Opinión Nacional

La Cuba que explota en silencio

¿Cuánto tiempo podrá subsistir impávido un país de doce millones de habitantes, con una factura anual de 1.800 en alimentación que devora las arcas del Estado, dónde sus habitantes sobreviven con menos de medio dólar al día, están impedidos de viajar libremente y sometidos a un régimen castrador de libertades? ¿Serán suficientes los aportes dadivosos del Gobierno venezolano para paliar la crítica realidad de ese país, o apenas ello representa una gota en el océano de necesidades que ataca desde hace tiempo a la isla?

Sobre la realidad cubana y la relación real que existe entre los gobiernos de La Habana y Caracas disertó largamente el abogado, político, escritor y columnista venezolano Américo Martín, con los miembros de Analítica Premium el pasado jueves, quienes alternaron con el expositor en el uso de la palabra para desnudar el panorama sombrío que parece tocar la puerta del régimen castrista.

Conocedor profundo de la realidad cubana, sobre la cual ha escrito ya dos libros –América y Fidel Castro (Panapo, 2001) y La sucesión de Castro: una herida abierta (Alfadil, 2006), Martín abundó en datos, cifras, episodios y realidades que hacen del actual cuadro político y social del pueblo cubano una auténtica bomba de tiempo que, en relativo poco tiempo, pudiese estallar irremediablemente.

El caso refiere, en concreto, a un país en que el salario mínimo promedio de un profesional ronda los 17 dólares al mes, aunque el pago real es de 400 pesos, moneda no convertible; la libreta de racionamiento apenas cubre algunos productos básicos y alcanza para 17 días, y el resto del mes depende del ingenio para resolver y atender las necesidades básicas.

“El robo está institucionalizado. Ya las autoridades discuten sobre la viabilidad del sistema”, resalta el analista.

Cuba importa la mayoría de sus alimentos lo que le implica al Estado una erogación de 1.800 millones de dólares al año. En el alto gobierno, según Martín, han barajado alguna vez la posibilidad de eliminar los subsidios a la comida vistos los altos costos que implican, “pero los cubanos no odian la tarjeta (de racionamiento”, lo cual reporta para la dirigencia cubana un dilema difícil de resolver.

El 26 de julio correspondió a Raúl Castro pronunciar un discurso ante la asamblea del partido comunista. “Debió darlo mientras le temblaban las piernas”, comenta Martín, a juzgar porque el presidente cubano es un hombre inseguro, alter ego de una relación paterno filial con su hermano Fidel donde siempre llevó la peor parte, y lleno de grandes dudas sobre la efectividad y el funcionamiento del sistema político implantado en la isla.

“El socialismo está en coma”, dijo en esa oportunidad Raúl Castro, rememora Martín, para quien la frase encierra las angustias sentidas de alguien que urge por reformas estructurales.

En esa línea política, el Presidente cubano repartió más de un millón y medio de hectáreas de tierras ociosas del Estado para que fuesen trabajadas por particulares. Llegaron 100.000 solicitudes y se llegaron a aprobar cerca de 80%.

“Se despertó en el Gabinete la ilusión por el cambio, también la población tiene esos mismos deseos; el descontento es muy grande, pero los seguidores de Fidel atacaron el esquema de la apertura al considerarla contraria a toda la prédica marxista”, añade Martín.

Empero, las propias escisiones de la “nomenclatura”, amén de las sombras que aún arroja la figura de Fidel en los planos decisorios, han puesto un freno a las reformas que se avizoraban desde el ascenso de Raúl a la silla principal de La Habana.

“Lo que funcionan, en gran parte porque el propio Raúl Castro las constituyó durante el llamado Período Especial (1991-1994, cuando la Unión Soviética dejó de subsidiar a Cuba, debido al derrumbe del socialismo real), son las empresas militares, que cobran en divisas y pagan en pesos, y tienen el monopolio de la poca producción que hay en la isla. Sin embargo, también tienen un límite”, explica Martín.

En efecto, el Grupo de Empresas S.A. está bajo el control de Raúl Castro, pero la facción que Martín denomina “autogestionaria”, compuesta por seguidores de la línea dura del régimen, critican la presencia de una corporación estatal que expele un raro tufillo capitalista.

“Es inevitable la apertura económica en Cuba. Los cambios de Raúl son muy modestos y están bloqueados, pero la crisis es espantosa. La salida es el modelo chino (comunismo en lo político, capitalismo en lo económico) o abrirse a occidente”, asevera Américo Martín.

¿Cuál es el peso específico de la ayuda venezolana a Cuba? De acuerdo con el analista, prácticamente se trata de “una gota en un océano” a la sazón de los severos problemas estructurales de un país que se acostumbró a vivir de los subsidios, otrora de la URSS, luego de otros países.

“La ayuda está disfrazada con entrenadores deportivos, médicos, asesores… es difícil de cuantificar. Chávez dijo hace algunos años que Cuba y Venezuela eran un solo país y un solo gobierno, pero eso no cae bien por La Habana”, concluye Martín.

 

VIDEO: Américo Martín habla sobre Cuba y la relación con Venezuela

 

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