Opinión Nacional

La enmienda continuista será derrotada

Cada acción violenta e intimidatoria del gobierno, o de sus parciales, para impedir el funcionamiento de gobernaciones y alcaldías, ganadas con pasión democrática por la oposición y la disidencia, demuestra su carácter anti democrático, violento y discriminatorio. El abuso de las imputaciones sin real fundamento y las sentencias diferidas nos demuestran que se esta vulnerando el Estado de Derecho. El irrespeto a los derechos de propiedad y las confiscaciones forzadas nos dicen de las arbitrariedades cometidas.

El NO debe ganar, lo dicen las encuestas, lo dice la calle, los despidos en PDVSA así como su evidente insolvencia, el gas del bueno, los estudiantes presos, los jóvenes asesinados, las protestas populares y los trabajadores muertos por las armas policiales. También lo hacen patente la corrupción, el despilfarro, la estanflación, la inseguridad, el desabastecimiento y la ineficacia administrativa.

Toda actividad que los aspirantes continuistas acometen le resta toneladas de posibles adherentes, la merma de su capital político es evidente. Se quiere limitar en todo un país las justas aspiraciones para un relevo en las posiciones gerenciales de gobierno y se le trunca a la población venezolana sus derechos electorales quitándole a un grueso sector juvenil sus posibilidades de participación.

Sus camionadas de dinero para apuntalarse mediáticamente, tomados sin ninguna justificación del erario público, indican el uso indiscriminado del poder para tratar de mantenerse de manera sempiterna abusando de la sociedad a quien se le debe respeto, alternabilidad y buenas obras.

La regaladera de bienes, servicios y efectivo para mantener una hegemonía comprada de quienes por compromiso adulan dentro de las fronteras patrias y desde el exterior, va en desmedro de las necesidades de infraestructura, vivienda, empleo, productividad, salud y seguridad de nuestros connacionales. Ello no puede general ningún apoyo para quien pretende, con tan malas credenciales, perpetuarse hegemónicamente en el poder negando la posibilidad de un honesto ascenso social a quienes por su trabajo y meritos lo merezcan.

Es hora de dejar de preocuparnos y de ocuparnos. De unirnos no solo para estar juntos sino para actuar juntos. Todos sabemos; incluidos ideólogos, burócratas y tarifados; que la «tendencia irreversible» de la anterior negativa, el 2D, fue detenida cuantitativamente y los numero finales nunca los sabremos realmente aunque podemos inferirlos por las encuestas a boca de urna y por las propias destempladas actitudes del poder.

Debemos general una autentica unidad que nos permita tener testigos en todos los actos electorales, sin que nadie pretenda monopolizar credenciales para intentar fortalecimientos de liderazgos para futuros eventos en los cuales el voto determine la decisión colectiva. Hay que suplir la ausencia de recursos por parte de un importante sector con un activismo casa por casa para vencer, o al menos mermar sustancialmente, la abstención. Si votamos mas de once millones el NO saldrá vencedor por un amplio margen.

Todos debemos hacer un gran esfuerzo para cubrir en su totalidad todas las mesas electorales para que no ocurra lo que sobrevino en las regiones mas apartadas de de la geografía regional y nacional. De ello dependerá que los resultados electorales se correspondan con la verdad cuantitativa y cualitativa.

La negativa al continuismo, por todas las perversidades que concentra, es evidente en Venezuela. Solo podremos hacerla realidad con todas las actas en la mano, permaneciendo vigilantes durante todo el proceso para evitar el carreteo de votantes de una mesa a otra y haciendo presencia activa en el momento del cierre de las mesas y en el acto de las auditorias. Solo así podremos cantar el nuevo triunfo que esta en la calle y que debe materializarse con nuestra presencia celosa hasta el momento en el cual el CNE anuncie las «tendencias irreversibles».

Los integrantes de los poderes públicos deben recordar el momento de su compromiso, aquella parte de su juramento que expresó: «¿Jura ante Dios y ante la Patria cumplir fielmente con los deberes del cargo que se le asigna? Y usted contesto: Lo juro. El que tomo el juramento sentenció: .-Si así lo hiciere que Dios y la Patria os lo premien, y si no, que os lo demanden. «

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