Opinión Nacional

La analfabeta

Existe entre los venezolanos una manera muy común y difundida, incluso en
círculos de cierto nivel intelectual, de despachar rápidamente la discusión
sobre los méritos que pueda o no tener una persona: descalificarla por sus
carencias físicas, preferencias sexuales o conductas (supuestas o reales)
que nada tienen que ver con el tema en debate. Se inicia una conversación
sobre las condiciones de alguien para ser ministro, candidato a ocupar
cualquier cargo o dirigente político y basta que alguien lo tilde de
homosexual, horroroso (si se trata de una mujer esa tacha es peor que la de
prostituta) borracho, ladrón o drogadicto, para que la conversación se
centre en esa mácula y se olvide el tema central: las cualidades o
competencias del interfecto. Y digo interfecto porque desde ese momento y al
menos en ese grupo, la persona queda muerta, asesinada, out. Eso que se
llama el ataque ad homine, es en la mayoría de los casos una manifestación
de mediocridad y en muchos otros, de envidia. Si alguien se sabe incapaz de
argumentar sobre el talento, la ideología o los logros de una persona lo mejor
es salir de eso rápido señalando que si se trata de un cojo, un bizco,
alguien que tiene mal aliento, un picado de viruela, un niche, una vieja
gorda o un maricón, no puede ser un buen ministro, decano, alcalde o
diputado.

Si bien se trata de una lamentable característica de nuestro proceder, es
evidente que no son esas las consideraciones que toma en cuenta una persona
cuando va a referirse públicamente a otra. No recuerdo haber visto o leído
nunca -en tiempos de la Cuarta República-a un columnista de prensa, a un
periodista de televisión o radio o a un dirigente político que asistía a una
entrevista o tomaba la palabra en el Parlamento; calificar a sus adversarios
con esa clase de señalamientos. Podían negarse y de hecho se hacía con
frecuencia, sus capacidades o su honestidad para desempeñar un cargo, pero
había cierto respeto por cuestiones propias del ensañamiento
genético o de las preferencias sexuales. Si de los Presidentes se trataba
estos, aún cuando estuvieran cargados de ira contra un oponente, cuidaban
muy bien el lenguaje que usarían para rebatirlo. Quizá en privado dijeran
sapos y culebras del personaje, pero se sentían obligados a la decencia por
respeto al publico. Esto por supuesto es historia pasada, es de esas
tradiciones y maneras de relacionarse civilizadas que la robolución
bolichaviana sepultó.

El aspirante a dueño absoluto del país y del pensamiento de sus habitantes
no solo no admite que alguien disienta de él, sino que el disentimiento es
suficiente motivo para insultar a esa persona en sus peroratas
radiotelevisivas y para burlase de ella exponiéndola al escarnio público.

Y se siente animado por la claque cívico militar que, prosternada a sus píes
le celebra con aplausos y risas, cualquier barbaridad. Por ejemplo, el
supuesto analfabetismo de la señora Condoleezza Rice. Lo más seguro es que
el Presidente, que nunca ha tenido tiempo de serlo porque lleva cinco años
en campaña para consolidar la destrucción total del país; ignore cómo y por
qué fue que llegó la señora Rice a ser lo que es hoy. Un escaso teniente
coronel, con la muy limitada educación y cultura adquiridas hasta ese nivel
formativo y ocupado toda su vida de ver cómo era que le ponía la mano a los
destinos del país, para convertirlo en su manga de coleo privada; no solo
ignora los méritos ajenos sino que prefiere ni enterarse para no morirse de
envidia. Imaginemos cómo le quedaría el ojo si llega a saber que Condoleezza
con apenas 27 años de edad (ahora tiene 48 ) fue la jefe de los
asesores de George Bush padre, en las relaciones con la Unión Soviética.

Ocuparía varias páginas transcribir la brillante carrera de esa niña
prodigio que ingresó a la Universidad de Denver para estudiar Ciencias
Políticas, con apenas 15 de años de edad, se graduó a los 19 y a los 20
inició su doctorado. A los 27 era PhD de esa misma universidad. Profesora de
la Universidad de Stanford desde 1981 hasta el momento de ser designada nada
menos que Consejera de Seguridad, por este otro Bush.

Además de analfabeta ¿escuálida, rica, oligarca, racista como son para Chávez sus oponentes? Condoleezza Rice nació en Birmingham, Alabama en tiempos de la segregación racial y experimentó en carne propia el racismo cuando le fue impedido el acceso a una cafetería “solo para blancos” y cuando debía viajar en la parte posterior de los
autobuses reservada para los negros. Su consecuente lealtad con el Partido
Republicano se debe a que a su padre, a quien se le negaba el derecho al
voto en las elecciones locales de Alabama por ser negro, los republicanos lo
ayudaron a registrarse como elector. Condoleezza hubiese podido elegir el
camino fácil del resentimiento y del odio, como uno que nació pata en el
suelo en Sabaneta o pasearse por el mundo para ver discriminación racial y
violaciones de otros derechos humanos donde le conviene, como el actor Danny Glover,
el amigo incondicional de Fidel Castro y de su defectuosa copia venezolana.

Pero escogió el de la excelencia ganada a fuerza de talento y de estudio. ¿Pedirle a un militar
trunco y chambón que entienda eso? Peras al olmo.

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