Opinión Nacional

La consigna es: no al cambio constitucional

La mayor amenaza que se cierne hoy sobre la sociedad venezolana y su democracia ya bastante quebrantada, es el cambio constitucional profundo que quiere imponer el gobierno, llamándolo impropiamente reforma.

Al igual que el crimen, que trabaja en la oscuridad, se pretende impulsar una modificación constitucional de espaldas a la mayoría de los venezolanos, y con lo cual buscan madrugarnos, para que no tengamos tiempo de reaccionar adecuadamente.

No obstante, han sido el Presidente y los loros que repiten sumisamente todo lo que dice, quienes se han encargado de anunciarnos por donde van los tiros en las materias más importantes.

Lo que queda bien claro es que se pretende blindar formalmente un sistema político autoritario militarista, con un Estado policial, una economía colectivista, una administración planificada centralista y una educación ideologizada.

Ante estos propósitos aberrantes, toda la sociedad democrática tiene que reaccionar al unísono. No sólo lo que conocemos como oposición sino también los sectores que simpatizan con el gobierno que no comparten esa deriva demencial en la que desean embarcarnos.

De allí que sea crucial que la dirigencia política responsable y consciente del peligro que nos acecha, que se encuentra en ambos bandos de la escena política nacional, converjan en esta cruzada, cada uno desde su trinchera, con sus especificidades, sus visiones particulares y maneras, pero apuntando al blanco de impedir que nos desbarranquemos hacia una locura y un caos político, que acabe con la poca democracia que nos va quedando.

Sé que esto es una aspiración de muy difícil concreción, pero no la encuentro imposible. Amplios sectores de la oposición y el chavismo, organizados o no, tienen conciencia de la necesidades de un diálogo civilizado y de una reconciliación del país, que no borre las diferencias, pero que abra las posibilidades de un encuentro que puede ser fructífero, para debatir sobre los problemas del país y sus soluciones.

Contra este necesario diálogo, hay fuerzas oscuras que buscan impedirlo. Empezando por el Presidente de la República, a quien no conviene, obviamente. Él reinará mientras exista la división, no sólo en las filas de las organizaciones y grupos que lo han apoyado, sino también en la oposición. Hasta ahora ha capitalizado en su provecho esas diferencias. Y un ejemplo lo vemos cuando frente a un discurso que abiertamente se deslinda de su concepción y planes, como el que recientemente dio el General Baduel, inmediatamente, en lugar de atacarlo, lo alaba. ¿Por qué lo hace, a pesar de que en dicho discurso se atacan principios fundamentales del autoritarismo que quiere instaurar Chávez? No hace falta mucho discurrir para encontrar la respuesta.

Por otro lado, vemos cómo desde la oposición, torpemente, sectores minoritarios pero con poder mediático, atacan al ex ministro, que está asumiendo una posición de defensa de los principios democráticos y de una economía libre, y en contra del sistema autoritario y colectivista que desea imponer el Presidente, en lugar de al menos saludarlo como un aporte a la lucha democrática, independientemente de que lo haga desde el campo chavista.

Así las cosas, corresponde a los demócratas de Venezuela, de ambos sectores, y a pesar de las divergencias, enfrentar el cambio constitucional que persigue establecer en el papel, una tiranía militarista y colectivista, que, no dudamos, nos conducirá a mayor pobreza, más confrontación entre los venezolanos y con el mundo.

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