Opinión Nacional

La insoportable contraofensiva ideológica

Siempre había pensado que capitalista era una persona acaudalada que coopera con su capital en uno o más negocios, pero conforme a una contraofensiva ideológica, palmariamente inepta, capitalista es quien se opone a Chávez. Uno lee al columnista “A” y se oye recordar que el general Baduel no defendió al capitalismo en su célebre discurso. Vaya pretensión. Cuando uno va al columnista “B”, pero también al “C”, al “D”, y seguramente hasta agotar el alfabeto, se encuentra que frente al socialismo del siglo XXI (endógeno, petrolero, indoamericano, etc.) lo que hay que oponer es una defensa cerrada del capitalismo.

Más allá, uno escucha al profesor que proclama a los cuatro vientos que uno de sus propósitos de vida es lograr la eliminación de los estudios de marxismo en todas las facultades de economía y donde quiera se estudien las ideas de los siglos pasados. Ay, los conversos. Mientras el único razonamiento “ideológico” que estos Dartagnanes opongan a los desvaríos del régimen sea capitalismo, la batalla será ganada por el markenting que nos dice que la palabra ideática que envuelve al régimen es “solidaridad”, “amor al pueblo”, “pasión por los pobres”.

No soy marxista, no soy socialista, no soy socialcristiano, no soy socialdemócrata, no soy liberal, no soy comunista. Terminó la era de los cuadros cerrados de pensamiento, terminó la era de los “libritos” a los cuales ajustarse, se canceló la era de las ideologías, los manuales se pusieron amarillos e inservibles. Soy un pragmático que cree que en cada país debe hacerse lo que conviene a los intereses del pueblo que se gobierna. Lo aprendí hace muchos años en Buenos Aires con John Kenneth Galbraith: “Si conviene nacionalizar se nacionaliza, si conviene privatizar se privatiza”.

El rechazo a las doctrinas proclamadas o a la ideologías muertas, no excluye para nada el pensar, el conceptuar, el formarse un propio cuadro de pensamiento que oriente en la vida pública a la cual se quiere servir. He dicho que uno de los puntos fundamentales que debe estudiarse es el del sistema político por el agotamiento práctico y teórico que muestra la democracia. He ido sobre ella y he puesto sobre el tapete ideas para una “democracia del siglo XXI (organización social, reformulación de las sociedades intermedias, renovación total del concepto de política). A mí nadie me venga a decir que frente al “socialismo” proclamado, y para ser un leal disidente del régimen venezolano hay que salir en defensa a ultranza del mercado. El mercado debe ser reformulado, he escrito, y he dicho como. Frente a las pretensiones “socializantes” he manifestado que no se puede salir a proclamar las virtudes de la propiedad privada y no más, puesto que es necesario admitir que frente a una propiedad privada que debe ser respetada, debe admitirse la existencia de otros tipos de propiedad que ayuden con rapidez a la inclusión y a la justicia social. Frente a las reformas constitucionales y demás hierbas es absurdo pararse a decir que los viejos principios liberales del capitalismo protestante son la panacea, puesto que he descrito una capacidad de adaptación marco jurídico para conformar un Estado Social de Derecho.

Todo planteamiento –por lo demás- de defensa llana y lisa del capitalismo para supuestamente confrontar a este enramaje teorizante con que se nos pretende envolver es una soberana idiotez, porque frente a esta operación de marketing el “socialismo” siempre será más simpático que el capitalismo. Más aún, frente a la realidad que transitamos no tendrá ningún chance una postura de derecha para sustituir a la de falsa izquierda que se nos lanza. Lo repito: sólo una postura pragmática de reconversión social, de avanzada social, de justicia social, es lo que puede ofrecerse válidamente como alternativa. ¿Propiedad privada? Sí, pero conviviendo con otros tipos de propiedad. ¿Mercado? Sí, pero reformulado conforme a exigencias perentorias que he descrito con claridad cuando he escrito sobre una economía inclusiva donde formas alternas convivan con las formas capitalistas. ¿Pastiche? No, aprendizaje en las realidades políticas y sociales de nuestro tiempo. Es posible construir una sociedad donde las prácticas de la libre empresa convivan pacíficamente con organizaciones comunitarias que actúen fuera del mercado. Los extremistas no lo entienden ni lo entenderán nunca. Para ellos hay que gritar “capitalismo” para no estar de acuerdo con Chávez. Yo estoy en desacuerdo con Chávez sin andar pegando gritos a favor del sacrosanto “dejar hacer, dejar pasar”.

Cuando era joven, feliz e indocumentado –para usar una expresión del Gabo- y vagaba por Inglaterra, decidí ir a Westminster a visitar a los poetas y a todos los ilustres y no tan ilustres que viven allí con sus huesos venerados. Sin embargo, era necesario subir hasta la tumba de Shakespeare en Stratford-upon-Avon porque allí sus coterráneos escribieron una maldición a quien se atreviera a tocar esos restos, de manera que nunca podrán ser trasladados a Westminster. Frente a Shakespeare constaté que estaba vivo, pero algo me faltaba y era la tumba de Marx en Highgate Cementery in North London. Hasta allí me dirigí para reflexionar un poco ante los huesos del viejo alemán.

“Karl, eres un clásico -le dije- y tú sabes lo que es un clásico”. No habrá otro Lenin desde la cresta de la ola bolchevique. El marxismo sigue siendo un universal y atractivo cuerpo de pensamiento y uno de los más útiles para el conocimiento del conjunto de relaciones sociales, aunque existan categorías marxistas evidentemente inútiles. “Todos hemos recibido alguna influencia de ti – le dije- pero ya no lo notamos porque forma parte de la cotidianeidad”. Eso es un clásico, insisto. Estudiar a Marx es hacerse de cultura porque su pensamiento es herencia cultural del hombre. Aplicar a Marx sobre las realidades del siglo XXI es una absoluta extravagancia. Ahora que recuerdo aquel viaje me provoca decirle al alemán barbudo que “más estúpidos son los que quieren eliminarlo de los estudios universitarios o que gritan capitalismo para oponérsele, cuando ya no hay necesidad de oponérsele a no ser en algunos doctores Frankenstein que andan creando monstruos”. Para infinidad de gente el pensamiento no evoluciona, no se hace simple y complejo al mismo tiempo, no se renueva, no brilla con nuevas proyecciones y maravillosos hallazgos. Por eso la democracia languidece y algunos trasnochados quieren sacar al viejo Marx de su tumba, donde bien muerto está. Y, además, déjenme decírselos, profundamente feliz de estarlo y de ser un clásico de la cultura del hombre.

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