Opinión Nacional

La franela del Che

Durante la realización en Caracas de la IV Cumbre Social el
presidente Hugo Chávez planteó por primera vez la posibilidad de un modelo
socialista para Venezuela como la alternativa para enfrentar el problema de
la pobreza y la injusticia social en nuestro país. En su intervención no
precisó las modalidades de este socialismo, que calificó como nuevo y que
confesó desconocer. Luego desde la India ratificó sus palabras y planteó
abiertamente que Venezuela se encaminaba hacia un Socialismo distinto a los
modelos hasta ahora conocidos. Sin embargo, tales palabras, aunque ambiguas,
tienen un significado especial para quienes desde hace más de tres décadas
enarbolaron las banderas del Socialismo a la venezolana como respuesta
frente al capitalismo salvaje. Esto abarca a quienes hoy militan en él MAS,
en Podemos, en la Izquierda Democrática e inclusive en el MVR, pero también
a quienes hoy permanecen en diferentes posiciones políticas sin filiación
partidista.

Pero el tema del Socialismo es hoy mucho más complejo e impreciso
que en el siglo pasado. En su nombre se han construido hermosos sueños como
el de los utópicos Owens y Fourier, hasta las más brutales pesadillas como
la de Stalin y Pol Pot. Con la pequeña diferencia que los sueños fueron
inofensivos, mientras que las pesadillas fueron realidades sangrientas e
inhumanas. Por ello, proclamarse socialista no es suficiente en nuestros
tiempos.

Sin embargo, la incipiente y difusa propuesta de Chávez es un punto
que los revolucionarios venezolanos no podemos soslayar ni desvalorizar.

Por primera vez en seis años de gobierno se plantea un tema de fondo en el
debate. Ya no se trata de las ideas de Zamora o Simón Rodríguez, ni de las
hazañas de Guaicaipuro contra los españoles o de Cipriano Castro contra
Inglaterra.. Tampoco se está hablando de gallineros verticales ni rutas de
empanada. La propuesta de Chávez implica una definición estructural sobre
la realidad venezolana y sus posibles vías de superación. Una propuesta que
nos obliga al diálogo y a la confrontación en el plano de las ideas.

La discusión sobre un nuevo de modelo socialista para Venezuela
puede ser tomada en broma por quienes han sido enemigos declarado de los
cambios o puede ser ignorada por quienes están satisfechos con el actual
estado de cosas. También puede ser aplaudida incondicionalmente por quienes
aspiran ganarse los favores del Comandante en Jefe. Pero para nosotros,
quienes rompimos el cordón umbilical con el Partido Comunista y la vieja
izquierda venezolana para explorar una nueva ruta de superación al
Capitalismo, este nuevo debate es un problema existencial y una obligación
irenunciable.

También es propicia la oportunidad para aquellos que defienden
solapada y vergonzosamente el modelo capitalista y la libre empresa se
presenten al debate y expongan sin complejos sus ideas. Que defiendan las
bondades del mercado como fuerza sobrenatural que enriquece a unos pocos y
condena a la miseria a las grandes mayorías. Que justifiquen la muerte de un
niño o una parturienta a las puertas de una clínica privada por no tener
tarjeta de crédito.

Bienvenida esta tormenta de ideas porque de ella surgirá
inevitablemente una definición que atormentará a quienes hasta ahora se
sentían dueños de la verdad y fortalecerá a quienes todavía creemos en la
materialización de los sueños. Porque ser revolucionario es mucho más que
ponerse una boina roja o exhibir una franela con el rostro del Che Guevara
sobre la barriga.

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