Opinión Nacional

La impotencia puede devenir en rabia.

No permitamos que conviertan a Venezuela en un cuartel

La impotencia nos corroe alma y cuerpo ante las actuaciones del teniente coronel y su gobierno. Por más que ellos hablen de democracia, participación, protagonismo, que el pueblo es quien manda, etc. más se nota la calidad antidemocrática del régimen, de totalitarista, de militarista y en definitiva de comunista. Uno Solo, el teniente coronel, es quien ordena, manda, dispone, quita, pone y todos los demás ciudadanos y poderes deben obedecer. Quien no lo haga, quien ose disentir, cuestionar, dudar, es antirrevolucionario, oligarca, apátrida, enemigo. La máxima expresión de lo antidemocrático del régimen es su lema de: Patria, socialismo o muerte. Es decir que o somos socialista o nos toca la muerte. Democrático el joven, no.

Pero aparte de todas las experiencias vividas en estos superlargos diez años, lo ocurrido el pasado miércoles 20 en la reunión con el ministro del tal poder popular de la Educación Superior, al final de la inmensa marcha de universitarios, le pone a punto de reventón las venas a cualquier ser humano con un mínimo de sensibilidad y respeto por la decencia. Ante ese acto, bien llamado por la rectora García Arocha como una emboscada, uno entiende, siente, perfectamente lo que significa ser o estar impotente ante algo. No puede uno entender cómo un ministro de Educación, egresado de una universidad, ex autoridad universitaria, pueda tener semejante actitud y comportamiento. Irrespetar a unas autoridades universitarias de manera tan cobarde. Fue un espectáculo denigrante ver a un ministro de Educación rodeado de empleados de su despacho y de un grueso grupo de jóvenes de un partido político, del partido de gobierno, oyendo burlonamente los planteamientos que le hacían la rectora de la UCV, la presidenta de FAPUV y el presidente de la FCU de la UCV. Todos dirigentes elegidos democrática y legítimamente por sus respectivas comunidades. No dedocráticamente como era el caso de todos los oficialistas presentes. Una falta de respeto ante cualquier ciudadano mas aun ante estas personas investidas de representatividad. 8 representando a cientos de miles y unos 200 representando a uno solo, al teniente coronel felón.

¿Pero hasta cuando una sociedad civilizada puede aguantar este tipo de actuaciones de parte de un gobierno forajido? Hemos aguantado a los círculos bolivarianos adueñarse de espacios públicos, armados por el propio gobierno y apoyados por las fuerzas públicas. Hemos aceptado la actuación violenta de los grupos paramilitares del gobierno. Tupamaros, Carapaicas y la Piedrita. Hemos resistido las embestidas desproporcionadas de la Policía, Guardia Nacional, Ejército y demás cuerpos de seguridad del Estado, contra manifestaciones pacíficas de ciudadanos pacíficos y desarmados. Hemos aceptado que se nos obligue a “solicitar permiso” para manifestar, en contra de los dispuesto constitucionalmente, y tener que adaptarnos a la ruta que el gobierno decida. Hemos sufrido, estoicamente, los ataques de los grupos violentos pagados por el gobierno, con la complacencia de los cuerpos de seguridad, en contra de esas manifestaciones. Hemos aceptado que una sola persona, el teniente coronel, nos insulte, nos amenace, nos atropelle, se burle de un sector importante de la sociedad cuantas veces le venga en ganas. Hemos aguantado que una persona, el teniente coronel, abuse de las cadenas radiales y televisivas, cada vez que le sale de los huevos, como dicen en la madre patria, para decir sandeces la más de las veces. Hemos tolerado que una sola persona, el teniente coronel, disponga de la hacienda pública y de la propia constitución a su real saber y entender. Hemos permitido que uno vota pero no elige. Aceptamos que todos los miembros de los poderes del Estado digan y hagan lo que una sola persona, el comandante en jefe, ordena. Vemos como natural, que todavía a estas alturas, se siga utilizando la lista tristemente célebre “Lista de Tascón” y que para lograr cualquier prebenda, beca, cargo, en el Estado o diligencia en una oficina pública haya que vestirse de rojo, rojito. Y en el plano universitario, aceptamos sumisamente que una sola persona, el militar golpista, decida cual es el presupuesto de las universidades, pasando por encima del CNU; cual es nuestro sueldo, pasándose por el bolsillo de atrás las normas de homologación, quienes son universitarios y quienes no. En fin, que por un supuesto respeto a las reglas democráticas y acatamiento a la constitución y las leyes hemos permitido que una sola personas, el héroe del museo militar, haga y deshaga con el país lo que por su real gana y conveniencia se le ocurra.

Pero da la impresión que se esta llegando al llegadero. Que los pueblos se cansan de tanto maltrato, de tanto abuso, de tanta injusticia. Los pueblos no son cobardes, solo son prudentes, pero llega el momento en que dejan de serlo. Y ese momento es peligroso. Ejemplos hay de sobra. Los que no están con la revolución, los que no creen en el tal socialismo del siglo XXI ni en el comunismo, los que no se arrodillan ante un militar golpista ni creen en mesías, pueden reaccionar en cualquier momento. La impotencia puede transformarse en rabia y la rabia en acción. Cuidado. La liguita puede reventarse.

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