Opinión Nacional

Jugará cada vez más duro

Me imagino al líder desesperado buscando permanecer en el poder a como de lugar. No tiene opción. Dejar el dominio representaría su enjuiciamiento y la cárcel como calculará. Un exilio sería incierto y vulnerable. Sabe, por experiencia propia que la diplomacia petrolera del garrote que el mismo inauguró se usaría contra quien le de asilo.

Probablemente hasta sus “hermanos” comandantes o presidentes lo entregarían. Por ello necesita protegerse comandando directamente su patio, para evitar su ruina política y que lo echen al basurero de la historia como a tantos otros.

Su primera opción para intentar prolongarse en el poder será “democrática”, a su estilo por supuesto. No importa que el pueblo ya se haya pronunciado con un NO que todavía le retumba. Busca la vuelta. No importa si se desdice. Hace unos meses era dañino para el país que otras autoridades se reeligieran. Ahora vale y es de lo mejor, según él. Así, cree que logrará que los 17 gobernadores y algunos cientos de alcaldes y legisladores hagan campaña por el SI, porque también querrían reelegirse. Esto es posible que ocurra, pero se olvida que algunos ministros, algunos mandos castrenses, algunos gobernadores y alcaldes y algunos dirigentes del partido también quieren ser Presidente. Igualmente desconoce que por cada gobernador, alcalde y legislador, existen miles de aspirantes a serlo. De modo que por cada gestión de alguna autoridad por reelegirse, se producirán miles de gestiones para NO hacerlo, de quienes aspiran que los cambios se produzcan para ascender.

El máximo líder no ha tomado en cuenta que uno de los éxitos que se le atribuyen a las fuerzas armadas es el relevo generacional permanente que se produce en su seno. Cada militar que pasa a retiro, permite que tenientes pasen a capitanes, mayores a comandantes y coroneles a generales. De esta forma quienes se forman y educan en las últimas tecnologías y conocimientos de la ciencia y del saber humano van siempre creando y mejorando lo existente. Cuando esto se interrumpe los cambios indispensables para renovar y adelantar se frenan o paralizan. Sin cambios, las sociedades involucionan.

Venezuela es un ejemplo de ello. Primero el caudillaje nos mantuvo fuera del desarrollo y en la monoproducción. Luego una simulada democracia reprodujo el mismo fenómeno del caudillismo. Dos líderes fundamentales de los dos grandes partidos se empeñaron en reelegirse y lo lograron, pero entre los dos castraron las generaciones de relevo y los líderes más preparados para gobernar al país no lo pudieron hacer.

Sin embargo, los pueblos siempre han impuesto el cambio y los caudillos generalmente terminan mal. El jefe debería ver hacia atrás para conocer su futuro sí insiste en perpetuarse. Sin embargo, es difícil que acepte estos principios que pesan menos que la prisión o un destierro incierto. Una vez que se de cuenta que tendrá que salir de la jefatura lo que pasará inexorablemente, entonces nos preocupa que se “mugabice” como el cuasidictador de Zimbabwe.

La sociedad debe prepararse desde ya para los próximos pasos después de la consulta donde todo indica que el NO será NO, una vez más.

Mientras el mandatario cada vez jugará más duro, los ciudadanos deben responder con mayor obstinación cívica y entereza democrática. Vendrán elecciones parlamentarias, referéndum revocatorio y más temprano que tarde las fuerzas democráticas, incluidas las de su propio partido, sacaran al comandante del caudillaje del siglo XXI.

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