Opinión Nacional

Juan Vicente Gómez y Hugo Chávez

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San Salvador (AIPE)- Los venezolanos han tenido una historia política poco feliz que desde el siglo pasado, con algunas honrosas excepciones, transcurre entre dictaduras y gobiernos civiles y militares, todos ellos con el denominador común de la corrupción, pero eso sí, muy bolivarianos.

Un personaje de ingrata memoria, del que se podría decir que Hugo Chávez retoma algunos rasgos, fue Juan Vicente Gómez, con apenas conocimientos básicos de lectura y escritura así como de las operaciones matemáticas elementales.

Hombre fuerte, dueño de una gran hacienda ganadera y administrador de muchos colonos, Gómez tuvo oportunidad de escalar posiciones políticas al eliminar a caudillos antigobiernistas. Con ello se ganó el favor del presidente Cipriano Castro, quien luego de ponerle al frente de muchas exitosas campañas contrarrevolucionarias, lo nombró general de división.

Eventualmente Gómez traicionó a su benefactor, al que derrocó mediante un golpe de Estado, para luego gobernar a Venezuela con mano de hierro durante 27 años, desde 1908 hasta su muerte, por causas naturales, en 1935.

Al igual que Chávez ahora, Gómez tenía entonces a Bolívar como modelo y estandarte. Con la ligera diferencia de que Chávez tiene a Fidel Castro como modelo y a Bolívar sólo como estandarte.

Tan bolivariano se consideraba Gómez que llegó al extremo de falsear su fecha de nacimiento para que coincidiera con la del Libertador y así hacer propia la celebración de cada aniversario de este.

Todos los actos de su gobierno, entre los cuales se contaron asesinatos, torturas, encarcelamientos y ejecuciones sumarias de sus opositores, estuvieron enmarcados por discursos inspirados en el pensamiento bolivariano. Algo así como matar a inocentes en nombre de Dios, como hoy lo hacen los extremistas islámicos.

Gómez fue el primer presidente venezolano que sacó provecho a los recién descubiertos yacimientos de petróleo, los cuales puso bajo la administración de compañías extranjeras por carecer de tecnología propia para explotarlos. Con estas formó alianzas, en las que él se comprometía a mantener el orden y las compañías a pagarle comisiones cuantiosas que le significaron enormes ingresos personales.

Lo mismo que en la actualidad pretende Chávez, Gómez persiguió y finalmente eliminó todo rasgo de oposición al cerrar los diarios que criticaban su actuación y encarcelar, asesinar o forzar al exilio a los periodistas y a otros detractores.

Se perpetuó en el poder instalando una asamblea servil, con mayoría de sus simpatizantes a los que compraba con regalías y dinero. Estos reformaron varias veces la Constitución para ajustarla a los intereses del dictador, lo cual es exactamente lo que están haciendo ahora los chavistas. Para guardar las apariencias, solía alternar breves ausencias del Poder Ejecutivo, el que confiaba a sus allegados, mientras él se reservaba la jefatura suprema del ejército, con lo que retenía el poder real.

Los historiadores le reconocen algunas gestiones positivas, una de ellas el haber librado a Venezuela de la deuda externa, gracias a los multimillonarios beneficios derivados de la explotación petrolera que eran suficientes para llenar sus bolsillos y para abonar la factura nacional. Pero el precio que se hizo pagar por este y otros actos de supuesto buen gobierno fue demasiado alto, ya que pese a la abrumadora abundancia de la que tuvo disponibilidad, Gómez dejó que el pueblo venezolano se hundiera en la pobreza con el agravante de privarlo de sus libertades.

Aún falta por ver hasta dónde llevará la “revolución bolivariana” de Chávez a ese sufrido pueblo, que de nuevo parece transitar por aquella triste ruta.

___* Periodista salvadoreño, jefe de redacción de El Diario de Hoy.

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