Opinión Nacional

La corrupción en PDVSA o los millarditos en la poceta

Tengo una lectora suigeneris a quien le envío mis bits y que responde acusándome de belcebúismos diversos, incitándome a que personalice mis opiniones, cambie de piel y –en fin- que piense como ella. Me recuerda a los colegas creadores ñángaras de los años 60 que compartíamos en el cafetín del Ateneo de Caracas regentado por el viejo Eduardo, en un entonces donde los contrarios podíamos convivir como la gente, pese a confesiones de asaltos a trenes, secuestros de coroneles y armas guerrilleras que ocultaban, y quienes también tenían cierta intolerancia para entender que Rómulo Betancourt y/o Héctor Mújica pasaban por mi casa para hablar pendejadas con mi vieja, causándome similar intolerancia e incomprensión mientras se comían las mejores hallacas, que –por supuesto- eran las de mi mamá.

Quizás sea, carísima suigeneris, por la influencia de amistades familiares tales, o por herencia, que cultivamos asco y aversión por asesinos y ladrones, sean del bando que sean, porque –créeme- están en todas partes (en todos los partidos y entre excesos independientes), para desgracia y vergüenza del colectivo nacional. Son como los oportunistas y mediocres a quienes se les otorga poder sin poseer una ñinga de capacidad ni talento para ello. Pero la vida es dura, cariño. Y continúa. Hay que pasar por encima de los errores y darle prioridad a las bondades y los bienes que nuestro hermoso país y nuestra más hermosa gente merecen. Hay que aprender a tragar lo amargo y precipitar el florecimiento de lo que en la vida es mejor. Y hay que tener las agallas –para no decir las bolas- de reconocer la porquería donde esté (venga de donde venga también).

Hace 5 o 6 años, ya el mesías de Sabaneta calentaba las orejas de otros ñangarosos colegas del sector cultural inculcándoles el profundo aplique castrocomunistoide: con la revolución todo, contra la revolución nada. Y tal como me lo contaron esos colegas que se reunían en Parque Central, lo cuento: el gran fin estratégico sería la toma de PDVSA. Y hete aquí todo lo que la robolución ha hecho con la gallinita de los huevos de oro, con las más terribles garras de la rapiña y sin gazmoña beatería ideológica.

Las cajas negras se destapan para saber la verdad. En este instante, PDVSA es víctima de un saqueo donde ya han desaparecido más de dos millarditos de dólares (más de $2.200 millones) sólo por vía del contrabando de hidrocarburos (véase El Mundo 22 y 23/01/2004). Así lo afirma el Consultor Jurídico (ex defensor de los sublevados del 4 de febrero) recién destituido de PDVSA (donde llevaba casi un año) por andar hurgando en el cardumen de turbios negociados de la rapaz robolución.

Se confirma así que no es sólo el hueco negro con que Cuba chupa al enamorado de Sabaneta, con todo lo traicionero y vendepatria implícito, sino que de Venezuela está saliendo un chorro de petróleo (y derivados) con la aprobación de una claque engangrenada en PDVSA que ha llevado la espeluznante corrupción a sus más grandes niveles de refinamiento.

Según la información suministrada, el saqueo es un festín de ladrones protagonizado fundamentalmente por dos miembros del PPT, dos militares y el MVR, quienes son “la PDVSA que ahora es de todos los venezolanos”, como publicita el chavismo generosamente para tapar los huecos del delito y la ilegalidad que los disloca.

De tal manera es que se pone en gravísimo peligro el futuro de nuestra principal industria y de todos los venezolanos, y de ahí la motivación tras la gigantesca fábrica de falsedades y de anarquía que el chavismo está promoviendo descaradamente como su mejor defensa ante la opinión pública, desfigurando y buscando la abolición de la democracia y el Estado para reemplazar todas las formas de autoridad gubernamental por una “libre” asociación y una cooperación voluntaria de individuos, compañías y grupos, ladrones y caóticos todos.

Como toda anarquía, no saben cómo lograr su descalabro y aplican una acción directa hostil a todo e impregnada de negaciones, ciegos y sordos ante las realidades que explotan en su cara. Y llenándose, para comprar todas las instituciones y las conciencias de quienes osen contradecirlos, cuando no para reservar sus mansiones extraterritoriales y cubrir su huida. E incapaces de contener la voracidad insaciable que los embarga, cual vorágine desatada, persiguen también las reservas internacionales del Banco Central.

Pero la democracia –que construimos con paciencia, solidez y por encima de otros ladrones y asesinos- se ha levantado como una muralla poderosa e indestructible, enraizada profundamente en las conciencia de la gente, y que no les permite instalar una tiranía autoritaria a la cubana, que sería la única manera de lograr su metas pútridas y retorcidas, peores que las más retorcidas que en los “40 años” hubo, tal como podremos ver cuando sus diversas cajas negras reverberen ante la clara luz pública.

Y junto a esas auditorías que esperan su turno al bate, hay unos jueces y árbitros que no saben qué hacer con el madero. Esperemos que no crean que el palo es de piñata, o que es la varita mágica del cuento de hadas. ¿Con la vara que mides serás medido era la cosa?

Así es que, mi querida amiga suigeneris, nuestras raíces y apuntes no son precisamente para pasarlo cómodamente en un palco de sombra esperando a ver qué vendo o quién compra alguna mercancía. Quizás sí seamos algo útil, o como dijo Rodolfo Santana en la introducción de un libro mío: “seremos un manojo de nervios que habla y codifica intentando explicarse y, como dicen muchos escritores: ‘tratando de ser querido’ ”.

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