Opinión Nacional

La gripe porcina

Buena parte de los países latinoamericanos comenzamos a registrar la expansión de un nuevo virus con implicaciones y serías amenazas para la propia vida. Es una enfermedad infecciosa y contagiosa que en la actualidad tuvo su epicentro en México y se ha propagado a varios países como igual paso anteriormente con la gripe aviar cobrando vidas humanas y transformándose en una pandemia global.

Estas epidemias no sólo nos han colocado en alarma sino has permitido demostrar que tan preparados estamos frente a este tipo de emergencia. Un factor clave en la epidemiología de las gripes es la capacidad del virus para mutar o, cuando las células están infectadas por dos cepas diferentes, transformándose para producir nuevos virus. Cualquiera de estos cambios genéticos provoca la aparición repetida de nuevas cepas, resistencias y virulencias. La sociedad y el mundo global en el que nos ha correspondido vivir, indiscutiblemente está sometido a múltiples imponderables que afectan nuestros modos de vivir, nuestras expectativas de vida, nuestra salud, alimentación, trabajo, sociabilidad y otros.

En estos últimos tiempos en América Latina y particularmente en Venezuela se vienen propagando varios virus que tienen que ver con distintas formas de afecciones, prácticas, degeneraciones y desviaciones que afectan a nuestra economía y específicamente a nuestra política, creencias e ideas. El socialismo del siglo XXI, la corrupción, los populismos autoritarios de variado cuño, la expresión socialismo, patria o muerte denota desajustes y virus, un retroceso, una degradación desde el momento en que no se exalta la vida sino su contrario es decir la muerte.

Los distintos virus que hemos registrados los latinoamericanos y los venezolanos en especial justamente se han propagado y han cundido porque seguimos teniendo deficiencias, padecimientos, defensas bajas. El chavismo es la expresión de las fallas y errores reiterados de la llamada IV República y acentuados hoy, de unos ciudadanos obstinados, débiles y agotados que fueron contagiados con un discurso de cambio, de esperanzas, de acabar con la corrupción, de mayor eficiencia y transparencia gubernamental, de erradicar los niños de la calle, de redistribuir la riqueza entre los venezolanos, hoy diez años después todos sabemos que ha pasado y en que terminaron las promesas de hoy presidente Chávez.

Los problemas y deficiencias que se observan en nuestras democracias y particularmente lo que concierne a Venezuela (problemas de gestión, corrupción, ineficiencia, malversación y despilfarro, ingobernabilidad, falta de calidad en cuanto a la política que se diseña y práctica, entre otros) en cierta forma devienen y tienen su origen, básicamente como lo hemos expuesto a lo largo del debate en una disfunción institucional, en una degeneración de ideas, proyectos y visiones de país, de economía y de ciudadanos.

La Venezuela de hoy es producto de un desajuste de buena parte de sus instituciones democráticas, donde sobresale la responsabilidad de los partidos políticos no sólo los del pasado sino los del presente, oficialista y opositores en cuanto al vaciamiento del contenido político, de representación y canalización de intereses, expectativas y demandas de la ciudadanía. , estos últimos no dieron respuestas a las tradicionales demandas de los ciudadanos dentro de su seguridad material, mucho menos han podido dar respuesta a las incertidumbres nuevas a las cuales estos se enfrentan y ciertamente han sido aprovechadas por los nuevos caudillos para alzarse contra estos bajo la tónica antipartidista.

Si realmente queremos salir de estas gripes tropicales que son una mescla de mal gobierno, corrupción, militarismos, ineficiencias, criminalización de la disidencia, destrucción del aparato productivo, desempleo, burocratismo, grandes desequilibrios e inequidades en nuestra población mientras se enriquecen unos pocos no nos queda más que vacunarnos, fortalecer nuestra cultura y practicas democráticas, ser más eficientes e ingeniosos, cultivar el trabajo y el esfuerzo, la creatividad y unificar nuestros criterios y metodologías como único camino de transformación por la vía legal, electoral y democrática del estado catatónico y de enfermedad en que nos encontramos en la Venezuela contemporánea.

(*) Profesor de la Universidad de Los Andes

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