Opinión Nacional

La hora del pueblo

El gobierno de Chávez se cae en pedazos. Terminará como el final de una noche botiquinera y tumultuosa, confusa, desordenada, peligrosa y absolutamente estéril. En medio de su borrachera de poder no capta la magnitud de las circunstancias que lo rodean. Mucho menos la cercanía de la muerte, con más pena que gloria, del régimen que trató de imponerle al país. Cuando estas líneas sean publicadas puede haber condiciones muy distintas a las del momento de escribirlas. Pero sea cual haya sido la suerte del paro cívico nacional, el actual presidente jamás volverá a representar a la nación. Le faltó grandeza y entendimiento del alma nacional para inyectarle el aliento común indispensable para las grandes empresas. Tomó el camino contrario. Desaprovechó la esperanza de los comienzos y sembró odio y divisiones en todos los sectores. Terminará en medio de la indignada tristeza de los más pobres y de la condena radical de quienes, aún sobreviviendo con dignidad, se negaron a mezclarse con el pantano del chavismo.

Sin embargo, muchos se preguntan por el próximo paso. Sobre lo que vendrá después, él quien, el qué y el cómo del futuro inmediato. Nadie apuesta por regresar al pasado inmediatamente anterior a 1.998. Así como los vicios y desviaciones de entonces no sirven para justificar el desastre del presente aunque estén entre sus causas originarias, éste no puede utilizarse para pensar en el pasado como alternativa hacia adelante. Esto está cayendo y el ambiente de libertad que empieza a respirarse obliga a extremar la tensión en pensamiento y decisión de avanzar con nuevas ideas para el progreso y el bienestar. Este pueblo es sabio, intuitivo y corajudo. En sus manos está la responsabilidad de señalar el rumbo de los próximos años. Quedará en libertad de apostar mirando por el espejo retrovisor o empinarse sobre las dificultades para apuntar a una llanura infinita de posibilidades que solo tienen como límite el horizonte. Es la hora del pueblo. Solo aceptará liderazgos autenticados por la honestidad, la preparación y las credenciales que da el esfuerzo sin aplausos del trabajo al servicio de todos. La política, la economía, la vida social y académica tendrán que ser dignificadas para que la nueva fe se levante sobre bases sólidas. Saltaremos de una orilla a otra sin dejarnos perturbar por la barbarie que termina ni por los oportunismos que andan como los caimanes ubicándose en los caños más apetecidos del pantano.

La reconstrucción de Venezuela es una empresa total. Rechaza tanto las visiones parciales como las exclusiones. Necesita de la participación de un pueblo que solo seguirá a quienes lo miren de frente a los ojos, cara a cara. La primera tarea será elevar la vida de los venezolanos a la condición de personas humanas. La segunda, levantar la fe en el destino común y superior que podemos alcanzar.

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