Opinión Nacional

La decadencia como moral

Triste presentir las señales que anuncian la llegada de la decadencia. Son letales sus presagiosy causan preocupación al advertir que su consecuencia puede ir por el rumbo del drama o caminar hacia la farsa. Todo comienza cuando leo a una articulista de un panfleto caraqueño que indignada propone cambiarle el nombre al Caracazo. Su diatriba es algo que suena de inicio como un mero gesto de doñita melindrosa. Banalidad expuesta como clarinada de un intento por formalizar la indignidad que desea quitar el vuelo y sello reivindicativo que para el pueblo venezolano tiene ese nombre y esa fecha del 27F. Que ella,en absurda y clasista prédica pretende cambiar. Le irrita la gente que cobra sus afrentas.

Son noticias con realidades que nos hacen presentir la novedad cruel de los inicios de la decadencia en quien reclama postura crítica ante hechos sociales más que consumados e irreversibles de la historia reciente del país.

Siente uno, (tratando de tomar por serio este adefesio, que no lo merece), que del esperpento escrito difícilmente puede surgir una idea rebelde. Por adelantado digo: es pretensión más que inútil, no hay fuerza suficiente que pueda hacer mella en esta efeméride de la historia de la clase social que en el país generó el 27F. Aunque la clase oponente también recibió del revolcón social, novedades y asombro. Algo debió asombrarlo pues hoy reconoce sus efectos.

Esto que presenta, quien hace de gacetillera de los intereses menos nobles de la ordenación social del país, es muestra de degradación, de rebajamiento, de conductas que solo impulsan la mediocridad al intentar reducir la fuerza de los valores de la antropología de ese pueblo que ella intenta degradar.

Recuerda en su nota frases que causan indignación: “La imagen del tipo sin camisa cargando media res, con la alegre expresión de quien se reclame al pensar en la parrilla que se va a comer”.

Intenta en su sátira hacer alusiones con intención “moralizante” para degradar a la persona que descalifica: “como el sin camisa que carga la res”. Lo señala como un saqueador. Compara lo incomparable, pues habla del esfuerzo que debe hacer un elegante campeón de pesca para cobrar desde su yate un notable Merlin azul, (de paso, dejo sentado, no tengo nada en contra de quienes práctican este entretenimiento) no para comerlo, sino para fotografiarse a su lado.

Vanidad. Total, hambre nunca habrá, de tener quien es “pescador de altura”. Coño…. para mi que un ser humano que muy poca carne ha podido comer en su vida, pueda hacer una parrilla y comerla con su familia y amigos, un día cualquiera de su existencia,¡! ESO ¡!, ESO SOLO bien vale el 27 de febrero.

Quiénes saquearon en ese día son seres que han de tener mucha historia de trabajo. Con seguridad mucho plusvalor, tienen que haberle acumulado al capital de su patrón. Su contabilidad frente a los cuentadantes que los explotan siempre estará en positivo. López Contreras en 1945 no los descalificó sino que les pidió “calma y cordura”. Es algo notablemente diferente.

Para su indignidad, suma otra demostración de decadencia que gratifica su egoismo, comodidad y molicie que le hace ver al país desde el “mejor de los mundos”, lugar adonde sigue recibiendo gratificaciones que nadie le critica.

Desde allí habla de la“mal hadada fecha que Chávez tiene como un adelanto de su revolución” , “pues Chávez reivindica la fiesta de horror de febrero” . Si lo hace, es para felicidad del pueblo que inició este clamor el 27F en contra de los siniestros Ministros de CAP. Chávez, sí los a reivindicado y continúa en su empeño, sin caer en la gula que sobreprotege el modelo de mercado que el periódico donde escribe, reivindica y ella promueve en su mediatizada docencia.

La periodista llora por los daños materiales, pero olvida el holocausto que se cometió ese día contra el pueblo caraqueño, con un número de víctimas hasta hoy desconocida.

Según la onda decadente de la periodista, deberá críticar los saqueos que se produjeron en París durante la Revolución Francesa, los daños materiales causados a las propiedades de los zares durante la Revolución Rusa y nada que decir de lo sucedido en la Revolución mexicana o la Revolución China, que no debieron haber tenido lugar por incivilizados. Por costosos, por bárbaros. Por haber sido ejecutados por los “sin camisa” de siempre, que tanta piquiña le causan. Por tanto más onerosos que todo el adelanto cultural, político, antropológico y social que su efectos produjeron en la humanidad entera.

Entendamos, en ninguna de ellas hubo saqueos sino ajuste de cuentas y reinvindicaciones que el pueblo cobró por todas las iniquidades que los grupos que los dominaban le habían sometido.

El necio periodista no cambia por que no sabe que es necio, el mal intencionado el perverso no cambia por que no sabría que hacer con su falta de bondad. Los seres decadentes forma una caravana en un desierto y ciegos como están no saben que están dirigidos y tratados como indignos asalariados. Son huestes ofuscadas que van directo, en patológica alegría, hacia el desastre por obstruidos, por egoístas, por estúpidos, e incapaces de ver el presente ni presentir el futuro. Son figuras con sonrisa idiota, desbordante e inexplicable como la muchos lidercitos creados por la mediática. Menos mal que existen muchísimos que toman su profesión son mucha seriedad y desprecian este mal ejemplo.

Como dice el verso de Francisco Quevedo: «Abogado sin zienzia —o sin konzienzia— mereze gran sentenzia i penitencia», diríamos: periodistas sin ciencia ni conciencia, que sufran la ponzoña y la idiotez. Por cierto, la palabra idiota viene del griego idiótez, era aquel que se preocupaba solo por sus intereses particulares o los de sus redactores en jefe, y despreciaban los asuntos públicos y más grave aún al pueblo llano y a la gente menos válida económicamente del país. Espero que el colegio de periodistas tenga algo que decir. De lo contrario, que Dios los ampare.

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