Opinión Nacional

La democracia táctica (Vía al socialismo del siglo XXI)

Es imposible comprender el significado del concepto “democracia” en Hugo Chávez si se desvincula de la relación del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela con el Partido de la Revolución Venezolana -PRV-, brazo político de la guerrilla bolivariana que seguía a Douglas Bravo.

La guerrilla cuestionaba la democracia “burguesa”, sinónimo de democracia representativa. El argumento era que a través de este tipo de democracia (“puntofijista”) el pueblo “delega su soberanía en los partidos y éstos a su vez en el poder central. Más tarde el partido delega en su alta jerarquía todas sus facultades. La militancia se convierte en un ente pasivo, sin capacidad de decisión”. (Douglas Bravo y Argelia Melet, La Otra Crisis, Original Editores, Caracas, p.27).

La guerrilla, que se oponía con las armas en la mano al bipartidismo de AD y Copei, se negaba a participar en las elecciones. Para la guerrilla el sufragio legitimaba el sistema. Tampoco se aceptaba a los partidos, considerados como el instrumento por excelencia para consolidar el poder elitesco, opuesto al poder popular.

La democracia directa que propiciaba el PRV fue concebida como un híbrido entre las tesis de libertad radical de Wilhem Reich y el ejemplo zamorano de reunir al pueblo en las plazas para tomar decisiones asamblearias. Más tarde se incorporaría el concepto de rebelión popular como factor de máxima expresión democrática.

Luego la antigua guerrilla evolucionó hacia “la utopía de la convivencialidad”, una mezcla de anarquismo con el modo de vida de la indianidad originaria americana.

El primer Chávez asumió la idea de democracia directa y su consecuencia, el abstencionismo. El Chávez que sale de prisión plantea la abstención electoral, hasta el momento en que se realiza la Asamblea del MBR-200 en Valencia (1997).

La Ventana Táctica

Chávez cambia de posición en gran medida porque algunos de sus nuevos allegados -entre ellos Luis Miquilena y José Vicente Rangel- lo convencen de que es posible llegar al poder por la vía electoral.

Pero el comandante del 4-F manejaba las decisiones finales al interior del MBR-200. El movimiento revolucionario realizó una asamblea durante los días 14 y 15 de diciembre de 1996, en Caracas. En la Asamblea se debatió si se iba o no a elecciones. Chávez planteaba que existían las condiciones para presentarse al proceso de votación para la Presidencia de la República. Tres miembros de la dirección se opusieron: Freddy Bernal, Nicolás Maduro y Nayib Ayaach (ver William Izarra, En Busca de la Revolución, Ediciones del Autor, 2001, p.101).

La vehemencia de las discusiones y la posibilidad de fractura interna de la organización llevaron a que el debate se pospusiera para otra asamblea, que se efectuó en abril de 1997 en Valencia. Allí se aprobó la propuesta de Chávez.

Chávez definió la nueva posición de la siguiente manera: “Nosotros seguimos con el mismo marco estratégico, pero creemos que meternos en el medio de la batalla, en terrenos del enemigo, aceptando sus propias leyes, con el proyecto y la fuerza que podamos aglutinar, podemos acelerar (…) la estrategia hacia el poder, y si se pudiera acelerar la estrategia llegar a desencadenar; es decir, romper la historia”. (Blanco Muñoz, Agustín, Habla el Comandante, UCV, 1998, p.410).

Izarra, por su parte, definió esta posición de manera tajante: “Los intentos por hacer la revolución en Venezuela se concentraron en dos modos de acción. El primero, la irrupción popular con apoyo de las Fuerzas Armadas, método que obligaba a la conspiración en el interior de las FAN, preparar un golpe de Estado y actuar de manera conjunta pueblo-FAN. El segundo, la participación en el proceso de elecciones populares. Tomar el poder por la vía electoral para, desde el gobierno, proceder a implantar el modelo revolucionario”. (Op. cit, p. 10).

La decisión tomó el nombre de “Ventana Táctica”. Si no se había logrado la ruptura histórica a través de la puerta grande de la vía insurreccional cívico-militar, se buscaría el poder revolucionario entrando por la ventana.

Votar en el contexto de la democracia representativa era, para el sector revolucionario, un simple movimiento táctico que llevaría a la revolución.

La posdemocracia de Ceresole

El aporte más importante para el concepto “táctico” de la democracia representativa como nueva vía para instalar el poder revolucionario lo produjo Norberto Ceresole. El sociólogo argentino, quien había conocido a Chávez a su salida de la cárcel, en 1994, en Buenos Aires, desarrolló durante varios años (1994-1998) una intensa relación intelectual con el líder de los militares insurrectos venezolanos.

En su folleto “Caudillo, Ejército Pueblo”, difundido entre enero y febrero de 1999, Ceresole afirma que “el modelo venezolano no se parece a nada de lo conocido (…). Se diferencia del “modelo democrático” porque dentro de la orden popular (mandato) está implícita, con claridad meridiana, la idea de que el poder debe permanecer concentrado, unificado y centralizado (el pueblo elige a una persona que es automáticamente proyectada al plano de la metapolítica) y no a una “idea” o “institución”. No es un modelo “antidemocrático”, sino “pos-democrático” (Ceresole, Norberto, Caudillo, Ejército, Pueblo -la Venezuela del Comandante Chávez-, Estudios Hispano-árabes, Madrid, 2.000, p. 30).

Para Ceresole el partido tenía un papel secundario y sus dirigentes solamente debían obedecer las órdenes del Líder. Señala que “todos estos elementos (“orden” o “mandato popular”; líder militar devenido en caudillo o jefe nacional; ausencia de instituciones civiles intermedias eficaces; presencia de un grupo importante de “apóstoles” -núcleo del futuro partido “cívico-militar”-) que intermedian con generosidad y grandeza entre el caudillo y la masa; ausencia de ideologizaciones parasitarias preexistentes, etc., conforman un modelo de cambio -en verdad, un modelo revolucionario- absolutamente inédito” (Ibidem, p.29-30).

Al establecer las diferencias con el caudillismo tradicional Ceresole apunta que “el mandato u orden popular que transforma a un líder militar en un dirigente nacional con proyecciones internacionales fue expresado no sólo democráticamente, sino, además, con un sentido determinado: conservación de la cultura (independencia nacional), pero transformación de la estructura (social, económica y moral)”.

La democracia representativa táctica había cumplido su misión y ya podía reconvertirse en “posdemocracia”, con un líder único legitimado electoralmente, depositario de la voluntad popular (“con Chávez manda el pueblo”) y acompañado por un partido de intermediarios (apóstoles) de sus órdenes y de su pensamiento, cuya misión revolucionaria era nacional e internacional.

Posdemocracia y Democracia Participativa o Protagónica

La desaparición física de Ceresole del entorno de Chávez y el desarrollo de vínculos estratégicos con Fidel Castro y la revolución cubana atrajo a Venezuela a varios intelectuales de izquierda. Tal vez el más cercano a Chávez ha sido Heinz Dieterich. El ideólogo alemán buscó, igualmente, una definición de democracia ajustada al proceso liderado por Chávez: la democracia participativa.

Para Dieterich la democracia participativa consiste en “el fin de la democracia representativa -en realidad sustituta-, y su superación por la democracia directa o plebiscitaria. El parlamento y el sistema electoral de la partidocracia, como los conocemos hoy, son controlados por las élites económicas y no tendrán lugar en la democracia futura. Lo mismo es válido para los monopolios de la adoctrinación (televisión, radio y prensa) y de la producción. La gran empresa privada -que en términos organizativos es una tiranía privada con estructura militar- es incompatible con una democracia real y desaparecerá como tal” (El socialismo del siglo XXI, rebelión. org).

Así, la democracia (participativa y protagónica), aliada con el concepto de posdemocracia de Ceresole -“Caudillo, Ejército, Pueblo”-, en camino hacia la fusión cívico-militar (con Líder único y partido con papel simplemente intermediario ante la masa) y acompañadas ocasionalmente con acciones de democracia directa o zamorana (PRV) tienen como objetivo compartido el fin de la democracia representativa.

De manera transparente Hugo Chávez se lo explicó a la ideóloga chilena Marta Harnecker en su libro Hugo Chávez, un hombre, un pueblo ((%=Link(«http://www.rebelión.org»,»rebelión.org»)%)): “En Canadá (Cumbre de Las Américas, 2001), cuando firmamos la cláusula democrática nosotros levantamos la mano y dijimos: nosotros firmamos esto pero tenemos un voto salvado en lo de la democracia representativa. Nosotros creemos de verdad en la democracia participativa”.

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