Opinión Nacional

La educación y el éxito deportivo

La realización del mayor espectáculo del mundo, los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, es una buena oportunidad para reflexionar sobre el éxito de un deportista y de una nación en un deporte determinado, independientemente de la disciplina que seleccionemos para sustentar nuestras consideraciones. Es una excelente ocasión para hacer las respectivas comparaciones, ya que a la gran cita universal concurren más países que los participantes en Naciones Unidas.Este análisis que sugiero como una reflexión de primer interés, seguramente arrojará lecturas interesantes.

A primera vista, la observación común de los miles de millones de espectadores de los juegos alrededor del mundo, indicará que son los atletas mejor preparados, mas dotados y mas capacitados, los que logran las medallas .Para el resto de los atletas no hay ningún reconocimiento porque estarán ausentes de los cuadros de honor.

Sin embargo, lo que individualmente no se logra en lo referente a la conquista de una medalla, que es el reconocimiento universal a la proeza del atleta, puede verse compensado por el logro que sus compañeros de delegación obtengan o por el que resulte de la participación dentro de un grupo que obtiene el reconocimiento como es el caso de los deportes de equipos.

A pesar de las diferencias culturales que pudiera haber y de las ideologías diversas que pudieran representar las naciones participantes, hay un rasgo común que vincula a las naciones que obtienen medallas en los juegos; y es la conexión que tienen sus respectivos sistemas educativos con la promoción deportiva. El hecho es que educación y deporte están interconectados. En el país que gana medallas, el atleta es respetado, reconocido, promovido por las instituciones donde cursa estudios. No se presenta el conflicto entre sus estudios y el ejercicio de la práctica deportiva. Si hay un resultado evidente de esa cooperación educación-deporte: los ratos de ocio disminuyen, el deporte se convierte en responsabilidad y compromiso, la disciplina llama a la más óptima y efectiva utilización del tiempo y el atleta recibe los beneficios materiales e inmateriales que premian su cotidiano esfuerzo.

En donde no se obtienen resultados, es en todas aquellas naciones donde el deporte está divorciado de la estructura educativa y sus planteamientos no solo corresponden a dos discursos diferentes, sino que, en la casi absoluta totalidad de los casos, tales discursos son excluyentes. Y lo que realmente ocurre, es que el divorcio entre la actividad intelectual y la física, termina perjudicando tanto a una como a la otra.

No se señala por ejemplo, que los casos crónicos de la enfermedad de Alzheimer, se encuentra en aquellas personas que no hacen ejercicios físicos, sencillamente porque al reducir sus funciones respiratorias, tambien lo están haciendo con la oxigenación de las neuronas que decae sensiblemente al disminuir la irrigación sanguínea que solo estimula la actividad física.

Existe igualmente el falso paradigma de que “el deporte le quita tiempo al estudio”.Todo lo contrario.Al mejorar las funciones respiratorias y circulatorias en el ser humano, aumentan sus capacidades intelectuales para aprender y manejar nuevas informaciones, desde su registro a través de la memoria como la de sus diversas aplicaciones.

Por ello es que la inteligencia despierta se encuentra mayoritariamente en aquellos que hacen ejercicio a diferencia de los que no lo hacen. El efecto de sentir “la alegría de vivir” es exhibido por aquellos que no le niegan a sus cuerpos y mentes la maravillosa posibilidad del ejercicio físico, el cual está directamente vinculado con la calidad de vida que se obtenga. Es ese divorcio de compatibilidades que hemos creado artificialmente, lo que se traduce, no solo en la falta de éxito deportivo, sino tambien en la falta de una educación que realmente sea de calidad. Todo proviene de esa visión tan particular que tenemos en nuestra cultura de creer que las parcialidades son la totalidad; que algunas son tan buenas, que podemos prescindir de la otras, generándonos un universo parcial, autárquico, sin conexiones ni vinculaciones con el exterior, que nos permita crear in vitro nuestra perfección.

Pero es aquí que las Olimpíadas nos despiertan. Al vernos sin medallas u obtener muy pocas en relación con nuestras expectativas, la tendencia general es hablar de fracaso, buscando en los dirigentes a los culpables, en los atletas a los responsables de no haber ganado la medalla prometida, e incluso, al Estado por la falta de apoyo, aunque haya dado los recursos económicos para tener mejores resultados. Y resulta ser que el problema fundamental y que no queremos ver por un absurdo bloqueo cultural que tenemos, es que la educación y el deporte están divorciados.

El desarrollo de un deportista de alto rendimiento, en primer lugar, es un trabajo estratégico.Comienza desde la temprana infancia, cuando se detectan los dones genéticos que hacen a un niño especial para el desempeño de una actividad deportiva.Si la familia no le ayuda y la escuela no lo estimula, esa dotación natural se pierde con los años por falta de entrenamiento y aprendizaje. Allí es donde el Estado puede ayudar a la familia y la escuela, y concederle tanto a la familia como a la escuela, los recursos que requiere para su adecuada formación. No solo los entrenadores físicos personalizados, sino tambien los nutricionistas, los psicólogos (tan a menudo olvidados en estos procesos), además de profesores orientadores y tutores, que puedan facilitarle desarrollar su talento en equilibrio con sus demás actividades. Este proceso que nace en la edad escolar primaria, debe proseguir en la secundaria y muy especialmente en la universitaria.En la medida en que el atleta va creciendo, las exigencias de su disciplina son mayores y por lo tanto, debe aumentar el apoyo para su buen desempeño.Entre nosotros, suele suceder lo contrario.En la medida en que el individuo se hace adulto, el poco apoyo que se le ha brindado durante su proceso de formación termina desapareciendo

Un punto muy importante, es el mantenimiento, repotenciación y creación de infraestructura deportiva .Es realmente lamentable como el subdesarrollo deportivo se traduce en el abandono de las instalaciones, lo cual no solo es función del Estado, sino de toda la Sociedad, la cual no se puede mantener en una eterna infancia que no le permita fortalecerse como debe ser. Donde hay un joven que deteriora una cancha, hay un adulto y una Sociedad que no se comunican con él, ignorando que su participación positiva en la actividad deportiva es quizás la única posibilidad que tengamos de rescatarlo para él mismo y para la comunidad donde vive.

La destrucción de las canchas deportivas es el grito de la exclusión.Es la señal de alarma de la falta de actividad, de la falta de oxigenación de la juventud y de la utilización constructiva de su tiempo de ocio.

El aprender adecuadamente de nuestras derrotas deportivas, nos permitiría construir el éxito que deseamos tener en el futuro. Para ello, debemos comenzar por respetar de verdad la actividad deportiva de niños y jóvenes. El castigo físico al niño que corre debe terminar. El señalamiento al joven que hace deporte tambien. La actividad física es la lectura del cuerpo y es el ejercicio equivalente a la gimnasia mental que hacemos al leer o escribir un texto. El ejercicio físico y el mental, son dos actividades complementarías, indispensables para el desarrollo humano.Ojalá que al terminar los Juegos Olímpicos Beijing 2008, nos haya quedado la gran lección de la juventud mundial para acompañar a nuestros atletas y apoyarlos mas que nunca.Que premiemos su esfuerzo con la medalla de oro que fueron a buscar a Beijing y que no obtuvieron allá. La de nuestra comprensión, la de nuestro apoyo, la de nuestro amor y la de nuestro acompañamiento.Así le brindaremos el reconocimiento que necesitan y la comunicación con el futuro exitoso que hoy más que nunca requieren.

Rector de la Universidad Bicentenaria de Aragua

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