Opinión Nacional

La campaña electoral

Comenzó formalmente la campaña electoral. Y comenzó con las mejores condiciones políticas, organizativas e institucionales para el oficialismo; mientras que la oposición continúa apegada a su desorganización. ¿Queda decretada de esta forma la reelección del Presidente Chávez? ¿Y significa esto que, ahora sí vamos rumbo al socialismo del siglo XXI, sin derecho a pataleo? ¿O por el contrario, la oposición desempeñará finalmente el papel que le corresponde en todo esto? Parece que llegó la hora para otra batalla decisiva por el destino democrático del país.

La ventaja oficialista

El oficialismo tiene un candidato definido. Posee unas estructuras organizativa y propagandística preparadas. Además tiene un financiamiento asegurado, y por si fuera poco, la mayoría de los componentes de la institucionalidad del Estado están articulados con la revolución. Todo esto es cierto. Sin embargo, la gran ventaja electoral del oficialismo revolucionario radica en la debilidad política y organizativa de la oposición. Esa es la auténtica diferencia. No hay otra.

El primero de Agosto comenzó la campaña electoral con un solo contrincante de fuerza en el escenario. Y eso es por sí mismo una enorme ventaja. Porque las posibilidades de triunfo del oficialismo son inversamente proporcionales a la capacidad de organización y de presión de los sectores de oposición. De allí que, el hostigamiento constante y desesperado del oficialismo contra la Asociación Civil Súmate; se replicará contra toda acción que pueda permitir la reorganización de las fuerzas democráticas. Y es que definitivamente una oposición unida y organizada puede inmovilizar a un gobierno plagado de incumplimientos y arbitrariedades.

La oposición y sus primarias

¿Posee aún alguna importancia la realización de las primarias de la oposición? Sin duda, la respuesta es afirmativa. Ahora bien, las primarias son importantes pero NO para satisfacer las ilusiones electorales de algunas personalidades que sin ningún chance electoral, hicieron gastar a los organizadores del evento tiempo y recursos. De ese lote, al menos, el izquierdista Pablo Medina aprovechó la decisión del Tribunal Supremo de Justicia en contra de Manuel Rosales, para renunciar a las primarias; así como también a la opción de apoyar a cualquier otro candidato. Sin embargo, Medina se lanzó al ruedo con la consigna de la Asamblea Constituyente. Sobre Cecilia Sosa, Enrique Tejera París, Sergio Omar Calderón, Vicente Brito, William Ojeda, Froilán Barrios hay poco que decir. Sus posibilidades son limitadas y ellos deberían saberlo. Sólo falta conocer la posición que asumirá cada uno de ellos, realizadas las primarias. Nada más.

Por otra parte, las primarias tampoco servirán para complacer los caprichos conceptuales de algunos grupos de presión que se dedicaron a obstruir y descalificar cualquier posibilidad de acuerdo electoral por la vía del consenso. Un acuerdo, por cierto, que hubiera ahorrado tiempo, esfuerzo y recursos a todos los sectores involucrados en construir una alternativa de poder en el país.

El único objetivo relevante de las primarias será contribuir a la reorganización de las fuerzas democráticas, alrededor de un mensaje unitario, democrático e incluyente y, de un líder elegido muy probablemente entre Manuel Rosales o Julio Borges. En este contexto, Teodoro Petkoff, sería un factor contributivo para el afianzamiento de esa candidatura unitaria. Es decir, y por otros caminos, la promesa de inscribir un candidato unitario entre Borges, Rosales y Petkoff gana cada día mayor espacio.

Las candidaturas no unitarias

Fuera y al margen del acuerdo unitario de las primarias destacan las candidaturas de Roberto Smith y Benjamín Rausseo. En concreto, Roberto Smith, joven y valiente empresario sigue su ruta electoral aunque sin lograr convencer. Smith –quizás presionado- por la realidad política que atraviesa su candidatura, ha venido variando su oferta electoral. De una “Venezuela de Primera”, pasó a proponer la realización de una nueva asamblea constituyente; luego ofreció la aplicación de la pena de muerte a los corruptos; y últimamente, ha extendido esta medida hasta a los asesinos también.

El otro candidato Benjamín Rausseo apareció a última hora. Y el señor Rausseo tiene todo el derecho de presentarse. Su candidatura se nos antoja como producto de tres factores significativos en nuestra realidad. El primero, es la poderosa influencia que poseen los medios de comunicación social. El segundo, es la escasa valoración que tienen algunos sectores del país de la actividad política. Y el tercero, es la extrema debilidad en que continúan sumidas las organizaciones partidistas venezolanas y sus dirigentes. De allí que, su candidatura (catalogada como anti-política) pudiera convertirse en una expresión electoral de esos sectores y grupos que lo consideren como la solución mesiánica, mágica o hasta desesperada para superar la actual situación del país. Craso error.

La abstención y de nuevo el movimiento 350

Al margen de los candidatos presidenciales no-unitarios, los representantes del abstencionismo siguen allí expectantes e inmovilizados viviendo del escepticismo y la desilusión de una parte de la población venezolana. Pero de allí no pasan o por lo menos, no han demostrado ni el empuje ni la capacidad política para asumir la dirección de la lucha opositora. Esa es la realidad.

De esta manera, la cúpula de Acción Democrática observa como su militancia busca oxígeno bajo la candidatura de Manuel Rosales. El Comando Nacional de la Resistencia ha venido asumiendo un discreto repliegue. Lo novedoso en este campo es el resurgimiento del movimiento 350. Y en efecto, de nuevo un grupo de intelectuales se ha planteado como opción, el impulso de esta alternativa constitucional bolivariana. El deber para este segmento de la oposición (Alianza Popular, Verdad Venezuela, Alianza Bravo Pueblo, Acción Democrática) es apoyar las iniciativas unitarias que lideran Súmate, los candidatos presidenciales y el resto de las organizaciones partidistas democráticas. Hacer lo contrario o apostar a su fracaso sería ayudar al oficialismo de manera directa.

El candidato unitario y la lucha por las condiciones electorales

Uno de los errores conceptuales y estratégicos que ha cometido cierta parte de la oposición ha sido contraponer la elección de su candidato con la pelea por unas elecciones limpias. Estos eventos no son contradictorios ni excluyentes. La candidatura unitaria no es otra cosa que la vocería legítima de un amplio sector del pueblo venezolano que desea cambiar la actual situación del país; mediante los medios de participación establecidos en la Constitución y en las leyes. Las condiciones electorales son parte de esa lucha por el cambio. Igual que la lucha contra la persecución política o el enfrentamiento a la pobreza extrema que padecen millones de venezolanos, o la pelea por el respeto de libertad de expresión y el respeto a los derechos humanos en sus múltiples manifestaciones. Pero hay algo más. Y es que la lucha por las condiciones electorales no es un problema sólo del vocero o candidato unitario. No. Esta lucha y todos los demás desafíos presentes y futuros constituyen una responsabilidad compartida entre el candidato unitario y de cada uno de sus representados que desea una Venezuela desarrollada, moderna, próspera e incluyente. Pero si esto no se entiende, el avance hacia la victoria será más dificultoso.

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