Opinión Nacional

La inmunda y desalmada historia de los hombres del presidente

¡Cómo quisiera hacerse el pendejo y poner cara de yo no fui! En eso anda, predicando en medio del infierno a ver si cae algún incauto. Misión absolutamente imposible que ni con el concurso de las maquinitas de Smartmatic, la asesoría de Fidel Castro y el G-2 cubano. Únicos recursos que le van quedando ante la chambonería y la estupidez de sus asesores criollos: un José Vicente Rangel, un Alí Rodríguez Araque, un Giordani, un Merentes. Atorrantes o ladrones, decrépitos o estafadores. Yacen en la acera asustados como corderitos. Rangel y Merentes, ladrones de oficio, no temen tanto por sus fortunas como por sus vidas. No pueden transarlas por un bolívar, como el ínclito ladrón de la comarca le recomendara a su testaferro. ¡Cómo lucharán por conciliar el sueño! Tanto, que Rangel, travestido de Marciano, pinta el futuro de cana y miserias que les espera si no degüellan a la oposición, mientras con su apellido por delante le cierre el ojo a esa misma oposición a ver si le tienden un dedo.

La única verdad de esta opereta de los ladrones es tan evidente y manifiesta que asombra que todavía haya quienes se empeñen en soslayarla: sin la cáfila de ladrones y asaltantes Chávez hubiera debido dejar el Poder hace por lo menos cinco años. Porque el 11 de abril no terminó encarcelado por culpa de nuestras inefables fuerzas armadas, Baduel que en prisión se pudra, y la estúpida derecha clerical y calderista que confundió un golpe de estado con una piñata.

Es después del 13 de abril que entran en acción Fidel y los hombres del presidente. Fidel haciéndose con el coroto y los hombres del presidente sacándole las patas del barro. Ruperti, el primero, permitiéndole sortear la grave crisis suscitada con el paro cívico y poniendo su experticia, sus tanqueros y su increíble audacia al servicio de la sobrevivencia del presidente. ¿Cómo devolverle el gesto sin permitirle un enriquecimiento exponencial? Rafael Ramírez, el administrador de los churupos, de segundo. Hasta hoy resuena la orden miraflorina dada al muchachito de los mandados a cargo de la cueva de Alí Babá de la Avda. Libertador: ¡a botar la casa por la ventana de PDVSA para evitar que me tumben!

Fue entonces que el muchachón de los ojos claros y las agallas de una ballena adquirió el derecho a saquear las arcas, llenarse los bolsillos y enriquecer a quien su mandatario le ordenara. El máximo objetivo revolucionario: atornillar a Chávez hasta que las velas no ardieran. El método: corrompiendo a medio mundo. La fórmula: enriquecer a los hombres del presidente.

Fue exactamente el caso del tristemente célebre Ricardo Fernández Barrueco, enriquecido exponencialmente a partir de la misma circunstancia. No fueron tanqueros, fueron camiones. No fue gasolina. Fue harina pan. Nació MERCAL. El hambre que se topada de frente con las ganas de comer. A lo que se unió el también tristemente célebre Referéndum Revocatorio. Las cifras reportadas en las encuestas a mediados del 2003 daban a Chávez asaltado a garrotazos por quienes deseaban sacarlo del juego: 60 a 40, rezaban las encuestas. Entonces interviene la ingeniería totalitaria de Fidel Castro y surgen las misiones. Se enriquecen los carajitos con sus tragaperras. A un año del fraude continuado se invierten las cifras: 60 a 40, pero a favor del Supremo. ¿Dónde están los sobrevivientes de Smartmatic? Atornillando fraudulentamente a Evo Morales. Hundidos en dólares.

Entonces aparecen los otros ladrones, alimentados, autorizados, financiados y enriquecidos sin ningún pudor directamente por orden de Hugo Rafael Chávez Frías. La danza de los millones tenía con qué: el precio del petróleo rondaba los 130 dólares por barril. Increíble. Digno de las Mil y Una Noches. La respuesta a tanta crisis no vino dada por Lenin, por Stalin o por Mao: vino dada directamente por nuestro Al Capone en ínfulas imperiales. “¡Resuélvanme este peo al precio que sea!” El hombre del encargo: Rafael Ramírez. La fuente financiera: PDVSA. ¿Cómo que no sabía, si el precio a su sobrevivencia consistía en permitirles a sus secuaces se hicieran ricos hasta el asco?

Fue entonces que sobrevino la Gran Crisis. La Global. Se acabó la vaca gorda, se hundieron los precios del crudo, desapareció el dinero. Por eso es que Revienta la olla podrida por los lados del guiso bancario. Es la punta del Iceberg. ¿Y Barrio Adentro? ¿Quién se enriqueció con los dolores estomacales del pueblo pobre? ¿Y las gobernaciones? ¿Dónde están alcaldes y gobernadores enriquecidos en el mismo torbellino? ¿Dónde está Diosdado, segundo de a bordo a cargo de toda la operación? ¿Y los generales? ¿Dónde están los que se enriquecieron con el Plan Bolívar 2000? ¿Qué es de García Carneiro, de Maniglia? ¿Y la familia presidencial? ¿Dónde están los pata en el suelo de ayer que se pasean hoy por Barinas como los personajes de Dallas? ¿La señora madre por Sabaneta como Jane Wyman por Falcon Crest? ¿Los Hummer por docenas? No sólo lo supo todo. Fue él quién ordenó esta operación inmundicia, el propio dueño de la CLOACA.

Señores: no se cae un banco. ¡Se cae el régimen!

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