globovisión, Venevisión y Radio Caracas Televisión forman parte de la conspiración en su contra.

Otro vocero del presidente Nixon decía casi lo mismo que ahora mantiene Chávez: “las tácticas usadas en este asunto son miserables y bajas y se trata de un abuso del procedimiento periodístico…”

Al comienzo, el escándalo de Watergate dividió a la opinión mundial porque muchos creyeron lo pregonado por Nixon: es una guerra de intereses en donde los medios de comunicación no están siendo objetivos.

Sorprende que lo mismo se repite hoy en algunos sectores de América Latina sobre el caso Chávez. Se pretende en escenarios políticos latinoamericanos y hasta en la propia OEA hablar de “la conspiración de los medios venezolanos”. El obvio precedente de Watergate debe llamar a la reflexión. Se repite la historia; Carl Bernstein y Bob Woodward fueron amenazados de muerte y en Venezuela dos periodistas, Patricia Poleo e Ibéyise Pacheco, se han visto obligadas a buscar protección en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ellas han puesto al descubierto varias acciones ilícitas del presidente Chávez, como distracción de fondos públicos y sus contactos con la guerrilla colombiana.

Estamos oyendo el eco de Ziegler cuando le preguntaron: “¿Por qué la Casa Blanca ha decidido destruir a la prensa libre?” Respondió: “no ha habido nada que ofrezca motivos para suponer que estamos involucrados en un programa de destrucción de la prensa libre. Respetamos la libertad de prensa. Yo respeto la prensa libre. Lo que no respeto es el tipo de miserable periodismo que se está practicando”.

El 1 de marzo de 1974, el gran jurado en Washington inició el proceso contra los siete hombres de confianza de Nixon. Ellos fueron acusados de conspiración para obstruir la acción de la justicia. Nixon aseguró, “no tengo la menor intención de dejar en ningún momento el cargo para el cual el pueblo norteamericano me eligió…” Pero sabemos que Nixon tuvo que irse. Igual le pasará a Chávez, aunque actualmente dice que nada, ni nadie lo sacará del poder.

Aquellos fueron tiempos duros y difíciles en Estados Unidos, como los actuales lo son en Venezuela. La diferencia es la gravedad del delito cometido. Aquí no se trata del robo de documentos del partido opositor, para luego mentir sobre ello a la nación. Se trata que el presidente Chávez ordenó el 11 de abril la masacre de venezolanos que manifestaban pacíficamente su inconformidad con el gobierno. Por eso Chávez tiene sus días contados y, a lo contrario de Nixon, jamás volverá a levantar su cabeza. ©

* Analista político venezolano.

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