Opinión Nacional

La huelga

En las luchas políticas, sindicales y estudiantiles se cuenta con armas de diversos tipos, unas más poderosas que otras. La más poderosa es, sin duda, la huelga, especialmente en el campo sindical. El cese de la producción en una empresa es lo peor que a esta le puede ocurrir, porque la afecta en lo económico, lo cual, como es obvio, es fundamental. Generalmente la huelga se utiliza como medio de negociación, con mucha frecuencia para la obtención de mejoras salariales y en las condiciones de trabajo.

Hoy día la huelga es un derecho, incluso muchas veces de rango constitucional, reconocido en casi todos los países avanzados. Sin embargo, no siempre fue así. Inicialmente la huelga fue un medio de lucha que los trabajadores comenzaron a usar de hecho, mucho antes de que se les reconociera como derecho. En el pasado no muy remoto la huelga fue ferozmente combatida, incluso con empleo de salvajes medios de represión y hasta valiéndose de las fuerzas militares.

En muchos países, incluso el nuestro, existen normas que regulan el ejercicio del derecho a la huelga. No obstante, muchas veces se apela a la huelga sin cumplir dichas normas, y en general las empresas y los gobiernos suelen ser tolerantes en tal sentido, y no reprimen las huelgas no declaradas legalmente.

La huelga, además, es tanto o más poderosa según las condiciones en que se realice. El caso extremo es la huelga general indefinida, cuyo poder es evidente. Por ello se trata de un arma que solo puede esgrimirse en condiciones excepcionales, después de agotar otros medios, incluso la misma huelga por tiempo limitado, y previa la evaluación de las posibles consecuencias.

Recientemente el profesorado de la Universidad Central de Venezuela, en una actitud sensata que lo honra, votó masivamente en contra de la huelga general indefinida, en su lucha por un justo aumento de salarios. Nada más peligroso para cualquier gremio o sindicato que abusar de la huelga indefinida, como parece ser del agrado de muchas personas.

También hemos visto últimamente lo que parece ser una predilección por la llamada huelga de hambre.

Esta es igualmente peligrosa, incluso más que la huelga indefinida, puesto que en ella se juega temerariamente con la salud y aun con la vida de las personas. No dudo que cuando alguien se declara en huelga de hambre lo hace por una causa muy importante. Pero antes de llegar a ese extremo es necesario reflexionar muy bien sobre si vale la pena, de ese modo y en esas circunstancias, desafiar a la muerte.

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