Opinión Nacional

Jugando a ser dios y/o ser dios 2

Seguimos con el tema. Vamos a la antigüedad, a Egipto. Se cuenta que un miembro femenino de una de las familias reales, posiblemente una reina de Egipto, esposa de Ahmés, al principio de la décimo octava dinastía, 1570-1505 ac, y que posiblemente desempeño un papel político importante en su tiempo, contaba una historia sobre como un hombre jugo a ser un Dios: se llamo Ptahemheb. Le abreviaremos Peb para el resto del escrito.

Peb pasó su vida artesana bajo un afán destructivo por el poder y por lograr reconocimiento en un mundo que no estaba a su alcance. Su padre, quien murió cuando tenía 13 años le enseño su oficio de pintor. Se la pasaba pensando en como llegar a ser un hombre con poder, con hombres bajo su mando, vestir como un general, hablar como un visir, ser adulado como un oficial y tener la atención de mucha gente como el propio Amón ( símbolo del poder creador en la mitología egipcia) cuando se festejaba la fiesta del valle. Su ambición le causo problemas en su trabajo y, sobretodo, con sus compañeros.

Al morir su madre Peb tenía 25 años y se ocupo de sus mejores funerales. Eso lo afecto mucho. Tenia pocos amigos y los que conservaba era más por el beneficio que algún día podrían reportarle que por verdadera amistad; no tenía novia, su aspecto de debilidad infundía temor en ellas por su interés cada día más obsesivo y enfermizo por superar a los demás.

En una oportunidad oyó la conversación de dos personas. Necesitaban personal para trabajar en el Gran Templo; se quedó ensimismado mirando hacia el gran muro que rodeaba el templo, viendo la oportunidad que se le ofrecía de llegar a lo que él siempre había deseado: ser una persona respetada e importante; todos le envidiarían cuando supiesen que formaría parte de la comunidad del Gran Templo.

Peb consiguió trabajar con el cuerpo de funcionarios. Su labor consistía en decorar las tumbas de los sacerdotes de Ptah y pudo ver en dónde estaba el poder realmente. Se comentaba que el clero de Ptah llegaba a influir en las decisiones administrativas, pero nunca una persona del pueblo pudo llegar a pensar que ejercían una influencia tan grande en los asuntos del gobierno. Le resultaba grato ya que se estaba relacionando con el Gran Clero de Ptah. Incluso tuvo la suerte de que uno de sus preceptores le mostrase los trabajos de inspección que realizaba en las grandes obras de estado por orden real.

Poco a poco, entre los artesanos al servicio del templo crecía el número de personas que deseaban ganarse un puesto junto a él o estar a su alrededor para conocer de primera mano las grandezas vistas y oídas por Peb de mano de su preceptor. Comenzó a descuidar sus tareas para dedicarse a los ya numerosos adeptos de que gozaba. Sus intereses cada vez quedaban más patentes a la vista de cualquiera y, finalmente, él mismo se dio cuenta de que no faltaba más que un pequeño escalón para ver cumplido el sueño de su vida. No tendría excesivos amigos, ni mujeres jóvenes a su lado, ni una esposa que cuidase de las labores y la economía doméstica, pero tenia una pandilla de seguidores gracias a las características más sobresalientes de su personalidad, precisamente aquéllas que un día le impidieron gozar como lo hacían otros jóvenes. Pondría en marcha la máquina de las palabras y diría a cada cual lo que en el momento fuese su deseo escuchar, sin preocuparle si para ello tenía que tergiversar la doctrina del Gran Clero de Amón, el Gran Templo de Ptah o los decretos emanados del mismísimo Señor de las Dos Tierras User-Maat-Re Setep-en Re Ramses, Vida, Salud y Fuerza. ¡Cualquier parecido con la realidad actual venezolana es pura coincidencia! ¿Qué casualidad, verdad? Seguiremos. “La critica debe hacerse a tiempo; no hay que dejarse llevar por la mala costumbre de criticar solo después de consumados los hechos”, Mao Tse-Tung, 1893-1976, Presidente Chino.

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