Opinión Nacional

La década pérdida

Ya se ha consumado el 9% del Siglo XXI, o el 90% de la primera década del nuevo milenio- da lo mismo a los venezolanos- quienes no han visto a su país progresar en las últimas tres décadas. 93 dólares de cada 100 provienen de la exportación petrolera, recurso natural que se encuentra en el país pero que no es producto directo del esfuerzo nacional; es decir, la mente creativa nacional sólo logra obtener 7% por concepto de exportaciones al mundo. Esto no sería tan grave económicamente (pues al fin y al cabo dinero es dinero, del petróleo o no) si Venezuela tuviese algún tipo de control sobre los precios del crudo, pero la influencia que como país ejercemos sobre nuestro recurso está limitada a: proponer recortes a la OPEP y asegurar una sana y estable producción nacional (que ahora ni hacemos). Esto no es un tema político, no se trata de derecha o izquierda, es una realidad económica latente que afecta a millones de venezolanos y pone nuestro futuro en una frágil balanza sobre la cual no tenemos influencia decisiva- el mercado mundial-. ¿Qué puede hacer Chávez o Rosales, el PSUV o AD, sobre si mañana Israel ataca a Palestina, o si Irak invade Kuwait, o si un científico en Bruselas encuentra una forma de energía sustentable salida de la concha de un camarón? Ninguna. Esto se sabe desde la época de Arturo Uslar Prietri, y sin embargo teniendo una magnifica oportunidad en esta década para finalmente “sembrar el petróleo” con el boom de más de 135 dólares por barril, Venezuela una vez más debe apretarse los pantalones y rezar para que el mundo continúe su adicción al crudo. La economía de Venezuela es una ruleta rusa, es seguro que vamos a morir sólo que aún no sabemos cuando nos tocará el tiro, o al menos no lo sabíamos, hasta ahora.

Este artículo trata de enumerar algunas de las razones por las cuales Venezuela perdió esta década y si es o no posible recuperarla.

El Reinado de Chávez- contradicción acción-retórica.

A comienzos del año 1999 Venezuela sabía que quería romper con el pasado nacional, la exacerbada corrupción, la exclusión social, la pobreza intelectual de nuestros habitantes entre otros problemas; y una mayoría del país pensaba que la respuesta era Hugo Chávez Frías. Chávez decide, junto con el grupo que lo apoya, que para modificar al país y lograr “el cometido de la revolución”, las estructuras legales, sociales, políticas, económicas y jurídicas debían cambiar. El primer paso para ese proyecto fue la Asamblea Nacional Constituyente. Ese enfoque de cambio de sistema y restablecimiento de todas las estructuras puso a Chávez inmediatamente en un juego político de poder entre viejas fuerzas- la de la izquierda venezolana que data incluso desde el MIR y que lo apoyaba y la de la llamada IV República. En ese juego político, y esto es algo que ha escapado de muchos análisis, surgieron rencillas del pasado entre bandos políticos y figuras políticas que desde un comienzo se veían en términos contradictorios. Chávez en vez de desligarse de esa batalla de antaño fue fomentador de ella e inmediatamente el discurso político nacional se torna en una guerra sin tregua entre los adeptos a la “revolución o a la izquierda” y los opuestos a ella o “de la derecha”. El gobierno de Chávez ha confundido acción social o políticas sociales con dominio social del estado, y capitalismo salvaje con actividad económica privada. Sea ello por interés político personal o por confusión sensata es algo escapa del presente análisis pero lo cierto es que tal confusión ha llevado a Venezuela a los niveles paupérrimos actuales.

La acción del gobierno se ha centrado por un lado el de contener los ataques de la oposición, por el otro en fomentar una economía “social” donde el estado es el principal promotor y por último en impulsar una nueva ideología mundial Como era de esperarse, un estado sólo puede hacer tanto en la economía de un país, y el dinero del petróleo se ha estado invirtiendo sin planificación, creando estructuras sobre estructuras, burocracia sobre burocracia. La inversión privada se le ha ido espantando con una mezcla de inseguridad jurídica, inflación, excesiva regulación y crecientes impuestos. Resultado, como venezolanos, lo mejor que hacemos como país es lograr que el mundo nos compre 7% y el resto del 100%, viene del petróleo, que lo controla el Estado. El 93% de nuestro presupuesto depende del valor del petróleo, el cual no controlamos en lo absoluto, y por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, el recurso llegó a un precio elevadísimo y ahora se desinfla sin tregua, haciéndonos cada día más pobres. Chávez prometió cambiar los vicios del pasado, pero simplemente los exacerbo, y aunque quedan como legado algunas obras de infraestructura y sociales- lo cierto es que ellas no son ni más ni mejores que lo que dejaron algunos de la IV República.

El dinero del petróleo tuvo que ser invertido como un motor para la transformación social y económica como han hecho algunos de los países árabes, pero especialmente Dubai. En vez de generar un plan estratégico para que Venezuela fuera líder latinoamericano en algunas industrias (por ejemplo el Turismo) y combinar una infusión de capital privado con capital público para generar industrias que mermaran nuestra dependencia al precio del crudo, el estado ha sabido endeudarse más y más, expropiando, y adquiriendo empresas. Esas empresas serán deudas y más deudas en las espaldas de los venezolanos que las pagaremos con más impuestos y mayor inflación.

La famosa reforma agraria el mejor estilo revolucionario sólo ha servido de propaganda política y de quitarle la tierra a unos y pasarla a otros. Aunque es injustificable que algunos venezolanos fuesen dueños de extensiones de tierra tan inauditas, las cuales tenían en baja producción y pagando miserias a sus empleados, es igualmente insensato simplemente quitar tierras y no hacer nada con ellas e incluso, dañarlas más de lo que es ya están. En 10 años de gobierno, donde se pudo poner un plan sensato de producción agraria con una simbiosis de empresarios, ganaderos y cooperativas para generar empleos, progreso, descentralización y bajar nuestra dependencia de las importaciones, lo único que se ha generado es una rencilla entre terratenientes y estructuras ineficientes del estado.

La destrucción de Vargas planteó una oportunidad brillante para reconstruirla y convertirla en un “paraíso” tropical que atrajera turismo nacional e internacional. Eso hubiese generado seguridad en la zona, infusión de capital, propaganda internacional favorable, entre otras muchas ventajas. Eso es vender al país, en el buen sentido de la palabra. Vender un servicio y recibir una gran contraprestación, y a diferencia del petróleo, el turismo depende en gran medida de nosotros, ya que somos nosotros los que ofrecemos ese servicio. Vargas aún sigue siendo, salvo algunas pequeñas construcciones, un pueblo desolado.

Si Chávez hubiese sido más visionario, hubiese invitado a una colaboración honesta con el sector privado nacional e internacional para fomentar diversas industrias, y el excedente del precio del petróleo se hubiese podido invertir con mucha más fortaleza en infraestructura (carreteras, puentes, ferrocarril, líneas de metro) y tendríamos un país muchísimo más comunicado. En vez, casi todos esos proyectos aún son inconclusos y con la baja del petróleo, sus vidas están en peligro.

La práctica de los microcréditos es muy importante pero fue sumamente mal empleada por el gobierno. Los microcréditos tuvieron que ser, una vez más, una combinación de capital privado y extranjero que ayudase zonas donde el empleo de la industria no llega con igual forma. Así, sectores muy marginales que no se pueden beneficiar del empleo de grandes o medianas industrias, pueden tener acceso a un capital baratísimo (pero no gratis) para fomentar negocios locales. Aunque muchísimos créditos se han dado a personas, estos responden a propaganda política y la mayoría no han sido repagados; y eso es simplemente regalar el dinero, por lo cual no se genera verdaderamente el desarrollo de la riqueza.

Así como estos ejemplos hay miles y miles del por qué el gobierno ha coadyuvado a que como Venezolanos hayamos, infamemente, perdido esta década. Hoy por hoy, 80% o más pobreza, 45% de inflación, 93% de dependencia petrolera, inseguridad de las peores del mundo, inestabilidad política, baja inversión…

La Oposición Política- Un contrapeso vacío y sin talento.

La Oposición Venezolana es un ente muy heterogéneo y por ello hay que dividirlo en varios grupos, pero ciertamente hay una oposición que es, sin duda alguna, meramente política.

En esta oposición hay algunos políticos nuevos, pero muchos que pertenecen al pasado, se han parado frente a Chávez como unos robles, en muchas ocasiones haciendo su camino mucho más difícil. Sin embargo este grupo ha sido incapaz de penetrar las verdaderas armaduras del chavismo y construir un proyecto que emocione a la nación.

Con una falta de liderazgo visible y carencia de ideas, la única proposición de la oposición es que se oponen a Chávez y su proyecto. Esto ha sido suficiente para ganar el apoyo de empresarios y varios organismos internacionales, pero insuficiente para que el grueso de la sociedad los apoye de forma consolidada. Muchos en esa oposición adolecen de los mismos vicios que le critican al chavismo y ello se ha reflejado en la falta de liderazgo que comandan.

Quizás el punto más alto de la Oposición ha sido también su más bajo, lo cual es paradigma del dualismo que envuelve a este grupo político- el 11 de Abril de 2002-. Fue allí cuando se vio reflejado que el odio hacia la figura de Chávez ocupa más las mentes de muchos políticos que el bienestar general de la nación. Ello no implica que el 11 de Abril dejó de ser, per se, una manifestación pacífica y honesta de muchos venezolanos. Pero lo cierto es que ese grupo de venezolanos que se ven amenazados y excluidos por el proyecto oficialista no han encontrado un grupo político que realmente les muestre una vía real para progresar. El “apareamiento” político entre la sociedad y el grupo opositor gira en torno al rechazo oficialista pero no propone una vía alterna. Esta falta de dinamismo político-racional nos ha sumido en una política emocional de insultos e incomunicación, sin ningún tipo de argumentación. Ese ha sido el principal problema.

La Salida. De la emoción al discurso, de la oposición a la proposición, de lo negativo a lo positivo.

El primer paso para poder salir adelante es formar un proyecto político. No puede existir un líder o un grupo de líderes, si no existe una propuesta primero. Esa propuesta debe abarcar los principales problemas que enfrentamos como sociedad y soluciones pragmáticas y reales. Además, debe ser una propuesta que pueda ser “comprada” por todos los venezolanos, no sólo por un sector. Es decir, no se puede pretender plantear una propiedad comunal y pensar que los empresarios participarán, o por el contrario, plantear la desregulación laboral y pensar que los trabajadores serán parte de ello. Más allá de ser eclécticos, lo que se pretende es una propuesta sincera que desarrolle el equilibrio económico, político y social que necesitamos. Esa propuesta debe ser además específica, incluyendo temas como: reforma en materia agraria, fiscal, seguridad social, política monetaria, educación, tecnología; asumiendo diversos escenarios (petróleo a 8 dólares o petróleo a 100 dólares).

La propuesta debe ser vendida a los VENEZOLANOS. Esa no es una propuesta ni para chavistas, ni para opositores, sino para Venezuela. Por eso, hay que venderla sin ponerle veneno emocional, sino con la racionalidad que demanda una nación. Eso no implica que no se haga con el carisma necesario para que la gente se emocione y por ende participe. Esto será un cambio de una mera oposición a una propuesta clara y concreta que se debe vender a todos los sectores y que tomará tiempo vender.

Chávez y la Oposición han inspirado de los peores y más negativos sentimientos que tenemos como venezolanos. Hoy nos vemos como una sociedad agresiva, inculta, dividida, floja, etc. En los discursos nacionales hablamos de “oligarcas”, “rencorosos”, “burros”, “corruptos” etc. Sin embargo, como nación se nos ha olvidado todas las cosas positivas que hemos hecho. Somos los impulsores de la libertad en Latino América y unos de los primeros países constitucionales del mundo, poseemos figuras que están innovando el mundo, como el Maestro Abreu. Somos una nación llena de felicidad que siempre ha superado sus problemas y dificultades. Somos una nación que ha sido ejemplo de paz en muchas ocasiones y que ha dado artistas de la mayor altura al mundo. Es hora de rescatar todo lo bueno que nuestra nación tiene y que no es patrimonio de alguien sino de todos y apoyarnos en ello para reimpulsar nuestras tendencias. Una nueva generación despierta, no es chavista ni opositora, no le interesa el partidismo actual; su meta es y será el progreso nacional. De esa generación será el natalicio de la evolución de Venezuela en el siglo XXI.

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