Opinión Nacional

La anorexia de ciertos compatiotas

La anorexia es un grave trastorno de la personalidad, que afecta y distorsiona la imagen que de sí mismos tienen quienes lo padecen, pues a pesar de que no comen suficiente y llegan a tener una figura esquelética, se empeñan obsesivamente en que están gordos y en ese círculo vicioso, su condición va empeorando, hasta producir complicaciones en el funcionamiento de diversos órganos y partes del cuerpo, que incluso pueden conducir a la muerte del paciente. Afecta mayormente a los adolescentes, en su inmadurez se dejan llevar más fácilmente por las exigencias del grupo de amigos al que pertenecen, que por lo general establecen estrictos patrones de apariencia personal, que incluyen una figura esbelta, delgada, acorde con los cánones de la industria de la Moda mundial, tal como lo refleja la mayoría de las modelos profesionales, que triunfan y se enriquecen logrando alcanzar y mantener esa delgadez, que conviene a los diseñadores y a quienes controlan el submundo de la “belleza” (Modas, Cine, TV), en el que especialmente las féminas se esmeran por alcanzar esas medidas y apariencias, supuestamente ideales.

Obviamente se trata de una forma de alienación, de interpretación distorsionada de la realidad, puesto que a medida que el anoréxico pierde peso se ve gordo en el espejo, y al reducir sus dimensiones a casi esqueléticas persiste en comer muy poco o incluso menos de lo que ya era insuficiente, y no hay manera de hacerle entender la distorsión, que está esencialmente en su cabeza, en su forma enfermiza de interpretar, tanto las exigencias del grupo al que pertenece (todos comparten esa visión y no toleran las variaciones, son inflexibles y simultáneamente rechazan cualquier otra interpretación o enfoque, que bien pudiera ayudarles a superar el problema), como su propia percepción de sí mismo (a), y se aferran tercamente a lo que sólo produce daños, a veces mortales.

También existen las alienaciones en la praxis política, las formas desviadas de entender el mundo a nuestro alrededor, que puede alcanzar grados de fanatismo comparables en su aspecto y consecuencias con la anorexia. Pero a diferencia de esta enfermedad, que afecta a muy pocos individuos, asociándolos al total poblacional de un país, las formas de alienación que induce la política, cuando en ella priva la Demagogia (lo que la convierte en politiquería, pues en su esencia están las mentiras y los engaños respecto de lo que se ha hecho y lo que se proponen hacer), conducen a una grave distorsión de la realidad circundante, que es percibida por los alienados, no como ella se muestra ante ellos, sino como se la muestran e interpretan los líderes a quienes siguen ciegamente, que inescrupulosamente adulteran esa realidad, para ocultar lo inconveniente, maquillar lo defectuoso, y ofrecer lo que sus seguidores esperan que les ofrezcan, aunque nunca cumplan la totalidad o la mayor parte de sus promesas, sea porque son incumplibles, inviables, o porque le sacan provecho a las condiciones de pobreza y de necesidad en torno a las cuales giran las ofertas (Populismo, que arrecia en época electoral), pero sin resolver a fondo los problemas básicos, corriendo las arrugas, poniendo pañitos calientes o parches, cuidándose de generar dependencia por las ayudas parciales e insuficientes que el gobierno reparte (con mecanismos sectarios, que discriminan a los que, necesitando también de esas dádivas, no demuestran simpatía o sumisión hacia la organización gubernamental, partidista o ideológica que diseña y ejecuta los repartos), y la sensación de deuda pendiente de pago en beneficio de quienes reparten, acreencia que deben cancelar mediante su activismo en favor de los repartidores, asistencia a eventos político partidistas, y por supuesto su Voto en los procesos electorales, a los que, en última instancia, son llevados arreados y a la fuerza.

El comportamiento cuasi-anoréxico deriva del enorme contraste que hay entre la imagen de la Sociedad y del País que el alienado construye en su cabeza, y la Realidad que le circunda, a pesar de que los elementos de la realidad social y nacional son los mismos, van a ser interpretados de manera distinta, y dependiendo del grado de alienación que influya en esa interpretación, la imagen resultante será aceptablemente objetiva, o recargada de subjetividades, disfrazada de lo que no es, aberrada, distorsionada.

Existen parámetros comunes en todos los países del mundo actual, que sirven para medir y establecer el grado de avance, estancamiento o retroceso que ha alcanzado cada uno, para determinar a partir de ese conjunto de referencias, la calidad de vida de que disfrutan -en promedio- sus habitantes. Tasas de mortalidad infantil y general, nivel de instrucción, esperanza de vida, inflación, poder adquisitivo, tasas de desempleo y de subempleo, diversificación de su economía, producción y productividad, clima de confianza para las inversiones, niveles de criminalidad, corrupción e impunidad, respeto a las leyes y los Derechos, cantidad y calidad de escuelas, liceos, Universidades, hospitales, teatros, medios de comunicación, y el resto de elementos propios de un país moderno, cuyos gobernantes deben esmerarse en tratar de mejorar todos esos índices, beneficiando a toda la población, sin discriminación alguna, aumentando los positivos (escolaridad, salud, alto poder adquisitivo, diversificación de la economía, esperanza y calidad de vida, empleo, confianza, imperio de la ley), como también disminuyendo los negativos (corrupción, criminalidad e impunidad, inflación, dependencia).

La Inflación, por ejemplo, en los países con una economía sana y diversificada, va del 0,1 al 3 % anuales. Una inflación del 3,1 al 7 % agrede sensiblemente el poder adquisitivo, en especial de quienes reciben los menores ingresos. La inflación que alcance entre 7,1 y 15 % ya afecta el poder adquisitivo de las clases medias, y obliga a hacer recortes en los gastos básicos, imponiendo sacrificios y reduciendo la calidad de la Vida de los afectados, que son la mayoría. Cuando la Inflación supera estos porcentajes, alcanzando entre 15,1 y 30%, ello es indicativo de un funcionamiento pésimo del aparato económico, y equivale a reducir los ingresos reales entre un sexto y un tercio, enanizando sueldos y salarios. Si además, se vulnera la cotización de la moneda nacional, devaluándola cada cierto tiempo, ya serían dos los factores de peso que actúan para debilitar el poder de compra de cada familia. La inflación en los últimos años, ha sido de 30% promedio en Venezuela. El dólar, una de las monedas fuertes a escala planetaria (en las que se realizan la absoluta mayoría de transacciones entre los países del orbe, importaciones y exportaciones), se cotizaba en Venezuela a Bs 480 al inicio de este régimen que ya va para tres quinquenios. Ha sido devaluado varias veces, y hoy por el mismo dólar debemos pagar Bs 6.300 (en la Subasta, el mecanismo donde vuelven a devaluar al bolívar, cada dólar alcanza una cotización de Bs 13.000). Doy las cifras en la misma moneda, el bolívar que se abrevia Bs, pues parte del proceso alienatorio consiste en quitarle tres ceros a nuestra vapuleada moneda, y encima afirmar que a partir de la mudanza de la coma, nuestro cada vez más débil bolívar se convierte en una moneda fuerte, y le agregan una F mayúscula al símbolo, BsF como para potenciar el engaño. Ocurre la interpretación anoréxica, cuando los responsables pretenden ocultar esa realidad, o bautizan la devaluación con el eufemismo de ajuste, y los seguidores aceptan esas distorsiones, y corean: “Así, así, así es que se gobierna”.

La Inseguridad en los países del tercer mundo es endémica, pero en Venezuela desde que al gobierno accedieron los redentores uniformados y los civiles que les lamen las botas (algunos ya hicieron pasantías con botas castristas), las cifras de todas las formas de criminalidad, y su secuela de muertes, heridos y pérdidas materiales, se ha multiplicado sostenidamente. Lo lógico sería que, habiendo disfrutado de tiempo, recursos y planes para resolver cada problema (sólo en seguridad hubo muchos), las cifras de los hechos delictivos hubieran gradualmente disminuido. Pero en lugar de dar frutos dan espinas. En 1998 la cifra de asesinatos alcanzó 4.300 víctimas. Desde 1999 ese tenebroso renglón ha venido aumentando poderosamente, se duplicó, se triplicó, se cuadruplicó, y para el año pasado, 2012, batimos nuestros propios récords con 21.700 asesinados. En atracos y secuestros también han ocurrido similares “avances”, no existe familia alguna en el país que no haya sufrido un caso de delincuencia en contra de por lo menos uno de sus miembros. La Impunidad, la falta de consecuencias legales para los malhechores, está en el 95%, o sea, que sólo 5 de cada 100 casos de violencia criminal culminan en detención, juicio y sentencia para los responsables de las fechorías. A eso debemos agregar que todas las cárceles han estado bajo el control de los mismos presos, caso único en el planeta y en el tiempo que lleva la humanidad existiendo. En prisión los reos disfrutan de armas (pistolas, fusiles, ametralladoras, escopetas, granadas), drogas, prostitutas, comodidades no previstas en el diseño original de cada penal, y celulares, con los cuales organizan y dirigen delitos que sus compinches libres ejecutan. El régimen, a todos sus niveles, siempre se ha negado a conversar o debatir con quienes representan a la Oposición, la mitad del país, pero permite la barbarie en las cárceles, y hasta negocia directamente con los Pranes, los jefes de las bandas de presos. Los anoréxicos militantes revolucionarios (aunque sus familias también han sufrido los manotazos de la permanente inseguridad) ante esta conocida realidad corean el insólito estribillo: “Así, así, así es que se gobierna”.

Esta secta militar alcanzó fama con dos golpes sangrientos y fracasados en 1992, pero se justificaban asegurando que se “rebelaron” contra la dependencia, la mala distribución de la riqueza, la Corrupción. Hoy afirman que nos independizaron. Y estamos invadidos y dirigidos por los cubanos castristas, misteriosamente evaporaron un millón de millones de dólares y piden dinero a China con la cual estamos hipotecados, a precios elevadísimos compramos chatarra bélica a Rusia, llevaron al cierre a 5.000 empresas productivas, invadieron fincas y fábricas, y hoy debemos importar el 70% de lo que consumimos, favoreciendo a los productores de Brasil, Nicaragua, Argentina y Ecuador. AD y COPEI también repartían; bolsas de comida, láminas de zinc, bloques y sacos de cemento, dinerito. Ahora el reparto es a mayor escala y organización, Consejos Comunales participan del acaparamiento y la especulación de cabilla y cemento, crean cargos aumentando artificial e injustificadamente las Nóminas en Gobernaciones, Municipalidades, Ministerios, pero sin sacar a nadie de la pobreza, que es donde son imprescindibles para que los que baten el cobre se mantengan como indispensables, y de cada operativo obtengan sus respaldos electorales y sus comisiones. Seguimos siendo un país monoproductor (aunque producimos menos petróleo y hasta importamos), un país con su mayoría en la pobreza, un país con pésimos servicios, escasez de alimentos, mercancías, repuestos, un país con insuficiencia en viviendas, salud, hospitales, parques y oportunidades de empleos genuinos, un país aliado a los peores regímenes del mundo, y sin embargo, ante esta realidad innegable, los oímos impasibles corear “Así, así, así es que se gobierna”.

Desde el 2003 se aplica el apartheid para los que aparecen en la Lista Tascón, quizá la más fascista de las ejecutorias del régimen. A la par se siembra sistemáticamente el odio y el desprecio por quienes piensan distinto, se insulta a quienes rechazan el estilo autocrático y los dogmas anacrónicos, se llama apátridas a quienes se niegan a recitar la cantaleta nazi de que la Patria es Chávez (o ahora su sucesor designado en “libérrimas Primarias”), se inculca por cadenas nacionales de radio y TV que no son venezolanos los que no sean chavistas. Promovieron la Constitución del 99 como la mejor del mundo, útil para 100 años, y desde sus inicios la han violado constantemente, tratado de reformar, enmendado. Del país que fuimos, refugio para cualquiera que huyera del terror de las dictaduras, ahora vemos a nuestros seres queridos obligados a irse al duro exilio, ante el acoso de los truhanes, oficialistas y hampa común asociados en el propósito de que les dejen el país a sus anchas. El candidato del continuismo, sufre de intensas Homofobia, Castrofilia e Ignorancia. No se le reprocha haber sido Autobusero, sino que haya dedicado la mayor parte de su tiempo en la vergonzosa condición de Reposero. La meca de esta pandilla es Cuba, el último reducto del criminal y nada socialista estalinismo, un país entregado al parasitismo cuyos principales productos son Jinetería, balsas y represión. Esta realidad la interpretan completamente al revés los adictos (a las malas mañas y el asistencialismo castrador, de quienes quedaron anclados en los años 60), y cada vez que tienen esas distorsiones frente a sus ojos, entonan a coro: “Así, así, así es que se gobierna”.

Aquellos que no sufren de anorexia política, ni su infección paralela el masoquismo social, que lleva a las masas a entregarse en una catastrófica esclavitud voluntaria, con el conformismo de las gallinas en una granja avícola -comida, agua y vacunas siguen siendo sus primeras necesidades-, deben entender que ya no es hora de posponer la acción personal, que debemos Votar y respaldar la única alternativa -HCR- de recuperación de la Democracia y la Convivencia, del Progreso y las Libertades, del futuro y todas sus posibilidades. Estos 14 años han sido demasiado barranco y retroceso. ¡ Así, así, así NO es que se gobierna !

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