Opinión Nacional

La gestión ambiental municipal

Cuando se aproximan las elecciones a alcaldes es conveniente recordar que en Venezuela los municipios tienen una importante tarea materia de protección del ambiente y en cuanto a la utilización racional de los recursos naturales renovables. Municipalizar la gestión ambiental ha sido uno de los grandes anhelos desde los años ‘90, para todos aquellos a quienes nos preocupan los temas medioambientales y la legislación otorga las herramientas necesarias para llevar adelante esta importante misión. Es así como la derogada Ley Orgánica del Régimen Municipal ya había conferido a los municipios la potestad de “proteger el ambiente y cooperar con el saneamiento ambiental”, atribución que repitió, sin cambiar una letra, la Constitución de 1999 (Artículo 178, Numeral 4) y que reitera la Ley Orgánica del Poder Público Municipal, publicada en Gaceta Oficial el día 8 junio de 2005.

En este sentido, es necesario destacar que los municipios pueden, dentro de su jurisdicción, cobrar sus propios impuestos y ejercer el control sobre los establecimientos comerciales, industriales, y agrícolas. De ahí que el gobierno municipal es una instancia con gran potencialidad para llevar a cabo programas de monitoreo y gestión ambiental con respecto a la calidad del aire, del agua, y del suelo, así como compete a los municipios, la ejecución de políticas públicas orientadas al logro de la salubridad, el manejo sustentable de la basura y demás desechos sólidos no peligrosos, el control del ruido y la contaminación sónica, así como la contaminación atmosférica proveniente de los vehículos automotores. De esta manera queda establecido en la vigente Ley Orgánica del Poder Público Municipal antes referida, recogiendo los contenidos normativos que ya existían antes de su vigencia.

Para ello es vital la promoción por los gobernantes locales y desde los concejos municipales y las juntas parroquiales, de la participación ciudadana. Aun cuando la nueva Ley Orgánica del Poder Público Municipal deje de mencionar a las asociaciones de vecinos como espacios de participación, esto no impide que éstas dejen de existir como instancias para el protagonismo de los ciudadanos, al igual que lo siguen siendo los consejos locales de participación (por más impulso oficial que reciban los consejos comunales), las asambleas de ciudadanos e incluso las juntas ambientalistas, cuya existencia data de los años ochenta del siglo pasado y no han sido derogadas. Es importante que se aprovechen estos espacios y se suscite en los ciudadanos el interés por incorporarse a estos mecanismos de gestión ambiental ciudadana. Sobre ello, los candidatos a alcaldes tienen el deber de pronunciarse.

Finalmente, no podemos dejar de recordar, tal como lo señala la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), “que los demócrata cristianos tenemos un compromiso con el medio ambiente distinto en esencia al propugnado por el humanismo laico, el marxismo o el ecologismo, ya que la responsabilidad de la Creación ha sido asignada al ser humano y no responde sólo a consideraciones de supervivencia o respecto al sometimiento del hombre sobre la naturaleza”.

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