Opinión Nacional

La firma: el pequeño monstruo

Hubo una película del año 1964 que se llamó “Topkapi”. En dicha película se narra el robo de una daga cubierta de brillantes y esmeraldas que se encuentra expuesta en el Museo Topkapi de Estambul.

A tal efecto, en la planificación del robo descubren que la única manera de poderse robar el tesoro es descolgándose a través de la cúpula del museo ya que si querían tener éxito en su cometido no se podía tocar el piso ya que en el museo había un sistema de alarmas muy sensibles que sonarían al más mínimo contacto con el piso.

Es decir, se tenía que hacer un robo aéreo. A tal efecto, se hace una estrategia de robo a través de acróbatas tal cual los trapecistas de un circo y gente que se deslizaba por las paredes como si fueran “el hombre araña”, etc.

El robo del tesoro se planeó al milímetro y al segundo exacto. Llegó el día del robo y todo se hizo a la perfección, no se cometió ninguna equivocación, ni siquiera de segundos o milímetros, porque la más mínima falla podía resultar muy costosa. Todo como si fuera un reloj y así se hizo

Las acrobacias salieron perfectas, mueven de su sitio la daga cubierta de brillantes y esmeraldas, los ladrones acróbatas se iban con el multimillonario botín. El robo iba perfecto…hasta que…de repente un pajarito se metió por el mismo sitio de la cúpula del museo por donde se metieron los ladrones acróbatas… se posó en el piso y sonaron las alarmas antes que los acróbatas delincuentes se terminaran de escapar.

En consecuencia atraparon a los autores materiales, luego a los autores intelectuales, etc. En fin, la película termina como terminan todas las películas de ladrones y policías; y más las de esa época: 1964. Hoy en día no todas terminan con los clásicos finales de antes, donde los buenos eran los policías y los malos eran los ladrones. Hoy en día, a veces los finales son a la inversa.

Evidentemente que la película tiene otros temas colaterales pero nos quisimos centrar solo en la esencia de lo que queremos traer a colación para el análisis de este caso. Pero al margen de esto, vamos a analizar lo que actualmente está sucediendo en Venezuela y en relación a la película Topkapi.

Nicolás Maduro dio un golpe de estado pero disfrazado a través de una sentencia. Nicolás Maduro es un usurpador, es un vice presidente de facto y que a la vez ejerce funciones de presidente pero escondido detrás de la firma de Chávez porque es obvio que a Elías Jaua lo nombró canciller Nicolás Maduro, ambos del ala civil del chavismo, para anteponerlo al teniente Diosdado Cabello, militar en situación de retiro, del ala militar del chavismo.

Los hechos hablan.

Hay que preguntarse lo siguiente:

¿Quién eligió a Nicolás Maduro?

¿Quién votó por Nicolás Maduro?

¿Es que acaso los votos de Chávez son endosables a Nicolás Maduro?

¿De dónde proviene la actual legitimidad de Nicolás Maduro?

¿En qué se diferencian el decreto Carmona y la sentencia a favor de Maduro?

Hay que tener en cuenta que la sentencia del TSJ le dio legalidad a Nicolás Maduro como vice presidente pero no debemos olvidar que todo lo que es legal no siempre es lícito, ni siempre es moral, ni siempre es legítimo, ni siempre es ético.

De todas maneras, hasta nuestra misma Constitución prevee el remedio para cuando hay haya que restablecer la legitimidad constitucional:

Artículo 138 Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos.

Artículo 333. Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.

Artículo 350 El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

Para ilustrar este punto de “la legalidad y punto”, vamos a poner el caso de Karl Adolf Eichmann. Éste era nazi y miembro de la GESTAPO», terrorífica y cruel policía secreta alemana, fue uno de los líderes más temidos y odiados de la Segunda Guerra Mundial, siendo responsable de las muertes de millones de judíos.

De 1941 a 1945, Eichmann llegó a ser jefe del «Departamento para los asuntos judíos» y además comandó las operaciones en la deportación de tres millones de judíos a los campos de exterminación, es decir a los campos de la muerte, como por ejemplo Auswitch, etc.

A finales de la guerra logra ir a vivir en Buenos Aires, con una nueva identidad, cuyo nuevo nombre era Ricardo Klement. De todas maneras, el servicio secreto israelí, el Mossad, lo descubre y en 1960 se infiltra en una misión cultural Israelí que iba a Buenos Aires. En una Operación Comando secuestran a Adolf Eichmann, en consecuencia, es llevado a juicio a Jerusalén.

En el juicio Eichmann alegó lo siguiente en su defensa:

«Yo todo lo que hice fui cumplir con el Derecho vigente en mi país para el momento en que hice lo que hice. La Constitución y las leyes vigentes para ese momento me autorizaban a hacer lo que hice, es decir, no hice nada ilegal, no atenté contra el estado de derecho vigente en Alemania para el momento de La Guerra”.

En una palabra su defensa fue la de la legalidad.

Los jueces no consideraron su defensa como válida. En consecuencia, Eichmann fue condenado a muerte y ejecutado en la prisión de Ramleh, el día 31 de mayo de 1962.

Una sentencia puede todo lo legal del mundo, también el decreto Carmona fue legal pero no por eso fue lícito, tampoco moral, tampoco legítimo y tampoco ético. Así goce de toda la legalidad de un TSJ, no es ni obedecible ni acatable lo que no es ni lícito, ni moral ni legítimo, ni ético.

El golpe de estado constitucional de Nicolás Maduro contra Diosdado Cabello se planificó bien, tan bien como se planificó el robo de la daga cubierta de brillantes y esmeraldas de la película Topkapi. Una de dichas planificaciones fue que para no tener votos salvados, en un abuso de poder, la Sala Constitucional del TSJ destituyó a la magistrada Blanca Rosa Mármol de León y a seis magistrados más. La destitución le corresponde a La Asamblea, no a la Sala Constitucional.

El golpe se fraguó en La Habana. Y como dijimos, se lo dio Nicolás Maduro a Diosdado Cabello, sin embargo, este señor tuvo que meterse por el aro. Parece ser que no había ido nunca antes a La Habana o tenía muchos años que no iba, pero esta vez tuvo que aceptar en la propia ciudad de La Habana que le dieran el golpe de estado constitucional (así será lo que habrá de entretelones y cosas oscuras, que Diosdado Cabello, el militar en situación de retiro, tuvo que bajar la cabeza y el mismo Diosdado Cabello tuvo que mansamente aceptar que le dieran un golpe de estado constitucional).

Se dio el golpe, todo iba bien. El golpe fue reconocido por todo el chavismo y por una buena parte de la oposición, hasta que apareció el equivalente al pajarito de la película Topkapi. Este “pajarito” fue el decreto mediante el cual supuestamente Chávez nombra a Jaua como canciller, con la supuesta firma y además con la obvia mentira de que supuestamente fue emitido la ciudad de Caracas. Además, ya hay algunos grafólogos opinando que la firma con la famosa “rabo de cochino” fue forjada (“rabo de cochino” es el nombre que le daba el mismo Chávez a su propia firma).

Nótese que hemos utilizado tres veces la palabra “supuestamente” porque el decreto y todo lo demás que actualmente está sucediendo en Venezuela es supuesto. No sabemos la verdad-verdadera sobre si Chávez está vivo o está muerto, y en caso de estar vivo, cómo está.

La única certeza que tenemos es que Chávez no está en cuidad de Caracas. Por lo tanto, alguna autoridad del actual régimen de facto tendría que dar alguna explicación de por qué el referido decreto dice que fue emitido en la ciudad de Caracas, cuando Hugo Chávez no está en Caracas, siendo este el actual presidente, reconocido tanto por chavitas como por no chavitas.

El régimen de facto que impone Maduro está atrapado. Lo de haber puesto Caracas no es un simple errorcito. Cuando hay lo que llamamos un “error de imprenta” se corrige con lo que también llamamos “reimpreso por error de copia”. Pero no lo pueden hacer porque tendrían que quitar “Caracas” y poner “La Habana” y eso sería reconocer que de hecho, la actual capital de Venezuela no es Caracas sino La Habana, y hasta eso sería pudiera ser considerado en un futuro como traición a la patria.

Esto de haber puesto “Caracas” no es una bagatela, una monserga, un bobería o una ridiculez de la que no hay ocuparse. Pudiera convertirse en el pajarito de Topkapi. A veces hechos aparentemente inocuos se convierten en decisivos y determinantes, tal como sucedió con el pajarito que se metió en el hotel Topkapi y echó a perder “el supuesto robo perfecto”

Es un hecho público y notorio que Chávez no está en Caracas. Eso se puede convertir en un tiro por la culata que le salió al régimen de facto de Nicolás Maduro. Si este hecho se utilizara bien, o mejor dicho: mejor, pudiera contribuir en buena medida a restablecer el estado de derecho en Venezuela, cuestión que hoy en día no existe.

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