Opinión Nacional

La corporeidad de la sustancia

«¿Ves ese paquete de Virginia Slims que hay sobre el piano?. Todo lo que hay que saber de la vida está entre esas cuatro paredes. Verás que a una de tus personalidades le seducen los delirios de grandeza. Un paquete dorado de cigarrillos largos con una insignia regia. Una atractiva insinuación de Glamur y riqueza. Una sutil sugerencia de que los cigarrillos son tus reales y leales amigos. Y eso Pete… es falso. Tu otra personalidad intenta que te centres en la otra cara de la moneda. En aburrida negrita y sobre un fondo blanco, aparece la afirmación de que esos firmes soldaditos de la muerte en realidad quieren matarte. Y esa Pete… es la verdad. Oh.. la belleza seductora llama a la muerte y yo soy adicto a su cautivador canto de sirena. Lo que al principio es dulce, al final es amargo.. y lo que es amargo, al final es dulce. Esa es la razón de que tú y yo adoremos las drogas…» – Monólogo de Johnny Quid en el film «RocknRolla»(2008) – Guy Ritchie

A lo largo de la historia la muerte ha sido objeto de culto, propósito, estudio, aniquilación; llena de misterio y de distintas significaciones. «Todo mensaje humano debe materializarse para poder entrar por los sentidos» – Juan García del Castillo. Para esta composición gráfica el binomio vida-muerte se contrasta y se presenta como sustancia; sus accidentes representan la moldura que realizamos a través de la significación que le otorgamos a él.
El ser humano nace, crece, se desarrolla y muere. El deterioro físico es inexorable e involuntario en su propio desarrollo, sin embargo, el libre albedrío traza los accidentes que delimitan el paso de su trayectoria.
«Las experiencias personales le otorgan un sentido y un contenido agregado
a los objetos» – Juan G. del Castillo, por ello el protagonista percibe su entorno y los objetos con los que se compone, luego les atribuye significación y maniobra su realidad. 5.500.000 personas mueren al año a causa del tabaco, es un hecho social noticioso, alarmante. El protagonista está consciente de ello, la sociedad también lo está. Lo lleva tatuado en su antebrazo como reflejo de la conciencia humana. Sin embargo él elabora el rumbo de su vida, sentado sobre el propio lecho de su muerte.
La composición, la superposición de objetos y su ordenación generan un código: «No hay mensaje humano que no esté depositado en un código. No hay código que no esté formado por objetos y su ordenación.» – Juan García del Castillo.
Según Mcluhan el espectador «busca los estímulos que le despiertan su propia imaginación». Toda aprehensión de conocimiento se halla en la búsqueda permanente de los individuos en la decodificación de códigos para luego reorganizarlos y generar nuevos conocimientos. Un buen mensaje es conocimiento en potencia, a posteriori, una herramienta.
Sin duda, he allí el propósito de nuestra composición: elaborar un mensaje. Le corresponde al espectador «hallar los estímulos que despierten su propio juicio e imaginación».
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