Opinión Nacional

La delincuencia en Venezuela (Parte I)

La delincuencia se ha desbordado en Venezuela alcanzando niveles verdaderamente pavorosos. Sólo en el año 2004 se registraron 9.719 homicidios (Diario Ultimas Noticias, 14 05 2006, pag. 28) es decir, que en solamente tres meses en nuestro país ocurren tantas muertes violentas como las sufridas por el ejército norteamericano en Irak desde que se inició la guerra en ese país hace ya más de tres años.

Ese aumento ha sido sostenido en las ultimas décadas. Así vemos como, según el mismo diario, ya para el año 1993 el homicidio desplazo a los accidentes de tránsito en la primera causa de muerte en hombres entre 15 y 19 años. A simple vista, pareciera que es una problemática de los venezolanos, y de su incapacidad de atacar la criminalidad.

Sin embargo, esto no es así. Ese incremento de los índices delincuenciales se ha observado con igual o mayor intensidad en el resto de los países latinoamericanos desde hace mas de 15 años, producto de la implantación en nuestra región del plan de dominación neoliberal, el cual contempla, aparte de las conocidas “recetas económicas”, la imposición de nuevos “valores” en nuestra estructura social, incluyendo, por supuesto, la legislación penal.

Es así como nuestras sociedades se han ido desencuadernado aceleradamente, desmoronándose muchos de los valores espirituales que le han servido de sostén a nuestras nacionalidades. Junto al aumento de la criminalidad vemos también, por mencionar sólo un caso, como nuestra nación se ha convertido en un gigantesco casino, con una proliferación anormal de bingos, remates de caballos, loterías, y de cuanto juego de envite y azar se conoce, con el fin de inculcar en la mente de nuestro pueblo la cultura del juego y desterrar la del trabajo creador. Es la misma estrategia que siguió Inglaterra cuando pretendió imponer el consumo del opio en China para destruirla moralmente.

Esa imposición imperial es lo que explica el porque sus miserables vasallos, que lideran la mal llamada “oposición democrática” y los gusanos dueños de la mayoría de los medios de comunicación, no atacan las causas de la delincuencia, sino que se limitan a esgrimirla como mera bandera política. En el fondo la apoyan y sostienen.

Un ejemplo triste y dramático de como la imbecilidad de estas “nuevas” legislaciones penales ha contribuido al aumento de la delincuencia lo tenemos en el lamentable asesinato de ese gran dirigente revolucionario Simón Sáez Mérida a manos del hampa, ocurrido cuando el automóvil en el que se desplazaba fue impactado por un objeto contundente en el parabrisas, lanzado para obligar a detener el vehículo y proceder a su posterior asalto.

Le reproduciré al lector las declaraciones de un jefe policial al diario El Universal y publicadas el 30 04 2005, el cual “admitió que los llamados “vikingos” (los asesinos) suelen lanzar objetos a la vía e inclusos colocan barricadas para provocar que los vehículos se detengan y luego asaltan a los incautos conductores.. el problema se presenta porque la mayoría de las victimas no suelen formalizar las denuncias. No podemos procesarlos por flagrancia porque no contamos con agraviados que los identifiquen”

Queda claro que no hay negligencia policial. Conoce quienes son los delincuentes, donde actúan y su “modus operandi” pero “no pueden hacer nada” porque no hay denunciantes. Es decir amigo lector, que la vida suya y la de sus seres queridos no depende de la capacidad policial, sino de la denuncia de algún particular. Por Dios, si estos casos son de mero orden publico.

Me pregunto, Cuantos asesinos conocidos y reconocidos deambulan por nuestros barrios y ciudades, cometiendo todo tipo de atrocidades y delitos, sencillamente porque no se pueden “capturar en flagrancia” o porque no se encuentran denunciantes? Ya quisiera ver a esos defensores de tamaño adefesio jurídico denunciar a narcotraficantes y asesinos si viviesen en esos barrios y tuviesen a merced de ellos.

En realidad, esas son legislaciones que terminan promoviendo y amparando la impunidad.

Con esto no estoy diciendo que volvamos a la anterior legislación penal, que tenia mucho de arbitraria y que incluso yo mismo la sufrí, sino que cuando nuestros legisladores aprueben las leyes no actúen como borregos del imperio, como lo hicieron sus antecesores, que legislen pensando primero en la realidad de Venezuela.

Porque, veamos la reciente discusión en la Asamblea Nacional de la llamada Ley de Protección al Testigo. Esa ley es posible en Estados Unidos, con una población de 280 millones de habitantes y una extensión territorial de mas de 9 millones de Km2, en donde sus estados y poblaciones mantienen un mínimo de desarrollo y los núcleos familiares son reducidos en donde resulta muy fácil desaparecer, pero aplicarla en Venezuela, con una población de unos 26 millones de personas y una superficie que legalmente es de unos 912.000 Km2, pero cuya población esta casi totalmente ubicada en poco mas de 300.000 Km2, y con familias muy numerosas y de constante y necesario contacto, es una locura. No se qué lumpia se fumaron los que aceptaron difundir estas propuestas.

Hasta que no conquistemos una soberanía legislativa no se podrá pensar seriamente en atacar con éxito la delincuencia. Por supuesto que las causas de ella van mas allá de las manipulaciones imperiales en la sociedad, y de eso tratare en mis próximos artículos.

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