Opinión Nacional

La globalización de la escasez

Organismos multilaterales y especialistas vienen estudiando un fenómeno inédito que se viene presentando en el sistema económico mundial, el cual amenaza con tornarse inmanejable si no se toman medidas de estímulo a la producción y a la inversión en el aparato productivo de las naciones. Existe una escasez global de materias primas en relación con las necesidades de consumo de los más de 6 mil millones de personas que habitan la Tierra.

Los estudios de la Organización de las Naciones Unidas, la FAO y el Banco Mundial alertan acerca de la insuficiencia de materias primas para la producción agrícola y pecuaria y de combustibles fósiles para la satisfacción de las necesidades energéticas del planeta. En algunos casos, como el del petróleo y el gas, no se trata de escasez real sino de ausencia de estímulos suficientes y acceso a las reservas que se encuentran concentradas en un puñado de países.

La producción mundial de granos, de minerales y de combustibles fósiles es insuficiente con respecto al consumo y los precios se han disparado en los últimos años. En un excelente reportaje de la joven periodista Alejandra Romero Beaujon (El Universal, 13.04.08), se afirma que los precios del trigo, el maíz y los productos lácteos han aumentado 70%, 80% y 90%, respectivamente, entre 2005 y 2007.

La crisis mundial de alimentos afecta severamente a los países más pobres del planeta. El Banco Mundial estima que la elevación de los precios originará 100 millones de pobres nuevos en vista de que en los países en desarrollo las familias destinan entre 50% y 75% de sus ingresos a suplir sus requerimientos alimenticios. Se están intensificando disturbios sociales en varios países muy pobres, con saldo de vidas: 5 muertos y más de 100 heridos en Haití (13 de abril); 24 detenciones en una marcha en Senegal (30 de marzo); 40 muertos y 1.600 detenciones en Camerún (fines de febrero); y un muerto, 100 heridos y 340 detenidos en Egipto a principios de abril.

La escasez de alimentos tiene visos paradójicos y presenta retos extraordinarios desde el punto de vista ambiental. Por una parte, la revolución de las tecnologías de producción ha incrementado notablemente la productividad agroindustrial; pero por otra parte la degradación ambiental amenaza con ocasionar trastornos climáticos que a su vez perjudican la producción agrícola y pecuaria.

Uno de los fenómenos más contradictorios es el de los bio-combustibles. No debería haber necesidad de producirlos si la inversión y producción mundial de petróleo, gas y carbón aumentara en forma más acelerada, liberando recursos que podrían dirigirse a la producción de alimentos. Las naciones industrializadas no sólo subsidian a sus sectores agrícolas en detrimento del acceso a mercado de los productos agropecuarios de los países en vías de desarrollo, sino que ahora, además, subvencionan la producción de bio-combustibles, con los cual se sustraen recursos de la agricultura para la generación de energía, encareciendo más los alimentos.

Los organismos multilaterales y los gobiernos deben adoptar políticas globales para evitar una crisis mayor. Las naciones industrializadas deben abrir sus mercados a las exportaciones de los países en desarrollo y disminuir y eventualmente eliminar los subsidios agrícolas. Pueden agravarse los trastornos sociales y políticos en América Latina, el Medio Oriente, África y en algunos países de Asia. Venezuela, como nación con vastas reservas de hidrocarburos, puede hacer una positiva contribución para aliviar la crisis mundial de materias primas y poner su grano de arena.

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