Opinión Nacional

La alienación cubana: una paradoja marxista

Karl Marx entendió a la “alienación” de la que hablaba Hegel, en extrema síntesis, como el sentimiento en los hombres de no ser capaces de controlar su vida y no encontrar sentido a su trabajo, como resultado de la especialización que hacía de las labores en las fábricas, cuestiones rutinarias y repetitivas. Así, imaginaba que con la llegada del comunismo al mundo, aquella alienación presuntamente provocada por el capitalismo, pasaría a ser cosa del pasado.

Más allá de que se trata de una formulación opinable (es irrefutable que la división del trabajo hace posible un nivel de productividad que eleva las condiciones de vida de los hombres que de otra manera no sería alcanzable), resulta curioso advertir las ironías de la historia en el caso de la Cuba castrista, donde las recetas de la economía planificada y el totalitarismo izquierdista han sido aplicadas y los pronósticos de Marx se han cumplido, pero a la inversa.

El cubano “de a pie” está alienado, no ya sólo respecto de su trabajo, sino respecto de su vida como totalidad. En efecto, es parte no ya simplemente de una industria donde desarrolla su especialidad para ganarse la vida, sino de un inmenso engranaje estatal, donde su vida lejos de ser considerada un fin en sí mismo, constituye un medio para la realización de la tribu.

El castrocomunismo, de esta manera, ha provocado en el cubano la alienadora sensación de no poseer el control directo sobre los aspectos de su existencia, como consecuencia de la supresión brutal de la libertad intelectual y política, y las restricciones a su independencia e iniciativa individual. Así pues, los isleños de Fidel Castro se encuentran anulados: no deben crear, inventar ni competir para progresar; simplemente deben vivir para la sumisión y la obediencia estatal.

Otro célebre pensador, Emile Durkheim, padre de la sociología, utilizó el vocablo “anomia” para describir la sensación de falta de objetivos y control sobre la propia vida, producida por la modernidad, caracterizada ésta por la división del trabajo. Se trata de un concepto que se vincula en algún sentido con la “alienación” de Marx, y que lo traemos a colación puesto que ha sido señalado en los estudios sobre suicidio del mismo autor francés, como factor y condición que induce a un individuo a acabar con su existencia.

Si atendemos, luego, a que Cuba tiene el indecoroso primer puesto en el índice de suicidios del continente americano (según informe de la Organización Mundial de la Salud), contamos ya con datos empíricos claros sobre la anomia y la alienación padecida por los prisioneros de la isla-cárcel.

Marx ciertamente se equivocó: el comunismo no evita la alienación; el comunismo es alienación. Y el pueblo cubano, paradojas de por medio, es un testimonio penosamente vivo de ello.

(*) Agustín Laje es miembro de la Red de Escritores Latinoamericanos “Plumas Democráticas”, y autor de libro “Los mitos setentistas”.
 

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