Opinión Nacional

La crisis no ha terminado: el Referéndum viene

El régimen estaba el 11 de abril en extrema debilidad. Hoy está peor. No cuenta con la mayoría del país, tampoco con la Fuerza Armada. Pocos creen sus propósitos de enmienda. Como de costumbre, Chávez toma los efectos por las causas.

La falta de diálogo no es la causa sino la consecuencia del desastre. El problema es la existencia de un régimen autoritario que copó todas las ramas del Poder Público a través de sus mansos sirvientes. Si esto no se desmantela, el diálogo no es más que una farsa para ganar tiempo. Diálogo no es ofrecerle a Carlos Ortega respetarle su libertad; esto es un deber de un Estado democrático.

El gobierno está atrapado entre la presión para que cese el autoritarismo y la de los Círculos del Terror que forman su única base de apoyo sólida. Pero no tiene corpulencia para salir de esa tenaza. Recomponer la voluntad de la nación a través del Referéndum consultivo es un imperativo para saber si el país quiere o no seguir con Chávez. Un cuadro político diferente se puede construir para promover una confluencia democrática. Si no se recompone la legitimidad, la crisis empeorará. Los dilemas son terminales.

De Chávez I a Chávez II

En medio de muertes comenzó un 4 de febrero el periplo del Teniente Coronel. Esa travesía terminó el 11 de abril de 2002, cuando sus tropas de asalto asesinaron en las calles a venezolanos. Toda su jornada está manchada de sangre.

Chávez I llegó al poder en 1999 sobre la base de una mayoría sólida y lo ejerció agrediendo sin misericordia a la disidencia. Chávez II retomó el poder el 14 de abril de 2002, pero ahora sobre la base de las bayonetas, de los grupos de asalto y del apoyo de un sector de la sociedad.

Su gobierno nació democrático y dejó de serlo para transformarse en autoritario. El control de todo el Poder Público; la agresión a la libertad de expresión; el escarnecimiento a la disidencia; el Poder Ciudadano trocado en Círculo Bolivariano; la obsecuencia del CNE; el Tribunal Supremo convertido en Consultoría Jurídica de Miraflores han sido sus características. Además, se han conformado tropas de asalto que rodean medios, golpean periodistas y hostilizan a todo aquel que tenga rostro de “escuálido”.

En ese marco creció un movimiento gigantesco que se planteó la necesidad de que Chávez saliera de la Presidencia. Fue un movimiento en el cual convergieron muchos torrentes disímiles. La agresión contra PDVSA fue el catalizador de esa emoción; entonces la CTV y Fedecámaras, con un amplísimo apoyo nacional, tomaron la conducción de las movilizaciones.

Fue un movimiento cuya dinámica lo condujo a plantear la renuncia de Chávez. Del mismo modo en el cual han salido otros presidentes que, ante la arremetida popular, pacífica y masiva, se fueron, para abrirle espacio a un gobierno de amplitud.

Aunque un sector de la sociedad ha querido salir de Chávez “de cualquier modo”, lo cual es una metáfora del golpe de estado, la oposición no ha sido golpista. A lo largo de muchos meses ha bregado para construir un movimiento popular democrático capaz de promover la salida del Presidente.

El 11 de Abril

La manifestación del 11 de abril se hizo insurreccional por la fuerza de calle que tenía y la tozudez del gobierno al enfrentarla. El poder de masas que se estaba acumulando fue tan grande que Chávez estaba saturando los medios con interminables “cadenas” para disimularlo. La arremetida contra la libertad de expresión fue abusiva y descarada. La insolencia presidencial no tenía límites. Basta recordar cómo botó a la gente de PDVSA, sonando un pito, con el nauseabundo “pa´fuera”, del cual hoy dice arrepentirse. Al final, sacó del “aire” a las televisoras mientras las tropas de asalto perpetraban la masacre.

Cuando la manifestación adquirió conciencia de su fuerza se fue a Miraflores a pedir la renuncia. El régimen sabía que si llegaba al Palacio, Chávez tendría que irse porque la disidencia había tomado la calle. Fue entonces cuando las tropas de asalto dispararon a mansalva contra la gente que venía en forma pacífica. Familias enteras fueron víctimas de la arremetida fascista ordenada por Chávez mientras hablaba en cadena, precisamente para impedir la transmisión de la represión de sus hordas y de la Guardia Nacional.

Vienen los militares

En ese marco, las voces militares hacen lo correcto desde una perspectiva democrática: se enfrentaron a la represión sangrienta que se estaba escenificando en las calles, a la cual estaban contribuyendo las bandas fascistas del gobierno y la Guardia. El Alto Mando de la GN y del Ejército hicieron lo que Chávez había dicho tantas veces que había que hacer: no dispararle al pueblo; en este caso, contraviniendo sus órdenes.

En ese momento los militares apoyaban a la sociedad civil en la calle. El protagonista era el ciudadano común demandando la renuncia de Chávez y los militares impidiendo con espíritu democrático la masacre que se les ordenaba. Así salieron Fujimori, De la Rúa y Mahuad, entre otros.

Sin embargo, a partir de entonces dejan las masas de hablar y entran los militares a decidir. En ese instante, cuando se excluye a las organizaciones sociales del proceso que conducía a la renuncia de Chávez, la Fuerza Armada secuestra al movimiento civil y, en su nombre, se comienza a constituir un nuevo gobierno. La FAN inicia un golpe, cuando el llamado que la sociedad civil organizada les había hecho durante meses era, más bien, el de ayudar a evitar el autogolpe.

Sus queridos militares obligan al Presidente a irse, luego ponen a Carmona, a las horas liquidan a Carmona y vuelven a ponerlo a él, mientras la sociedad civil fue excluida del escenario y de las decisiones.

La inmensa rebelión civil contra el autoritarismo, que inflamó el ánimo de una población dirigida a la restitución democrática y que se expresó en aquel inmenso río que se desparramó por Caracas, fue confiscada por los militares. En el momento en que éstos dejaron de apoyar para pasar a dirigir, en ese fugaz minuto en que se hicieron propietarios de algo que no era de ellos, la rebelión popular se transformó en un golpe de estado. Cuando fue ungido el nuevo Presidente ya era rehén de un proceso que no controlaba.

El nonato

El gobierno de Carmona estaba secuestrado por los militares. El golpe de estado que dieron contra Chávez, en el mismo momento y con las mismas armas, se lo dieron a la sociedad civil. Cuando Chávez sale del juego, salen del lugar de las decisiones también Carlos Ortega, la CTV y los dirigentes civiles.

Todo lo que siguió después estuvo colgado de la nada. El gobierno de Carmona, como se supo después, no llegó a existir. La eliminación de los poderes públicos, la disolución de la Asamblea y la amenaza sobre gobernadores y alcaldes, constituyeron un modelo de ilegalidad e ineptitud.

Todos los militares, incluidos Lucas Rincón y Raúl Baduel, fueron y vinieron varias veces. Estuvieron dispuestos a reconocer al nuevo gobierno en determinadas condiciones. Chávez dejó de ser Presidente y su General de confianza así lo anunció. La FAN no solamente se fracturó, sino que en masa abandonó a Chávez cuando sus mandos lo dispusieron. Resultó que Chávez tampoco conocía a la FAN como se ufanaba.

Los militares han dado volteretas sinfín estos días. El hecho de que algunos oficiales que han sido parte orgánica del “puntofijismo” hayan ingresado a la revolución con apenas un cambio de discurso; que los “leales” hayan depuesto a Chávez sin que se les moviera el músculo de la vergüenza, para más adelante deponer a Carmona con displicencia, es expresión de una destrucción de valores. Ni fueron leales a Carmona cuando lo impusieron ni son leales a Chávez cuando lo reinstalan. Existen los militares, pero la institución, no.

La derecha y los Círculos del Terror

Frente al populismo de Chávez, a su demagogia y a su radicalismo, hubo quienes pensaron que la hora era llegada para sustituirlo por su opuesto. El tono de la toma de posesión de Carmona, el contexto, los asistentes, los inasistentes, las medidas de supresión de los poderes públicos constituidos, fueron factores para encender las luces rojas. El nuevo gobierno adquirió un “tono” de derecha que una sociedad fuertemente radicalizada en el marco del gobierno de izquierda de Chávez no podía asimilar. Incluso, la escogencia de Carmona, al margen de sus méritos personales, era la del representante más conspicuo de los empresarios, que a muchos significaba la negación de conquistas y posibilidades.

Debe haber quedado claro que la derecha no será, ni puede ser, la sucesión de Chávez. La plutocracia se suicidó en este viaje.

A la vez, un inmenso error de la oposición fue no tomar en serio, hasta ahora, el papel de las tropas de asalto del chavismo. Éstas actuaron a plomo limpio. Han sembrado la desolación y el terror sin que sus líderes las hayan aplacado. Sólo el hartazgo y el cansancio ha puesto un límite a su depredación. Al amparo de estas turbas organizadas se desarrolló la masa de saqueadores sin control. Los Círculos del Terror son las únicas fuerzas armadas leales del régimen.

Chávez hoy

El discurso de Chávez al ser reinstalado por los militares, fue de concordia. Esta actitud tiene una dimensión humana. El hombre detenido el 12 de abril era el que había sido visitado por la gloria y la historia. Ahora era un líder derrotado por el pueblo que decía representar y por los militares que suponía totalmente leales. Un drama terrible debe haber vivido y ante un trauma como ése, puede haber cambios; incluso sólidos propósitos de lograrlos. A los muertos del 4 de febrero debe sumarles los del 11 de abril. Demasiados muertos para una revolución “pacífica y democrática”. Reflexionar ante esa responsabilidad no debía ser imposible.

La otra dimensión es que Chávez ya no es el preso de La Orchila, sino el preso de otros ejércitos. La FAN lo tumbó y lo hizo preso: está ahora montado sobre las bayonetas, constreñido por las fuerzas sociales que a punta de saqueos, violencia contra los medios y agresiones en las calles, reivindican un papel en su rescate. Es prisionero de los “duros” que claman venganza. El grupo intolerante que dominó el chavismo viene por el desquite. Quieren el autogolpe. Vienen contra los medios y los periodistas, contra la CTV y Fedecámaras, contra los militares no revolucionarios y contra la sociedad civil.

Amanecerá y veremos

La Venezuela que desfiló el 11 de abril y que pensó que ese día alcanzaría el cielo, está allí. La crisis que motivó su participación, permanece. Los líderes que produjo, subsisten. El recuerdo imborrable de cómo se pone en movimiento una fuerza social descomunal, está presente. Los que marcharon, con la terrible excepción de los asesinados, están vigorosos, con sus conciencias estremecidas pero con sus principios intactos. La resistencia a la intolerancia sigue, la esperanza de construir un país mejor está marcada en forma indeleble en la gente que marchó en esa gloriosísima jornada.

La libertad de los presos, el cese a las agresiones contra los medios y los periodistas, el enjuiciamiento de los denunciados por corrupción, el nombramiento del nuevo Consejo Nacional Electoral, la búsqueda de la independencia de los poderes públicos, la renuncia del Fiscal, el Contralor y el Defensor del Pueblo, el trato respetuoso a gobernadores y alcaldes, el nombramiento de una directiva de consenso en PDVSA, la desmilitarización, el desmantelamiento de los Círculos del Terror, la creación de la Comisión de la Verdad, y el reconocimiento de la CTV, son objetivos del diálogo.

Tenemos a una oposición conmovida, sin duda; pero también a un gobierno destrozado y a una FAN desbaratada como institución, aunque con los cañones en su poder. El país tiene varios aprendizajes. Aprendió que Chávez es derrotable con un poderoso movimiento democrático en la calle. Aprendió –tal vez en forma definitiva- que los militares no son solución de nada. Aprendió que la plutocracia existe y que ésta quiso confiscarle su lucha a los ciudadanos de a pie. Aprendió que la imbecilidad es un bien democráticamente distribuido entre las élites.

En la memoria de Venezuela está inscrito que el 11 de abril un pueblo emocionado derribó a Chávez. Esa verdad imborrable está allí, viva, y muestra que los ciudadanos por unas horas lograron una hazaña. No hay que olvidar que el coraje moral de la gente está intacto. El referendo consultivo sobre la permanencia de Chávez, espera pacientemente por el pueblo.

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