Opinión Nacional

La crisálida militar

Las acciones subversivas oficiales que se vienen aplicando en Venezuela obligan a una estrategia indirecta por parte de los militares con miras a que el terrorismo lo pierda todo. La inteligencia militar, ahí donde pueda estar sobreviviendo, juega hoy una posición subordinada, pero concurrente con otras acciones de distinto nivel, particularmente civil. Donde la hora está demostrando el predominio de la serenidad sobre el apasionamiento. Poco a poco se van conociendo los posicionamientos de los Gobiernos que tutelan grupos terroristas, clarificándose a la vez las actitudes de las organizaciones que desean que se produzca pronto una represalia militar para redoblar la campaña que paralice a las unidades desplazadas hacia las zona de soberanía de aquellos Gobiernos afines al fenómeno terrorista.

Hay indicios bastantes para pensar que se requiere paralizar a los grupos terroristas. Tales Gobiernos protectores de acción subversiva no adoptarán posturas benévolas a favor de las previsibles víctimas del terror. Ya lo hemos visto. Tales enemigos insidiosos y violentos no se van a entregar ni a arriesgar a verse prontamente neutralizados, ya que la estrategia de los grupos terroristas es la supervivencia y la práctica del enmascaramiento. De ahí la necesidad de una estrategia indirecta de variables fines y duración.

Hablamos de una estrategia activa destinada a producir daños a un cierto ritmo, sin prisa y sin pausa, de constantes sorpresas, zona por zona. Es una estrategia combinada con presiones directas contra los apoyos financieros, políticos y sociales que se le brindan a los Gobiernos protectores de los agentes del terrorismo. No se trata de una obsesión por la ocupación militar de territorios, ni siquiera de las guarimbas gubernamentales de hecho alineadas para la subversión de los valores democráticos.

La estrategia indirecta es muy elocuente, pero sin explicaciones a priori. Es elocuente respecto al terrorismo, al que se le niega el descanso de una tregua y el disfrute de una retirada simple. Y es elocuente respecto a la propia opinión pública, ya que a ella se le deben ofrecer resultados positivos, progresiva disminución de la agresividad ya acumulada por los terroristas. Pero no es una estrategia absolutamente resolutiva: cualquier enemigo ya iniciado en el terror lleva odio y hostilidad en su propia naturaleza.

Para ser verdaderamente efectiva, una estrategia de presión militar sobre un adversario encubierto ha de ponerse al servicio de una política de localización del conflicto, si se quiere que el conflicto no se generalice. Las acciones militares de réplica –dentro de su crisálida- han de ocupar una posición subordinada a una política de mayor envergadura, que no se conforme con el mero diseño de planes de operaciones resolutivas.

Se trata de capturar a los principales sospechosos de desencadenar el terrorismo, arrancándoles de sus guaridas, dentro de una estrategia dirigida contra los Gobiernos que se resistan a su inmediata entrega para verles sometidos a la justicia. Se tiene fundada sospecha de que en las tierras ocupadas por tales “hombres” se preparan nuevas agresiones, lo que legitimará una operación militar contundente, al salir de la crisálida. La estrategia de apoyar militarmente a las partidas de guerrilleros hostiles a unos Gobiernos totalitarios, que se suponen cómplices del terrorismo, podría emprenderse con la única justificación de incoar un posible relevo político en favor de nuevos dirigentes, cuya conducta previsible como gobernantes resulte propicia al retorno de la paz.

No se trata de realizar un escarmiento que deje paralizados a miles de hombres en el entorno geográfico de donde se supone emanaron las decisiones asesinas. Se trata de la prevención de la repetición de actos tan vituperables y, en definitiva, del incremento de la seguridad de todas las gentes realmente amenazadas por el terrorismo. Esta es la finalidad de desplegar un potencial militar disuasorio, en zonas concretas, con capacidad de acción. Es más que una simple represión militar. Es la maduración del conocimiento de la naturaleza del conflicto terrorista. El castigo por asesinar a nacionales está orientado a que el ejercicio de las libertades democráticas permanezca sin interferencias indeseables, no sólo entre nosotros, sino en todas partes.

En la urgente localización del área de conflictividad lo que late es una cuestión de seguridad más que de justicia o libertad. Extender el conflicto forma parte de los propósitos de los grupos terroristas; localizarlo es la finalidad del compromiso adquirido por la democracia. De lo que se trata es de avanzar en la garantía internacional de un mayor grado de seguridad para las vidas de los componentes todos de la población civil.

La estrategia, en síntesis, es la conversión de un territorio de guerra en morada de paz. No se trata de incrementar bombardeos ni de incrementar un estado de guerra, pero sí de no ignorar las diferencias entre maniobras estratégicas y maniobras tácticas. La estratégica es distancia, la táctica es contacto. La estratégica permite mejorar el despliegue propio y perturbar el despliegue enemigo. La táctica es confrontar en las mejores condiciones de victoria. Sólo después de una estrategia operativa bien ajustada a la situación puede ordenarse una táctica con posibilidades de ejercer pronto el dominio sobre el terreno disputado.

De ahí que la marcha de los acontecimientos militares deba hacerse con extrema cautela. La actitud es defensiva. La sorpresa es esencial. No hay que perder la invulnerabilidad. La prisa acelerada es mala consejera. La prudencia paciente es una guía valiosa que se reserva el derecho a decir cuándo y cómo. Si las cosas se hacen bien, transcurre un período de tiempo donde todo son maniobras estratégicas en profundidad. Luego existe la maniobra táctica ofensiva sobre la presunta línea del frente.

Este período de tiempo puede y debe ser utilizado para ganarse a la opinión pública, tanto nacional como internacional. Puede esperarse algún cambio climático. Un derrumbe político en la retaguardia enemiga. Pero la confrontación bélica es más complicada. Es asesinar a venezolanos. Pero no hay que esperar resultados ajenos a la efectiva superioridad del mejor de los ejércitos en presencia. La incertidumbre aun constituye un elemento esencial del arte de la guerra. Pero las artes de la paz son siempre superiores.

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