Opinión Nacional

La Iglesia y la política

A todos los gobiernos les gustaría no tener voces que contradigan su forma de actuar, pero, en una sociedad democrática, es precisamente el debate público el que permite el avance de la sociedad. Es cierto que en algunas ocasiones el debate se limita a la denuncia, al cuestionamiento, con falta de seriedad en los planteamientos y a una actitud simplista, solamente por estar en el foro público. No obstante, es en el intercambio de posiciones donde se encuentra uno de los componentes básicos del sistema democrático.

Entre las instituciones que han levantado su voz ante las injusticias que Venezuela ha tenido que vivir se encuentra la Conferencia Episcopal Venezolana, y en concreto algunos de sus Obispos. Es de entender que en algunos casos la politización del país ha creado confrontaciones no esperadas ni deseadas, pero también eso es parte de la discusión política. En los últimos años la mayoría de los obispos del país han tenido que compartir sus compromisos pastorales con la realidad política y social, pero eso también es parte de los tiempos que vive nuestra nación. Algunos quisieran una jerarquía menos polémica o complaciente, en definitiva consideran que su interés es espiritual no terrenal. Quizás olvidamos que la doctrina social de la Iglesia atañe a todo aquello que tiene como sujeto el ser humano. No puede haber una separación entre fe y vida, de lo contrario la fe es simplemente algo de moda, de conveniencia o un componente demagógico. Afortunadamente hay obispos que asumen su compromiso pastoral tratando de mantener un equilibrio entre la preocupación espiritual y social del hombre. Esto no índica que la prudencia, también en el discurso político, puede ser buena consejera, y en especial en una institución como la Iglesia, abierta al hombre. Pero, cuidado con el discurso de Hugo Chávez de división y de confrontación, necesita construir enemigos para evadir las responsabilidades.

Seamos creyente o no, la iglesia en el país ha ofrecido desde hace varios años un compromiso social de gran importancia. No es una institución que está ausente de la realidad nacional. Como toda organización humana tiene sus objetivos, dificultades, logros, fracasos y éxitos; miembros que están comprometidos con sus objetivos y otros que deberían repensar su vocación sacerdotal o religiosa. Allí están sus documentos y especialmente su obra. Quizás sea necesaria una participación más activa del laicado, el cual, en algunas ocasiones pareciera estar ausente de los grandes debates públicos que ocurren en el país. ¿Dónde están los católicos de las escuelas, universidades o movimientos de apostolado? La denuncia y la propuesta de soluciones políticas y constitucionales son espacios en donde el laicado, que se autodenomina católico, debería estar presente.

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