Opinión Nacional

La hormiga y la araña

Hay momentos en la vida en que un ser humano puede encontrarse aislado del mundo que lo rodea, sin definir un motivo que lo anime para involucrarse en la lucha que implica labrar un camino propio, que al final será el que lo lleve a moldear el progreso constante que termine reflejándolo en el cristal de su biografía como una persona que tomó decisiones propias y correctas.

Hablamos acerca de la voluntad interna del individuo que lo motiva a actuar de una forma u otra. Hablamos de esperanza, de esa pequeña llama encendida en el alma que impone motivos personales y puede hacer que realice las más grandes proezas con tal de verlos cumplidos. Motivos que, una vez logrados, seguramente, beneficiarán al prójimo.

Hablamos de valentía de hacer, porque realmente lo que definirá a una persona al final de sus días no serán las decisiones que tomó, sino su compromiso en cumplirlas (negando la frase «el fin justifica los medios»); de esa tenacidad, a veces terca, que no le permite desistir en los momentos más arduos y desesperados; de esa voluntad que lo hace continuar hasta ver materializada su querencia.

Hablamos de querencias que construyen ciudadanía y que se inician en la educación más básica, la del valor en familia. Trabajo de hormiguita, que día a día y en silencio va construyendo ese camino que generará la luz que iluminará el éxito, la felicidad de ver cumplido lo anhelado.

De ese tesón incansable, que ejercitado a diario, es el que hará la diferencia entre una persona con valores propios y otra de caracteres ponzoñosos, que chupa a través de su envidia y egoísmo la savia del buen vivir. Trabajo de araña, que se asienta en un lugar cómodo donde teje su emboscada para, descansada en el reposo de la espera sin faena, busca aniquilar la esperanza de su presa que, circunstancialmente, se topa con sus redes. Araña que busca nutrirse a costa del otro.

En el plano societario, son más las personas preñadas de esperanzas que las ponzoñosas; porque ese ahínco al motivo personal varía de individuo a individuo, pudiendo ser pequeño o grande, de cumplimiento diario o vitalicio. Depende de cada quien. Al final del día, en este plano, lo que más le puede motivar a cada uno es la felicidad en sí mismo y de su entorno familiar; constituyéndose esta como el átomo esencial de esa llama micro grupal: la familia.

Ahora bien, cuando esas voluntades de hormigas (llamas-individuales) se juntan (llamas-micro grupales) cobran mayor fuerza, alimentándose entre sí, siendo capaces de romper la telaraña más pegajosa y de vencer a la araña más venenosa. Dejando al descubierto la musaraña que buscaba extinguir sus metas más esperanzadoras.

Es tiempo de trabajo en grupo por un fin común: la familia coterránea (llama-grupal), donde cada hormiga persevera en su esfuerzo para lograr su esperanza. Es tiempo de vencer las voluntades asiladas en la lejanía de la desesperanza. Es tiempo de reencontrar la pasión para reencauzar ilusiones. Es tiempo de dedicarse a la llama grupal.

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