Opinión Nacional

La abdicación de los politólogos

En otras oportunidades hemos señalado que si algo define el fin de siglo y milenio no sólo a nivel de la región latinoamericana, sino de nuestro país es precisamente el observar y registrar continuos procesos y situaciones de agotamiento, crisis y transformación de las instituciones y actores políticos y de los propios análisis y categorías tradicionalmente empleadas para abordar el complejo y cambiante mundo de la política.

En este sentido creemos que el análisis de nuestra realidad social y política ha de replantearse de nuevo de raíz, tanto en sus fundamentos como en los métodos de diagnosis de los nuevos tiempos y realidades observadas. De tal forma que la sociología y la ciencia política principalmente, ha de conseguir y producir un nuevo y reelaborado aparato conceptual teórico, asimismo nuevas formas de aproximación a la realidad social y política para poder así dar cuenta, explicarla y finalmente comprenderla.

Ahora bien si algo debe acompañar las nuevas reformulaciones y discusiones es el contar con una necesaria vigilancia epistemológica, esta última nos permitirá de acuerdo a PIERRE BOURDIEU la ruptura, es decir, la separación y distinción entre la opinión común y el discurso científico. A los politólogos nos corresponde saldar las cuentas con la especulación (necesaria en un momento) y la sociología espontánea, igualmente debemos imponernos una polémica ininterrumpida con las enriquecedoras evidencias que presentan, a bajo precio, las ilusiones del saber inmediato y su riqueza insuperable (véanse los trabajos de Pierre Bourdieu – Gastón Bacherlad).

Requerimos más que en ningún otro momento de una ciencia política, de una sociología y unos soldados con una profunda convicción de crítica y sensatez que respaldados en unos sólidos conocimientos y propuestas teóricas permitan abordar y captar la riqueza de la experiencia humana social y política en toda su dimensión.

En este sentido y recordando nuestro articulo (La ciencia política : Una empresa de ruptura, Diario El Globo 22/02/2000 p. 16) diremos que los instrumentos y herramientas de análisis, las perspectivas teórico – metodológicas, los diversos enfoques y los aportes de los autores clásicos y neoclásicos nos permiten ciertamente no sólo intervenir en el debate y discusión actual, sino plantearnos la viabilidad de pensar y proponer nuevos esquemas y propuestas de trabajo alrededor de la democracia, el funcionamiento del Estado, los partidos y agencias políticas, entre otros. Lo importante es asumir el hecho de que no podemos ceder antes las tentaciones de la genuflexión, la charlatanería o el poder.

Muchos sabemos que hay posiciones, frases, escritos y posturas que a muchos incomoda, sobre todo si las posturas tienen como base la sabia crítica y los argumentos. No olvidemos que en la democracia encontramos a muchos ciudadanos que hemos cultivado no sólo el espíritu democrático, sino una cultura democrática, y que sabemos hasta la saciedad y el infinito que si algo define a la democracia como ideal y como tipo de ordenamiento político es la OPOSICIÓN Y EL DISENSO.

El problema que hoy nos embarga a todo nivel e instancia, viene dado en que en las aguas turbias que caracteriza hoy a la política venezolana (aguas en las que lamentablemente hay de todo) encontramos particularmente un conjunto de SERES Y ALMAS ATORMENTADAS que conforman una fauna muy extraña, que aparte de no comprender lo importante de contar con una oposición, disenso y crítica, en los diversos niveles de nuestro régimen y sociedad, no asumen una postura coherente, seria y responsable. En todo caso, las posiciones que asumen algunas de estas almas atormentadas no sólo están guiadas por las pasiones y los intereses de turno, sino por la insensatez e irracionalidad.

El momento actual de crisis y reordenamiento de la política, sus instituciones, las prácticas y actores políticos en Venezuela, justifican como nunca antes la producción de planteos propuestas y debates que permitan críticamente repensar la política y sus categorías por una lado, incorporando al mismo tiempo las diversas críticas y propuestas a través de los cuales podamos plantearnos un mejor funcionamiento de nuestro sistema democrático en todo su sentido, y un mejor desempeño de parte de nuestros actores políticos (dirigencia – partidos .- etc).

Nuestro cambiante y agitado país requiere más que nunca de hombres que fijen una POSICIÓN DIGNA Y COHERENTE con su conciencia, familia, ideales y preceptos ideológicos. En estos tiempos más que en ningún otro momento estamos llamados a fijar posiciones, a discutir con la razón, la pertinencia y el argumento ordenado y calificado, y consecuentemente a criticar y fustigar aquellos ilusos, pero sobre todo a los insensatos e ignorantes que pareciera que sólo les queda acogerse al viejo refrán “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver” y refugiarse en su ignorancia, cuestión que al fin de cuentas es su derecho y decisión.

Finalmente si algo no podemos olvidar en nuestro quehacer diario es abdicar a la crítica, nuestra mayor responsabilidad será ser críticos y objetivos en nuestras formulaciones y propuestas, de lo contrario asumamos una POSE DE MUJIQUITA Y GENUFLEXIÓN y renunciemos a un mejor país, a una sociedad más justa y progresista y una universidad abierta a la discusión y el avance.

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